Sagi reúne en "Las Hadas", de Wagner, el amor absoluto y el pop de Jeff Koons

  • París, 20 mar (EFE).- El director de escena Emilio Sagi buscó inspiración en el amor -del más transcendental al más carnal-, en la estética "pop", en la monumentalidad y en el color, para dirigir "Die Feen" (Las Hadas), ópera desconocida de Richard Wagner que estrena el próximo día 27 en el Teatro del Châtelet de París.

Sagi reúne en "Las Hadas", de Wagner, el amor absoluto y el pop de Jeff Koons

Sagi reúne en "Las Hadas", de Wagner, el amor absoluto y el pop de Jeff Koons

París, 20 mar (EFE).- El director de escena Emilio Sagi buscó inspiración en el amor -del más transcendental al más carnal-, en la estética "pop", en la monumentalidad y en el color, para dirigir "Die Feen" (Las Hadas), ópera desconocida de Richard Wagner que estrena el próximo día 27 en el Teatro del Châtelet de París.

Sagi, que el pasado mes de mayo triunfó en este mismo escenario con la zarzuela "La Generala", de Amadeo Vives, contó a Efe durante los ensayos, cómo para esta creación tan diferente partió de una reflexión sobre el título que Wagner dio a su obra, la segunda que escribió.

"¿Qué significa hoy en día 'ser hada'? Ese hada -esas hadas- que hay ahí, me parece que son mujeres inmortales" y ser inmortal significa que la vida "no la ves con la 'grisura' que la ves, sino con mucha imaginación", con una fuerza que te hace "ser un poco feliz, un poco más inmortal, un poco más de color", aseguró.

"Por ahí busqué la idea de entrar en ese mundo pos-pop, del color, de imágenes muy fuertes", cercano a la estética de Jeff Koons (1955) y Dan Flavin (1933-1996), explicó el director del Teatro Arriaga de Bilbao.

Un planteamiento coincidente con el del director del Châtelet, Jean-Luc Choplin, quien deseaba para esta ópera "nunca vista" de Wagner un tratamiento escénico "simple, elegante y moderno, con un toque pop", por lo que pensó en Sagi, "un colaborador ahora regular del Teatro".

Así podrán verse en algún momento sobre el escenario una enorme lámpara, una inmensa 'pin-up' o una rosa que mide dos metros y medio "y todo un mundo de color", comentó Sagi.

Piezas que, en efecto, tienen relación con las creaciones de Jeff Koons, artista estadounidense que algunos consideran el rey del 'kitsch' y que a finales del 2008 montó una de las exposiciones más exitosas en la historia del Palacio de Versalles.

En Bilbao "vivo al otro lado de la ría y desde donde yo vivo veo 'Los Globos' de Jeff Koons en la terraza del (Museo) Guggenheim", destacó Sagi.

"Esa cosa brillante me impactó mucho y me parece que tiene mucho que ver con el mundo de 'Las Hadas', y los mundos de las luces de colores", añadió Sagi, cuyo primer éxito en el Châtelet fue en 2006, cuando abrió la temporada con la opereta "El Cantor de México", de Francis López.

Respecto al hecho de montar una obra de la que no existe ninguna versión previa, "tiene sus ventajas", aseguró Sagi, pues, si bien "te sientes un poco perdido al principio" -en ausencia de grabaciones e imágenes previas a las que asirte o con las que ir a contracorriente-, nadie tiene una imagen de la obra en su cabeza.

Con el director de orquesta, Marc Minkowski, "vimos que el libreto es muy inconexo, pero que luego tiene esa idea del amor, ese amor universal, salvador, liberador", que es una de las muchas ideas, tanto musicales como argumentales, que Wagner desarrollaría luego y que ya estaban en esta obra de juventud, destacó.

Recordó, al respecto, que el compositor alemán busco inspiración en el cuento "La mujer serpiente", de Carlo Gozzi (1720-1806), un autor "muy 'commedia dell'arte'", a cuyo "Turandot" recurrió Puccini para su ópera homónima.

Frente a la "mujer malísima" de "Turandot", esa princesa de hielo que al final es una mujer maravillosa, Wagner trabajó sobre la inmortal 'Ada', que le hace pasar a 'Arindal' unas pruebas imposibles, "pero que está perdidamente enamorada de él".

Al final de la ópera hay unas frases del héroe, cuando su hada se convierte en una estatua de piedra, en las que apela a "los sentimientos del corazón", a "las pasiones" y a "los sufrimientos del amor", para que esa piedra se derrita y su mujer vuelva con él. "A mi me emocionaron mucho porque pienso parecido", destacó Sagi.

"Me encanta el hecho de que ese hombre de apenas 20 años (que es la edad que tenía Wagner cuando escribió "Die Feen") evoque su visión del amor universal, transcendental, que va más allá de la muerte, pero que, a la vez, está teñido con un erotismo absoluto".

Algo que será una constante en toda la obra de Wagner, pues "él era también un hombre", recalcó Sagi, quien tras esta ópera pasional prepara otros estrenos de peso, como "Samson et Dalila", de Saint-Saëns, en Manaus (Brasil); "Les Mamelles de Tirésias", de Poulenc, en Bilbao y Barcelona, y unas nuevas "Bodas de Figaro", en el Real de Madrid.