José María Merino: "La ficción construye una forma exclusiva de verdad"

  • Madrid, 19 abr (EFE).- Desde su propia experiencia de "imaginador de ficciones", José María Merino dio hoy una lección magistral, en su discurso de ingreso en la Real Academia Española, sobre cómo la literatura sirve para desentrañar la "escurridiza" realidad, hasta el punto de que "la ficción construye una forma exclusiva de verdad".

Madrid, 19 abr (EFE).- Desde su propia experiencia de "imaginador de ficciones", José María Merino dio hoy una lección magistral, en su discurso de ingreso en la Real Academia Española, sobre cómo la literatura sirve para desentrañar la "escurridiza" realidad, hasta el punto de que "la ficción construye una forma exclusiva de verdad".

"La buena ficción siempre resulta una revelación, mediante lo simbólico, de lo que la realidad esconde", dijo Merino ante el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, y ante los centenares de invitados que quisieron acompañarlo en un día tan solemne para él, que cierra, "de modo inesperadamente grato", su trayectoria personal.

Este escritor, "uno de los incuestionables maestros del género breve", como luego lo definiría Luis Mateo Díez, lleva más de tres décadas alumbrando novelas y narraciones breves, y en su discurso, titulado "Ficción de verdad", demostró que conoce bien los secretos de su oficio, las dudas y retos a los que se enfrenta el escritor, y la pasión que siente por las palabras.

Una pasión que comenzó en su niñez, cuando la consulta en el Diccionario de "los términos insólitos" que encontraba en sus lecturas se convertía en "un nuevo viaje mental, una aventura interior". A partir de hoy, aquellas visitas al Diccionario se transformarán "en la más certera y directa de las exploraciones verbales".

Merino (A Coruña, 1941) desgranó ante los asistentes una breve historia, de ésas que podía haber acabado siendo uno de sus relatos, para reflexionar sobre los problemas con que tropieza el escritor (los de tiempo, espacio, punto de vista y lenguaje, entre ellos) cuando decide "cruzar el umbral que comunica lo real con lo ficticio" y entrar "en un territorio de absoluta libertad" para su invención.

La ficción, dijo Merino, fue "la primera herramienta" que tuvo el ser humano para, en tiempos prehistóricos, "intentar entender el mundo adverso e inescrutable" en el que vivía.

"La especie humana inventó la palabra y la ordenó en ficciones, un artificio hecho de sueños objetivados, nuestra primera sabiduría consciente, y posiblemente somos 'sapiens' desde ese preciso momento", subrayó Merino, cuya trayectoria ha sido reconocida con premios como el de la Crítica, el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, el Miguel Delibes, el Torrente Ballester, y, el último, el Castilla y León de las Letras, que recogerá el próximo miércoles.

Antes de entrar en materia, Merino hizo el elogio de Claudio Guillén, su antecesor en el sillón "m" de la Academia; la letra inicial de su apellido, pero también la de palabras que, como "madre", "magia", "mestizaje", "memoria", "mito" o "muerte", tienen para él "un eco singular en la literatura y en la vida".

Fallecido en enero de 2007, Guillén fue "un asombroso viajero en los espacios de la literatura, por encima de lenguas y fronteras", que acompañó a su padre, el gran poeta Jorge Guillén, en sus años de exilio, en los que tuvo la suerte de convivir con Pedro Salinas, Américo Castro, Francisco García Lorca o José Ferrater Mora, entre otros.

Guillén, considerado uno de los mayores expertos en literatura comparada y autor de numerosos "ensayos lúcidos", como "Múltiples moradas" (Premio Nacional de Ensayo), regresó a España en 1982 para desempeñar una cátedra extraordinaria en la Autónoma de Barcelona y promover diversas fundaciones, entre ellas la dedicada a la Generación del 27.

En su discurso, Merino aseguraría que la literatura "es un modo incomparable de desvelar ciertos aspectos de la realidad. Incluso es posible que la ficción sea capaz de crear una realidad propia, exclusiva", como ese personaje de Sabino Ordás, "un supuesto patriarca de las letras españolas", que se inventaron de jóvenes el propio Merino, Mateo Díez y Juan Pedro Aparicio.

El autor de "La orilla oscura" o "El lugar sin culpa", entre otros muchos títulos, se acerca siempre a la ficción "desde la intuición de lo extraño", acaso porque una de las funciones de la literatura es "profundizar en lo inusual, en lo misterioso y menos evidente de la realidad, enfocándolo muchas veces desde la perspectiva fantástica", aunque ésta sea "poco apreciada por la mayoría de nuestros estudiosos y críticos".

El "posible" relato que Merino desarrolló en su discurso se lo inspiró la fotografía de un cuadro que Félix de la Concha había pintado en una isla del Caribe, y en el que aparecen tres mujeres, una de las cuales, situada en primer plano, es una adolescente.

A partir de ese cuadro, el nuevo académico inventó un precioso relato, protagonizado por un escritor español que había vivido exiliado con su familia en ese país caribeño, y que le dio pie a reflexionar sobre el desarraigo, los paraísos perdidos, lo onírico y lo fantástico, "lo borroso de la identidad" y "las trampas de la memoria".