Málaga clausura su festival y se despide del mítico cine Albéniz

teatroalbeniz

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La calle Alcazabilla del casco viejo de Málaga es un paseo por la historia de la ciudad. Nace en la plaza de la Merced y muere junto a la catedral. Durante los cinco minutos que dura este trayecto, es posible asomarse a los trabajos de recuperación de un teatro romano o contemplar la muralla de la Alcazaba. Desde hace dos meses, el Albéniz, último cine de titularidad privada en el centro de la ciudad, forma parte de este recorrido museístico.

Este local histórico ha sido icono cultural durante los últimos años debido a su programación alternativa y sus proyecciones en versión original. El ayuntamiento lo compró el año pasado y puso fin a su actividad comercial este mes de febrero. Ahora se encuentra cedido al Festival de Cine Español que acoge la ciudad, escaparate y plataforma del séptimo arte nacional,que esta noche concluye su décimosegunda edición.Será la última vez que elAlbéniz abra sus puertas como cine.

En unas semanas pasará por el quirófano para recibir las operaciones previstas por el consistorio en su plan de remodelación. El sexagenario edificio se transformará en un moderno teatro con salas de proyecciones y dos espacios multiusos de carácter público. Su función será parecida a la del antiguo cine Echegaray de la ciudad, cuyas obras para convertirse en un centro cultural están a punto de finalizar.

Ambos pueden estar de enhorabuena. En España, muchos comoellos descansan en el cementerio de los cines imposibles y, otros tantos, tienen reservado su nicho para pasar a mejor vida. En los últimos tres años, 261 salas de cine han echado el candado a sus puertas (en 2008 había 4.140). Este descalabro se produce como consecuencia del descenso en el número de espectadores que acuden a sentarse a sus butacas: 9.1 millones menos en 2008 que en el año anterior.

Poco éxito y mal repartido

Precisamente un público al que el festival quiere seduciren el momento en el quenuestro cine representa el 13,3 por ciento del total (casi 14 millones y medio de los 107 que acuden a las salas). Para Moisés Salama, miembro de la organización y responsable de la sección de documentales, el reto esacabar conel mito de que las cintas españolas no despiertan interés: “Al cine español le falta marketing, espacio en la cartelera, recuperar el hábito de verlo y el esfuerzo por parte de los directores de conectar con su audiencia”.

Además de tener poca presencia en la cartelera, la recaudación se concentra en pocos largometrajes. De las 394 cintas españolas que se estrenaron en 2008, las diez más vistas acaparan más de la mitad de los beneficios. Sólo Los Crímenes de Oxford, Mortadelo y Filemón Misión: Salvar la Tierra y Vicky Cristina Barcelona reunen la cuarta parte del total.

Ese mismo año, la película galardonada con la Biznaga de Oro (máximo galardón del festival), 3 días, tan sólo congregó a 40.000 personas. Una cifra muy pobre que la organización del festival, entre otros motivos, relaciona con “la falta de promoción y la fecha elegida para el estreno”. Sin embargo, las anteriores películas premiadas por el certamen no han recibido mucha mayor atención por parte de los espectadores. Parece que jurado y público no hablan el mismo idioma.

La esperanza es lo último que se pierde

“Estamos en un punto de inflexión. La nueva ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, procede de nuestro sector y hay cierta expectación por este motivo. Sin embargo, no se le puede pedir una receta mágica”, señala Salama. Mientras el Gobierno se pone manos a la obra, Málaga sirve de espejo de problemas que afectan al país.

A pesar de todo, todavía quedan valientes. Fernando González es gerente del Teatro Alameda, una antigua sala de teatro que, además, cuenta con dos pequeñas salas de cine desde 1.995. Se encuentra muy cerca del centro de la ciudad y está dirigido a un público “minoritario y fijo” (este fin de semana tiene programados Control, Man On Wire y Liverpool) que busca en la cartelera una propuesta cinéfila alternativa a las grandes salas comerciales.

González señala, con indignación, que los trabajos de remodelación del futuro Teatro Albéniz “se realizarán con el dinero de los malagueños” y constituirá una competencia más fuerte para su negocio. A pesar de todo, sigue al pie del cañon y con buenos propósitos para un futuro incierto para nuestras salas de exhibición.