El Museo Thyssen-Bornemisza descubrirá las claves de Matisse

  • Madrid, 16 may (EFE).- Ochenta pinturas, esculturas y dibujos forman la exposición que el Museo Thyssen-Bornemisza dedica a partir del mes de junio a la obra que Henri Matisse realizó en lo que fue el tramo central de su carrera, desde 1917 a 1941.

El Museo Thyssen-Bornemisza descubrirá las claves de Matisse

El Museo Thyssen-Bornemisza descubrirá las claves de Matisse

Madrid, 16 may (EFE).- Ochenta pinturas, esculturas y dibujos forman la exposición que el Museo Thyssen-Bornemisza dedica a partir del mes de junio a la obra que Henri Matisse realizó en lo que fue el tramo central de su carrera, desde 1917 a 1941.

Con fondos procedentes de unos cincuenta museos y colecciones particulares de todo el mundo, Tomás Llorens, comisario de la muestra, profundiza en un periodo de la trayectoria artística de Matisse al que se ha prestado menos atención.

El interés de la exposición, con muchas de sus obras nunca exhibidas en España, se centra en tratar de entender las claves de unos años marcados por la sombra de la Primera Guerra Mundial y la premonición de la Segunda, y que fueron para el arte moderno una época de ascenso rápido y de creciente implantación pública. En esa oleada ascendente, Matisse ocupó, junto a Picasso, un lugar central.

En 1917 Matisse firmó un nuevo contrato con su galería, Bernheim-Jeune. En ese momento el final de la guerra estaba próximo y el clima artístico de los años anteriores a su estallido, el de las primeras vanguardias, había desaparecido.

A causa de la guerra, Matisse había perdido los clientes rusos para quienes había trabajado durante casi una década con obras de grandes dimensiones como "La danza". Por ello, para dirigirse al público anónimo destinatario del arte moderno, el pintor tenía que trasladar su investigación a un campo diferente, el de la pintura de caballete.

Para entrar en ese campo nuevo Matisse se trasladó a Niza, que además de gozar de unas condiciones óptimas de luz natural y de un clima agradable, estaba suficientemente lejos de París.

La vuelta a la pintura de caballete reavivó en Matisse la reflexión sobre sus precedentes históricos y centró su atención en los recursos fundamentales del lenguaje pictórico. El color, en primer lugar, y el dibujo, cuyo estudio complementaba con la práctica de la escultura.

A partir de 1927 su producción se hace cada vez más escasa y para salir de la crisis emprende en 1930 un largo viaje a Tahití durante el que deja de pintar. A continuación recibe un nuevo encargo "mural" por parte de Alfred Barnes, en el que volvió al tema de la danza y trabajó durante más tres años.

Durante la ocupación de Francia por los alemanes en 1941 y el armisticio, Matisse decidió quedarse en Niza.

Su salud empeoró y tuvo que sufrir una intervención quirúrgica de la que no se repuso totalmente, aunque no le impidió sumergirse de nuevo en su trabajo concentrándose en una serie de dibujos que tituló "Tema y Variaciones".

La exposición concluye con ese esfuerzo, que marca el final de la época central de su trayectoria, la de la pintura propiamente dicha, y el comienzo de una época nueva, que será la de los papeles recortados.

Tomás Llorens ha articulado el recorrido en diferentes capítulos titulados "Pintura y tiempo", con cuadros hechos en los primeros años de Niza; "Paisajes, balcones y jardines" en que explora el espacio exterior; "Intimidad y ornamento" en que naturalezas muertas se yuxtaponen a escenas de interior, y "Fondo y figura", con el desnudo femenino como centro de atención.

A partir de 1935, vuelve a trabajar en "Une sonore vaine et monotone ligne" (Una línea monótona, vacua y resonante) poema de Mallarmé que dio como resultado una de sus mejores pinturas "murales", y al que se dedica un capítulo del recorrido.

Sus figuras son cada vez más absortas en sí mismas, más nocturnas e inalcanzables, como las series de dibujos que el pintor agrupó bajo el título de "Temas y variaciones" (1942), con los que acaba la exposición que estará abierta hasta el 20 de septiembre.