El artista y coreógrafo Antonio 'el bailarín' tendrá una placa desde mañana en la calle donde estaba su estudio en Madrid

MADRID, 28 (EUROPA PRESS)

El artista y coreógrafo Antonio Ruiz Soler, conocido como Antonio 'el bailarín', contará a partir de mañana con una placa en su memoria en la calle donde estaba situado su estudio de baile, y que actualmente acoge la Escuela de Baile de Carmen Roche, en la calle Coslada, 7bis, de Madrid, en el distrito de Salamanca.

La delegada de Las Artes de la capital, Alicia Moreno, descubrirá mañana la placa en un acto que se celebrará a las 13 horas coincidiendo con el Día Internacional de la Danza. Este homenaje se enmarca dentro del Plan Memoria de Madrid que recuerda a figuras representativas de la vida de Madrid a través de la historia.

Tras el descubrimiento de la placa, en las dependencias de la Escuela de Baile, tendrá lugar un espectáculo homenaje en el que participarán Antonio Canales, Amador Rojas y Edgar Chan, del Ballet de Carmen Roche.

Antonio 'el bailarín' fue un artista precoz y genial que asombró a Alfonso XIII cuando sólo tenía siete años, impresionó al Hollywood de los años 40, mereció el elogio de Toscanini --"es el alma de España"-- y rompió todas la fronteras del flamenco y de la danza española. Se retiró en 1979 y falleció en 1996.

BIOGRAFÍA

Nacido en Sevilla en 1921, a los seis años empezó con su aprendizaje en la academia del Maestro Realito, que le inició especialmente en los bailes de palillos. Destacó como niño prodigio y empezó a actuar, junto a la que después sería su compañera de baile, Rosario, en fiestas y teatros. La primera actuación de este tipo fue en 1928, en el Teatro Duque de Sevilla, a los siete años.

Dentro del mismo año efectúa su primera salida al extranjero, bailando en la Feria Internacional de Lieja (Bruselas), y al año siguiente bailó ante los reyes de España Alfonso XIII y Victoria Eugenia cuando fueron a presidir la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929).

1937 es una fecha clave para la futura consagración de Antonio; actúa en Barcelona y Francia cuando el empresario de variedades Marquesi contrata a la pareja para ir a América, donde entre éste y otros nuevos compromisos, permanecerán doce años. Su primera actuación en el Nuevo Mundo fue en el Teatro Maravillas de Buenos Aires.

En 1939, es contratado para la Sala de Fiestas del Waldorf-Astoria de Nueva York, con lo que se les abren las puertas de Norteamérica, donde permanecieron siete años alternando temporadas largas en esta sala con viajes a Hollywood, donde participaron en varios filmes.

En estos doce años de permanencia en América, la labor coreográfica y representativa de esta pareja es extensísima. Además del Zapateado de Sarasate, la jota 'Viva Navarra' de Larrega y el 'Zorongo Gitano' son dos piezas fundamentales en su carrera, a las que añadirá otras basadas en textos de grandes poetas del momento como Albéniz, Lorca o Rimski-Kórsakof.

En 1949 vuelve a Europa, y debuta en el teatro Fontalba de Madrid con gran éxito de crítica y público. Tras un rotundo éxito también en Sevilla, salen por primera vez a Europa, en una gira que se inicia en primavera, en el Teatro de Champs Elysées de París y que sigue por Italia, Suecia, Inglaterra y Escocia en los Festivales de Edimburgo en 1949 y en el Festival Internacional de Holanda. Pasan a Israel y vuelven a recorrerse Europa por segunda vez, e incluso son requeridos para bailar en fiestas de hombres de Estado en España, Francia y Egipto.

En 1952, Antonio y Rosario se separan definitivamente, y el bailarín acaba montando lo que será el inicio de un ballet. Además, saca adelante ese mismo año la idea de crear una gran compañía, a la que da forma en los estudios de baile de la calle Montera de Madrid y que es presentada en otoño del año siguiente.

