Todo es de mentira


Thom Yorke durante una actuación en Barcelona el año pasado. Foto: alterna2 (Flickr).

Thom Yorke durante una actuación en Barcelona el año pasado. Foto: alterna2 (Flickr).

Radiohead reinventó la industria musical hace poco más de un año con la publicación por internet de su último trabajo In Rainbows. Vale, la idea no fue suya, pero tuvieron más eco y la jugada salió más redonda. Además, meses después, lanzaron el disco en las tiendas y se colocó en el primer puesto de las listas de ventas. ¿Puro marketing? Puede ser. Pero la fobia hacia el corporativismo y la industria musical de la banda de Oxfordshire no son de ahora. A Thom Yorke, cantante y líder de la banda, como a cualquier artista con voz propia, nunca le gustó que algunos buitres de la música metieran el pico donde no debían.

Era 1993 y la banda acababa de publicar su primer disco, Pablo Honey. Con él lanzaron el single Creep que, muy pronto, se convertiría en un exitazo (se rumorea que llegó a sonar en los 40 Principales). La canción hace referencia a los desubicados, a los que no encuentran su rincón en el mundo (”But I’m a creep, I’m a weirdo, What the hell am I doin’ here?, I don’t belong here”), y critica de manera sutil la sociedad que le rodea (”I wanna have control, I want a perfect body”). Sin embargo, Creep se había convertido en una canción autodestructiva dentro de la banda. En su gira por los Estados Unidos el público tan sólo iba a sus conciertos para escucharla y olvidarse del resto de la actuación. Eso no les gustó ni un pelo. El asunto llegó a tal punto que decidieron vetarla temporalmente en sus bolos para hacerla olvidar. Radiohead no querían ser una canción del momento, un hype más en una lista de éxitos que se pierden en el tiempo.

Pero para su sello la máquina de hacer dinero estaba engrasada. Sólo había que presionar sobre los botones correctos para que aquello empezara a despachar un hit detrás de otro. Cuando la banda se encerró de nuevo en el estudio para grabar la continuación de Pablo Honey, la discográfica ya les había pedido un nuevo single que sacudiera los tops de música. Tras la grabación, la banda escogió Fake plastic trees: un tema introspectivo y sosegado, alejado del sonido grunge del anterior, con una denuncia social implícita y una vena anti-sistema de lo más profunda. Capitol aceptó. A su manera. Contrataron a un productor, lo adornaron y le pusieron el sello de apto para radiofórmulas. Para Yorke el acabado fue horrible. En el último momento, la discográfica reculó y lanzó finalmente la versión original.

Es imprescindible ver el videoclip (filmado por Jake Scott, hijo del director de cine Ridley Scott). Comienza con Yorke dentro de un carrito de la compra recorriendo el pasillo de un supermercado. Hace muecas con la boca, los ojos parpadean en forma de tic nervioso, se retuerce. Las cámara de seguridad vigilan cada paso y el servicio de megafonía parece dirigir a la gente mientras Yorke canta sobre los estereotipos (”And if I could be who you wanted, if I could be who you wanted, all the time, all the time). Todo debe estar bajo control. Los productos de las estanterías son homogéneos y se repiten hasta el infinito: todos azules, todos amarillos, todos verdes, todos rojos. Una copia detrás de otra. Más falso que un árbol de plástico (”A green plastic watering can, for a fake Chinese rubber plant, in the fake plastic earth”). Todo es de mentira. Justo lo contrario de lo que Radiohead quiere ser.

Entra en el Blip.fm de lainformacion.com para escuchar la canción.