El amor trae problemas en India


En la sociedad india todavía convive la tradición con la modernidad

En la sociedad india todavía convive la tradición con la modernidad

NUEVA DELHI — En la moderna India ya no vale con un matrimonio arreglado por las familias y una buena dote. El interés por encontrar un amor duradero y la picaresca están en auge.

Rani, una joven de 23 años de la ciudad de Muzaffarnagar, en el estado de Uttar Pradesh, presentó una demanda ante los tribunales cuando su marido le mandó irse junto a sus padres, apenas un año después de su boda. El motivo era reclamar una dote adicional de 50.000 rupias (unos 750 euros, el equivalente al salario de un año). Cuando dio a luz a su primera hija, su marido ni siquiera acudió a conocer al bebé. Llevan ya tres años de disputas legales por la dote (prohibida desde 1961, aunque la ley se incumple). “¡Quiero el divorcio ya!”.

También existe el otro lado de la moneda. Como las resoluciones de divorcio pueden tardar hasta 15 años, los abogados de las mujeres a menudo les recomiendan que presenten una demanda por violencia de género en contra de sus maridos, explica Geeta Luthra, que trabaja en temas relacionados con la mujer. La amenaza de ser arrestados y pasar algún tiempo en prisión sirve de medida de presión para que un hombre conceda el divorcio.

Perder la casa

La ley de violencia de género de 2005 supone otro tipo de amenaza: una mujer maltratada puede quedarse con el hogar en el que vivió durante su matrimonio, sea o no sea el marido el propietario de las escrituras. “La idea es que asustando al marido y a su familia se les fuerza a negociar. Y la negociación básicamente significa dinero”, explica Prosenjit Banerjee, abogado. “Se está abusando de la ley. Eso no lo digo yo; es lo que dice el Tribunal Supremo”, argumenta.

Para gente como Rakesh, un hombre de clase media que vive en Delhi, el conflicto matrimonial significa visitas semanales a los juzgados y a la comisaría. Tras negarse a la petición de su mujer de trasladarse a vivir a una segunda casa que posee su familia y que estaba en alquiler, su cónyuge presentó una demanda y les amenazó a él, a su anciana madre y a sus dos hermanos y cuñadas, con meterles en la cárcel por asuntos relacionados con la dote. Intentó llegar a un acuerdo, alquilando incluso una casa para que la pareja viviese lejos de la familia de su familia. El esfuerzo fue infructuoso y Rakesh finalmente presentó una demanda de divorcio.

Ahora, cuando no está recibiendo terapia en una división especial de la Policía dedicada a problemas de abuso verbal contra las mujeres, se pasa el tiempo libre preguntándose si hoy será el día en que recibirá la orden de detención y tendrá que buscar dinero para salir bajo fianza. Rakesh asegura no haber maltratado nunca a su esposa.

El doble de divorcios desde 1990

India no difunde una estadística nacional de divorcios, pero algunos análisis sobre el número de peticiones presentadas en los juzgados de primera instancia indican que la cifra de separaciones matrimoniales se ha duplicado desde 1990 en Mumbai y Delhi. Aunque las cifras más amplias al respecto, las de la Estadística Nacional sobre Salud Familiar, todavía reflejan unas cifras bajas de rupturas, algunas estimaciones cifran la tasa nacional de divorcios cerca del 6 por ciento. Hace unos años la cifra era insignificante.

Entre los usuarios de internet, al menos, el problema no conoce fronteras geográficas. Cerca del 60 por ciento de los 50.000 clientes que se han registrado en SecondShaadi.com, una agencia matrimonial on line para divorciados que se lanzó en India hace un año, no viven en las cinco principales urbes del país. Más de un tercio habitan lejos de las 20 ciudades más grandes.“En unos cuantos años quizás ya no hablemos de divorcio y de segundo matrimonio como un estigma” dice Vivek Pahwa, director ejecutivo de la agencia.