El mundo de la música se rinde ante el poder de la Red


Thom Yorke es el líder de la banda Radiohead. Foto: angela n. (Flickr)

Thom Yorke es el líder de la banda Radiohead. Foto: angela n. (Flickr)

Radiohead sacudió la industria musical en octubre de 2006. Artísticamente, volvía a la carga con un nuevo y esperadísimo disco debajo del brazo, In Rainbows, ganador del mejor álbum de música alternativa en la última ceremonia de los Grammy. Sin embargo, más allá de la vuelta a los ruedos de la banda de Oxfordshire, la noticia en los medios de comunicación de medio mundo (muchos de ellos económicos) era la manera que había elegido para hacerlo.

In Rainbows no se encontraba en las tiendas de discos. Tampoco lo podías pedir en Starbucks junto con el café, ni acompañaba el periódico del domingo. Ni siquiera se podía comprar por internet. Para escucharlo, había que entar en su página web oficial y, si querías, podías dar una donación a cambio de la descarga. Si no, te lo descargabas gratis y listo.

El golpe fue muy sonado. Aunque parece que nunca tendremos cifras oficiales sobre el tamaño de la solidaridad de los que se hicieron con su trabajo, la jugada del cuarteto fue redonda. Páginas en diarios, revistas especializadas, blogs, y hasta análisis económicos que valoraban la estrategia comercial. Y, sobre todo, debates entre sus seguidores y el sector de la música.

Pero la hazaña no acabó ahí. Tres meses después, la banda editó el disco con un formato especial que se colocó en el número uno de las listas de venta en los Estados Unidos. El mundo de la música bautizó la hazaña como “to do a Radiohead” (Hacer un Radiohead).

¿Marketing o desplante a las multinacionales?

Sin embargo, el grupo no había inventado nada. Hay bandas que cuelgan sus discos en la Red sin recibir compensación alguna, o emplean licencias para distribuir la mayor cantidad de copias de forma gratuita y protegiendo sus derechos sobre la obra. Pero nunca antes lo había hecho un grupo de tal envergadura. La novedad no residía en el cómo, sino en el quién.

Varios artistas como Oasis, Jamiroquai, Portishead, 30 Seconds to Mars o Nine Inch Nails quisieron secundar la iniciativa. Pero no todas lo acabaron haciendo. El argumento que explica tal éxito es simple a la par que efectivo: promoción, promoción y más promoción. Internet les permite conseguir seguidores que acudan a sus conciertos. "Está claro que el negocio ahora mismo está en los conciertos, pero si los grupos no tienen material que ofrecer tampoco consiguen llegar al público, así que los discos como concepto deben continuar funcionando, ya sean singles, álbumes o descargas", apunta Joan S. Luna, director de la revista musical Mondosonoro.

Para Antonio Velasco, coordinador de nuevos medios de Universal Music, tan sólo se trata de un movimiento publicitario: “Es una estrategia de marketing que sólo está al alcance de un reducido número de artistas. La mayoría de las descargas del álbum no reportaron beneficio económico alguno para la banda pero la campaña de promoción que obtuvieron a cambio fue indudablemente impagable. En todo caso, la industria musical sigue siendo un motor fundamental a la hora de proyectar y dimensionar la obra de un artista”, afirma.

Creando escuela

Pero plantar cara a las discográficas se ha convertido en un filón para muchos artistas. El grupo de rap español La Excepción anunció el pasado mes de marzo que renunciaba a su contrato con el sello Zona Bruta. Después de denunciarlos por contrato abusivo y engañoso, el trío madrileño lanzó el pasado mes de marzo su nuevo trabajo, La verdad más verdadera, a través de internet y de forma gratuita.

Otra banda que ha aprovechado el tirón de la Red es Nine Inch Nails. Y con buena acogida. Su disco, Ghosts I-IV, fue publicado en internet gratuitamente con licencias de distribución libre Creative Commons y, paradójicamente, fue el más vendido durante el año 2008 en la tienda online Amazon.com. Además, el grupo liderado por Trent Reznor realiza numerosas acciones con sus fans a través de su site: los invita a remezclar temas, crear videos con las canciones de su disco. Lo último reseñable, subir a internet 400 gigabytes de conciertos grabados en calidad HD.

Ivan Ferreiro, ex cantante de los Piratas, también regaló su disco antes de ponerlo en venta. Mentiroso, mentiroso, su segundo trabajo en solitario, se pudo descargar desde su página web oficial durante una semana con tan sólo hacer clic en un enlace. El balance fue positivo: 65.000 descargas y, con la salida en tiendas, el álbum se aupó a la cuarta posición de las listas de venta durante la primera semana.

Un largo camino por recorrer

Entre ambos extemos se empiezan a tender puentes que permiten acercar posturas y lograr un objetivo: regular la situación. El consumo de música no deja de crecer, pero sí la vías de acceso a la misma. Aunque las descargas de música a través de sistemas P2P (intercambio de archivos entre usuarios) dominan el mercado, comienzan a aflorar programas con acuerdos discográficos como Spotify, que ofrece música gratuita a cambio de que el usuario escuche anuncios cada cierto tiempo.

Según el informe anual del mercado discográfico de Promusicae, las descargas legales de música aumentaron el año pasado un 119,8 por ciento. El rey del negocio es iTunes que ha conseguido hacer lo impensable: que el público pague por la música que podría descargar gratuitamente. Su secreto: un archivo musical extenso y variado y unos precios populares.

Además, la tienda online de Apple también ha implantado un acceso más personal y selectivo a la música. Se acabó la compra de un disco entero del que sólo queremos dos o tres canciones. Ahora, se impone la cultura del “picoteo” de canciones: compro sólo los temas que me gustan.

Para la industria discográfica estos nuevos soportes son una buena noticia: “El consumo de entretenimiento requiere cada vez más inmediatez y agilidad. iTunes y Spotify son de momento la alternativa digital a la venta de música y todos están contribuyendo en menor o mayor medida a regularizar la situación del sector en la Red. Tienen sus particularidades y aunque son modelos diferentes no se canibalizan. Cada uno ofrece una serie de ventajas y, a la hora de la verdad, serán los usuarios los que determinarán hacia dónde se orientará el mercado”, señala Velasco.

Todo sea por encontrar la forma ideal de agradar a un público que ha modificado sus hábitos de consumo y espera una respuesta por parte de los "dueños de la música". Al final, y en todo negocio, la razón la tiene siempre el cliente.