Wilco, apoteosis musical en la memoria de Jay Bennett


El sexteto demostró por qué a crítica y público se les cae la baba con los de Chicago.

El sexteto demostró por qué a crítica y público se les cae la baba con los de Chicago.

Parece que a Jeff Tweedy le gusta nuestro país. Ya aprovechó “un hueco libre” el pasado mes de septiembre para dar unos bolos en solitario y, unos meses después, vuelve para repetir gira en la Península. El público español, de nuevo, está respondiendo con altura: de las ocho fechas, cuatro han tenido que colgar el cartel de no hay entradas. En Málaga, la sala que albergó anoche la segunda cita de la gira de presentación de su nuevo disco, Wilco (the album), tuvo, incluso, problemas con la reventa. No es para menos, se trata de una de las bandas americanas más importantes del momento y que pongan el ojo en nuestro país, es una rareza que hay que aprovechar.

El grupo norteamericano aterrizó en Málaga con una triste noticia: Jay Bennett, antiguo miembro de la banda, había fallecido un día antes por causas que aún se desconocen. Su recuerdo estuvo presente durante el concierto de principio a fin.

“Wilco está viviendo momentos difíciles. Nuestro afecto a la familia Bennett”, dijo Jeff Tweedy después de abrir la actuación con “Ashes of american flags”. Media melena, chaqueta vaquera y semblante serio en medio de un escenario sobrio que completaron John Stirrat al bajo, Pat Sansone y Mikael Jorgensen a los pianos, Glenn Kotche a la batería y Nels Cline a la guitarra.

El sexteto demostró porqué a crítica y público se les cae la baba con los de Chicago. Y los galones les sienta de maravilla: en directo son una banda compacta, trabajan con una compenetración perfecta y fabrican un sonido sin igual. Pronto, el público que llenó el mítico Teatro Cervantes de la ciudad andaluza comenzó a sucumbir ante semejante espectáculo de sonidos y buenas vibraciones.

Shot in the arm arrancó la primera ovación de la noche con Jorgensen y Cline aporreando sus respectivos instrumentos como si les fuera la vida. Impresiona ver a este último desenvolverse sobre el escenario: es alto y delgado como el mástil de su guitarra, retuerce su cuerpo para adaptarse a cada posición de manera un tanto aparatosa y mueve el cuello constantemente para marcar el ritmo.

El teatro se vinó abajo cuando comenzó a sonar la línea de bajo de Handshake drugs, que, tras varias canciones del nuevo disco, Wilco (the album), enlazó con el clímax de la noche: la dulce Jesus, etc, a continuación Impossible Germany con un solo de guitarra de Cline al que el público malagueño respondió con un merecidísimo “oé, oé, oé”, Via Chicago. Y, para rematar, la descomunal Spiders: tema del disco A ghost is born que hechizó al público con sus más de diez minutos de duración.

Aquello era una fiesta. El grupo se despide entre aplausos y vuelve sin dejar que acaben para finalizar con un bis doble de infarto encabezado por la canción Hummingbird. El público está de pie, en los palcos están bailando y algunos valientes abandonan sus butacas para agolparse en la primera fila. Tweedy pega botes sin parar, dibuja una sonrisa en la cara y se seca el sudor de la cabeza para encarrilar la última tanda de canciones. Así, y con una emotiva dedicación a Bennett, cerró un concierto de casi dos horas con tres guitarras sobre el escenario rugiendo sin parar. En estado puro.