Londres descubre y homenajea la faceta más deportista de Enrique VIII

  • Londres, 3 abr (EFE).- Enrique VIII es históricamente recordado por su colección de esposas, su carácter sanguinario o la ruptura con la Iglesia católica, pero otras facetas de su personalidad, como su pasión por el deporte de riesgo, apenas han calado en el imaginario colectivo.

Londres, 3 abr (EFE).- Enrique VIII es históricamente recordado por su colección de esposas, su carácter sanguinario o la ruptura con la Iglesia católica, pero otras facetas de su personalidad, como su pasión por el deporte de riesgo, apenas han calado en el imaginario colectivo.

Precisamente para romper esta creencia y ofrecer una visión completa del polémico monarca, Londres inaugura hoy una exposición que, bajo el título "Enrique VIII: vestido para matar", muestra el profundo interés del rey por las justas: combates a caballo en los que los contendientes debían herir con su lanza al contrincante.

La Torre Blanca, edificio principal de la famosa Torre de Londres, es el espacio encargado de acoger hasta el 17 de enero de 2010 la más amplia exhibición de armaduras del monarca organizada hasta la fecha, con ejemplares traídos desde diversos puntos de la geografía británica y desde ciudades como París, Viena o Nueva York.

La elección del escenario no es fortuita: la Torre de Londres ha cumplido, a lo largo de su historia, la función de armería, cárcel para la "clase alta", refugio y centro de ajusticiamientos.

Fue allí donde Ana Bolena, segunda de las seis esposas de Enrique VIII y sucesora de la repudiada Catalina de Aragón, fue decapitada un 19 de mayo de 1536, tras ser falsamente acusada de traición, adulterio e incesto por el monarca.

La exposición presenta en su primer tramo al Enrique VIII deportista, con una cintura de apenas 88 centímetros, según se deduce de las armaduras estrechas de principios del siglo XVI que fueron hechas a medida del entonces joven monarca.

Entre ellas cabe destacar una de las primeras piezas que llegaron a las manos del rey, allá por 1515 y cuyo título, "Silvered and Engraved" ("Plateada y grabada"), da una idea de la sofisticación con la que la Armadura Real remataba las piezas.

Armaduras confeccionadas en años posteriores dan cuenta al visitante de cómo el rey de la dinastía de los Tudor ganaba peso y se convertía en el corpulento personaje que reflejan los retratos pintados por Hans Holbein el Joven, amigo personal del monarca.

Hay que recordar que desde los 23 hasta los 48 años la cintura del monarca aumentó más de 40 centímetros.

Asimismo, otras de las piezas estrellas de la exposición es el casco con cuernos que el emperador Maximiliano I regaló hacia 1514 a Enrique VIII, un presente que fue el culpable de despertar el interés del rey por este tipo de accesorios.

Además, se puede admirar el balón de fútbol más antiguo que data del siglo XVI y está hecho con la vejiga de un cerdo cubierta por cuero.

Según el director académico del Museo de Armaduras Reales, Graeme Rimer, el objetivo de la exhibición es mostrar al mundo que Enrique VIII "era un monarca renacentista; interesado por asuntos como la poesía, la música y el deporte, al mismo tiempo que amaba las armas".

Todas las armaduras acumuladas por Enrique VIII a lo largo de sus 56 años de vida respondían a un mismo fin: saciar el egocentrismo del monarca -eran símbolos de distinción- y darle protección en la práctica de su deporte preferido, las justas.

La participación del rey en estos enfrentamientos a caballo tuvo un final trágico en 1536, cuando fue herido de gravedad en medio de una pelea.

Para llevar a cabo una exposición de tal envergadura, la directora del proyecto, Karen Whitting, asegura que fue necesario comenzar los preparativos hace cinco años".

A su juicio, el despliegue logístico necesario para desplazar las piezas a la torre "vale la pena, porque muestra al Enrique VIII real" y ensalza la figura del hombre que "cambió el mundo desde la edad media a la edad moderna".

Por Ana Victoria de las Heras