Johnny Hallyday y Johnnie To se alían para acribillar la solemnidad de Cannes

  • Mateo Sancho Cardiel

Johnny Hallyday y Johnnie To se alían para acribillar la solemnidad de Cannes

Johnny Hallyday y Johnnie To se alían para acribillar la solemnidad de Cannes

Amenábar defiende el diálogo en "Ágora", lucha entre razón y fundamentalismo

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Mateo Sancho Cardiel

Cannes (Francia), 17 may (EFE).- La acción coreográfica del hongkonés Johnnie To se coló en la solemnidad de Cannes con "Vengeance", protagonizada por el rockero y actor francés Johnny Hallyday, mientras el director filipino Brillante Mendoza compensó tamaña frivolidad con sadismo a tiempo real de "Kinatay".

La apabullante presencia del cine asiático en esta 62 edición del festival de Cannes sigue desvelando sus cartas y el as en la manga que guardaba Johnnie To para conquistar al público francés fue el ídolo local Johnny Hallyday, además de referentes a las películas de Jean-Pierre Nelville.

"Me alegra esta interacción entre el cine francés y hongkonés y eso llevará mis películas a más gente. Espero que 'Vengeance' sea el comienzo de una colaboración constante", reconoció el realizador.

En una jornada en la que la competición quedó eclipsada por "Ágora", de Alejandro Amenábar, el rockero Hallyday, con su piel de lagarto y los estragos de la cirugía estética, asumió con modestia el papel secundario en Cannes y, en la película, se adaptó como un guante al ballet criminal que To le propone.

"En cuestión de diálogos, no tenía mucho que aprender", reconoció Hallyday en referencia al estilo eminentemente visual de To. "La manera de trabajar de Johnnie es muy diferente. Me recuerda a cuando hice una película con Godard. Me dio dos páginas por la mañana y eso era todo lo que tenía que aprenderme para todo el día".

"Pero ahí está el verdadero actor: el que saca sus emociones delante de la cámara sin guión. Es verdad que yo a veces he dado imagen de ser una persona muy solitaria. Reconozco que la ausencia de mi padre me marcó. Pero creo que eso me ha servido para afrontar mejor el personaje".

La soledad es la que conduce al personaje de Hallyday, llamado Costello, a llevar a cabo la venganza del título: cuando un banda de matones de Macao (China) asesina a sus nietos, a su yerno y deja en estado crítico a su hija.

Johnnie To vuelve con "Vengeance" al mismo festival que lanzó su carrera internacionalmente al proyectar "Election" en 2005 y en esta ocasión retoma la línea de su anterior cinta, "Sparrow" (2008). La fórmula es clara: estilizar la acción hasta conseguir que no importe la ausencia de argumento.

Tampoco mucha premisa necesita, en cambio, Brillante Mendoza para crear la muy interesante "Kinatay", protagonizada por Coco Martín y María Isabel López y con la que vuelve a la competición de Cannes sólo un año después de presentar "Serbis".

"Kinatay" significa en filipino "matanza". La violencia, en consecuencia, es uno de los ingredientes principales de esta cinta que asienta la emergencia del cine del archipiélago asiático como una de las nuevas voces de los circuitos festivaleros.

Junto con Lav Diaz -y sus películas de ocho horas de duración- y Raya Martín -cuya "Independencia" está en la programación de "Un certain regard" este mismo año-, Mendoza forma un triunvirato que apuesta, de diferentes maneras, por un lenguaje difícil de clasificar e incluso de ver.

Su vocación minoritaria se correspondió con la rueda de prensa con menos asistentes hasta el momento, en la que Mendoza aseguró que quiso "contar en tiempo real una experiencia que cambiará la vida de una persona".

La atmósfera que crea para "Kinatay" es opresiva y sofocante. Suspende la acción para calar al espectador con la progresiva dejadez moral del protagonista, un estudiante de policía que se embarca nada más casarse en un viaje a la humillación, la vejación y la tortura de una prostituta llamada Madonna.

Reflexión terrible sobre los peligros de la actitud pasiva, la película se sigue con un código muy apreciado por estos lares: contemplativo, desenfocado y oscuro. No es narración, sino sumersión.

Pero, según Mendoza, "lo más sorprendente del filme no son mis esfuerzos por encontrar un lenguaje distinto, sino que lo que muestro es algo que realmente ocurre".

La atmósfera creada es puro desasosiego, aunque siendo un director con tendencia a lo sugerente, acaba explicitando el mensaje de la película en una innecesaria moraleja final: "Una vez que pierdes la integridad, la pierdes para siempre".

Muchos espectadores, no obstante, a esas alturas de la película ya habían abandonado la sala.