EL BALLET DE ANTONIO

La Antonio Ballet Español está compuesta de 35 bailarines, con Rosita Segovia como primera figura femenina. Es un ballet bien presentado, disciplinado y sin fallos técnicos que obtiene un éxito rotundo. Las obras que estrena son 'Llanto por Manuel de Falla', de Vicente, 'Allegro de Conciertos', de Granados, y piezas flamencas como las alegrías y fandangos por verdiales en versión nueva. También agrupa otra serie de piezas del mismo estilo en 'Serranas de Vejer', de García Soler.

Pero las dos obras más destacadas del estreno son la 'Suite de Sonatas' de P. Antonio Soler, ocho sonatas realizadas por toda la compañía en distintos cuadros con escenografía de gran espectáculo de la que incluso forman parte alabarderos, infantas y otros personajes palaciegos que no bailan; la 'Suite de danzas vascas', con música tradicional y danzas populares; y el ballet 'El Segoviano Esquivo', de Matilde Salvador, con un argumento que da forma a bailes castellanos.

Sigue viajando por todo el mundo, triunfando en todos los escenarios donde actúa, aunque siempre vuelve a América por su punto de referencia artística. En estos años, el 'Amor Brujo' de Falla en ballet le consagra como coreógrafo, para llegar a estrenar en 1958 'El sombrero de Tres Picos', de Falla, con unos figurines de Muntañola que no desdicen en nada de los de Picasso.

A partir de los 60, Antonio busca temas simbólicos de contenido recargado y, aunque los decorados sean estilizados, el baile no lo es. En 1962, el bailarín se reencuentra con Rosario, que actúa como artista invitada en su ballet, un encuentro que se repite por última vez en 1946 para hacer una tournée por España, Inglaterra, Rusia, Estados Unidos y Suramérica.

En 1978 ya piensa retirarse de la vida profesional. Prepara una gira de despedida con un espectáculo al que llama 'Antonio y su Teatro Flamenco', formado por un grupo reducido de artistas. Comienza por Sevilla con una selección de flamenco en sus dos versiones, popular y teatral. Continua la gira y, en 1979, hace su retirada profesional como bailarín en la ciudad japonesa de Sapporo, justo cuando se cumplen sus bodas de Oro con la danza.

CARRERA PROFESIONAL

En marzo de 1980, por su largo y brillante historial como bailarin y coreógrafo, es nombrado director artístico del Ballet Nacional Español del Ministerio de Cultura. El repertorio que presenta es variado con obras de otros maestros, alternando con las más famosas suyas. Después de dos años largos de actividad, el 9 de mayo de 1983 es cesado en el cargo por razones muy controvertidas en su día.

Antonio dejó toda actividad relacionada con la danza, aunque en 1987 se prestó a hacerle a María Rosa una coreografía sobre la Romería del Rocío que presentó ese año en el Teatro Monumental de Madrid. A lo largo de su vida, Antonio ha intervenido también en cierto número de películas, algunas veces como protagonista total, en otras actor-bailarin, otras simplemente bailarín, interpretando sus ballets y en una ocasión, solamente como coreógrafo.

Una grave enfermedad que le relegó a una silla de ruedas tuvo el desenlace esperado apenas iniciado 1996. Fue enterrado en el Cementerio de San Fernando de Sevilla. Entre los muchos premios que recibió a lo largo de su prolífica carrera destacan la Cruz de Isabel la Católica (1950), la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes (1952), la Medalla de Honor de la Naciones Unidas (1963), la Medalla de la Feria Mundial de Nueva York (1964), la Medalla de Oro de la Scala de Milán (1967), el Premio Nacional de Flamenco de la Cátedra de Flamencología de Jerez (1966), el primer premio de la Academia de la Danza de París (1963) y el premio Nacional al mejor Ballet (1972).