El pintor y escultor Juan Ripollés expone 21 esculturas de reciente creación en el madrileño Parque de El Retiro

"No me considero artista, sino un vendedor de libertad, un niño que no ha querido crecer", asegura MADRID, 1 (EUROPA PRESS) "No me considero un artista, sino un niño que no ha querido crecer". Ataviado con su original indumentaria, pintada por él mismo, con su característica gorra de tela con dos cuernos coloreados y un ramillete de romero en la boca, el artista castellonense Juan Ripollés (1932), ha hecho su aparición en Madrid, capital en la que expuso por última vez hace 20 años, para presentar 'Universo urbano', una exposición que reúne 21 piezas escultóricas, la mayoría de reciente creación, que podrán verse en el madrileño parque de El Retiro desde hoy y hasta el 10 de junio. Formas animales, tótems de varias cabezas y figuras humanas reinterpretadas componen la muestra en la que abunda el bronce pero en la que también hay varios cuerpos elaborados en hierro o fibra revestida de cristal de Murano triturado, técnica en la que es pionero en su obsesión por poner al servicio del arte la creatividad con el empleo de nuevos materiales. "Al igual que con los alimentos, busco la nobleza de los materiales y por eso trabajo el bronce y el cristal de Murano, que son de muy difícil descomposición y me sirven de mensajeros fieles del mensaje", explicó hoy el artista quien rechazó este calificativo. "Sólo soy un niño que no ha querido crecer porque ha preferido la ingenuidad y la picardía infantil, que siempre van acompañadas de mucha tolerancia". ESCULTURAS DE RECIENTE CREACIÓN La mayoría de las esculturas expuestas en Madrid se realizaron en 2007 y 2008 salvo tres de ellas, 'Toro', 'Etruria' y 'Niño corriendo', que pertenecen a los años 90 y que fueron exhibidas en 2007 en Venecia en la que ha sido la segunda exposición al aire libre autorizada en su entramado urbano renacentista. El comisario, Eduardo Alcalde, destacó que la muestra, ya ha visitado la Comunidad Valenciana, Córdoba y Sevilla, trata de conmemorar el 50 aniversario de su abandono de la pintura industrial de brocha gorda por el arte tras firmar en 1958 por una prestigiosa galería parisina. Sin embargo Ripollés descartó que se trate de una retrospectiva ya que no tiene tiempo para mirar hacia atrás. Poco dado a etiquetas explicativas, no quiso extenderse en describir la exposición. "Las esculturas están en su hábitat y son las que son", resaltó el escultor, que se reconoció como una persona "poco intelectual" que, gracias a esa ignorancia, ha podido hacer lo que ha querido en cualquier disciplina "sin miedo". HEMBRAS, NATURALEZA Y SER HUMANO Sin embargo, Ripollés sí reconoció que "la hembra", como a él le gusta denominar a las mujeres, "la naturaleza y la grandeza de la vida" han sido sus grandes fuentes de inspiración, junto a Pilar, su actual pareja. "Mi pasión en esta vida está en el ser humano; todavía no ha hecho nada lo suficientemente grave para perder la esperanza en las personas, que me lo han enseñado todo", sentenció. El estallido de colores es otra de sus características, que él defendió como propias, porque "la vida es luz y la luz, color". Su pasión por la vida es -según la define- "expansiva, todo lo hago positivo y lo que es negativo lo transformo", comentó el artista quien puso como ejemplo que durante la posguerra transformó su sufrimiento escribiendo poesías. "Esta actitud me ha ayudado mucho, sobre todo, a estar menos solo", añadió. En cuanto a su apariencia física, Ripollés quiso dejar bien claro que "no se trata de una pose sino de ser quien es de la forma más natural". "Siempre he sido un vendedor de libertad y la única marca de ropa con la que me siento a gusto es la que yo me labro", resaltó. Esta libertad de la que presume se la insuflaron, desde pequeño. "Mi familia adoptiva no me obligó a ir a la escuela; trabajé recogiendo estiércol y después como pintor de brocha gorda y todo eso me valió para hacerme más libre", indicó el escultor quien defendió que no necesita para vivir más que lo imprescidible para seguir haciendo lo que verdaderamente le gusta y donde mejor se siente: trabajando en nuevas obras. "Si me tuviesen que quitar los ojos para ser mejor artista, prescindiría de ellos", concluyó.