Los niños chinos intentan desde la escuela salvar la Ópera de Pekín

  • Pekín, 25 mar (EFE).- Los niños chinos en las escuelas de primaria son los encargados de salvar la Ópera de Pekín, una de las tradiciones chinas en peligro de extinción, o así lo pretende el Gobierno cuando se cumple un año desde que creó esta asignatura.

Los niños chinos intentan desde la escuela salvar la Ópera de Pekín

Los niños chinos intentan desde la escuela salvar la Ópera de Pekín

Los niños chinos intentan desde la escuela salvar la Ópera de Pekín

Los niños chinos intentan desde la escuela salvar la Ópera de Pekín

Los niños chinos intentan desde la escuela salvar la Ópera de Pekín

Los niños chinos intentan desde la escuela salvar la Ópera de Pekín

Pekín, 25 mar (EFE).- Los niños chinos en las escuelas de primaria son los encargados de salvar la Ópera de Pekín, una de las tradiciones chinas en peligro de extinción, o así lo pretende el Gobierno cuando se cumple un año desde que creó esta asignatura.

La Ópera de Pekín, o "jingju" en mandarín, llegó a los colegios en marzo del año pasado tras una decisión del Ministerio de Cultura chino para recuperar uno de los principales símbolos de identidad que cada vez cuenta con menos audiencia entre sus habitantes.

Sin embargo, para los turistas extranjeros que visitan China es una cita obligada, en la que no pierden detalle de los llamativos trajes y de los coloridos maquillajes, aunque muchos acaben cansados de los sonidos "estridentes" para el oído occidental.

El colegio público Chongwen en Pekín es una de las 200 escuelas que imparte esta materia, donde los niños de primer a sexto grado, de seis a doce años, tienen clase de ópera una vez cada dos semanas.

Durante el curso aprenden dos trozos de óperas clásicas como "Da Long Pao" ("El traje del emperador"), "Mu Gui Ying Gua Shuai" ("Mu Gui Ying vuelve a dirigir la tropa") o "Zha Mei An" ("El caso de Chenshimei").

Algunos profesores y expertos criticaron la lista de las quince obras que entran en la asignatura porque no son tradicionales y fueron compuestas en los primeros años del régimen comunista o durante el período de la Revolución Cultural (1962-1972).

Esta semana, en la clase de 42 niños y niñas de tercer grado aprenden algunas frases de la ópera moderna "Dou You Yi Ke Hong Liang de Xin" ("Todos tienen un buen corazón").

"No esperábamos que a los niños les gustase tanto esta asignatura, pero estamos viendo que todos aprenden con mucha pasión", asegura a Efe la profesora Zhang Yu.

Y así lo confirma Yao Yichen, uno de los alumnos, quien dice que su cantante preferido es Mei Lanfang (1894-1961), uno de los artistas más famosos de la Ópera de Pekín moderna, conocido por sus papeles como "qingyi", el papel de la "mujer virtuosa" dentro de los personajes femeninos.

La implantación de esta materia no fue bien vista por los padres que advirtieron de que sus hijos ya tienen muchas asignaturas cada día.

También causó descontento en los ciudadanos el hecho de que el Gobierno escogiese la Ópera de Pekín en los colegios de provincias donde son más populares otros tipos de óperas tradicionales.

La Ópera de Pekín es un arte escénico que desde hace 200 años conserva maquillajes distintos según el personaje y una música y gestos que la diferencian de otros tipos de óperas.

Su origen se remonta al siglo XVIII, aunque su desarrollo se produjo en la segunda mitad del siglo XIX y se hizo famosa internacionalmente gracias a la película "Adiós a mi concubina" (1993) dirigida por Chen Kaige.

En los últimos 50 años el Ministerio de Cultura chino calcula que se perdieron 101 de los 368 estilos de ópera tradicional china que había en la década de 1950.

Incluso algunos de los estilos de mayor influencia, como la Ópera del Gong y el Tambor de la provincia septentrional de Shanxi o la Ópera del Sorbo de Fujian (este), ya no cuentan con suficientes actores entre sus filas que puedan interpretarlas.

Rita Álvarez Tudela