Juan Marsé, atraído por el concepto de escritor "anómalo"

MADRID (Reuters) - A punto de recibir el premio Cervantes 2008, el más prestigioso galardón de la literatura en castellano, Juan Marsé admite que le gusta la definición de "escritor anómalo" que algunos le atribuyen, por su dualidad como autor catalán que escribe en castellano.

"Esa dualidad para mí es muy natural. Es anómala porque la lengua es el catalán, pero a mí los escritores anómalos siempre me han interesado", afirmó el escritor durante un encuentro con la prensa el lunes.

"Esa anomalía me gusta, esas situaciones fronterizas creo que son buenas".

Marsé, de 75 años y autor de novelas como "Últimas tardes con Teresa" o "La muchacha de las bragas de oro", era uno de los favoritos desde hace tiempo para llevarse el premio más importante de las letras en castellano, que recibirá el jueves en Alcalá de Henares. El escritor hizo mención a escritores a quienes admira y que también han sido clasificados como "anómalos", como Franz Kafka o Vladimir Nabokov.

Para Marsé, la lengua española no está en peligro en Cataluña, ni por supuesto lo está el catalán, afirmó, aunque reconoció que pueden haberse cometido excesos en algunos sectores como la Sanidad o la Justicia.

"Cuando se usa la lengua como si fuera una bandera, ahí empiezan los problemas, pero yo paso de todo eso", agregó durante la rueda de prensa celebrada en la sede del Ministerio de Cultura en Madrid, junto a la recién nombrada ministra del ramo, Ángeles González-Sinde.

El galardón que recibirá de manos del rey Juan Carlos, y cuya cuantía pasa este año de 90.000 a 125.000 euros, reconoce la labor de un escritor que, con el conjunto de su obra, haya contribuido a enriquecer el legado literario hispánico.

En este caso, el jurado ha reconocido en su obra un "extraordinario reflejo literario de la España de la posguerra.

Aunque no quiso adelantar muchos detalles sobre su discurso, dijo que en él habrá referencias "a la memoria histórica, individual y transversal y a todo clase de memorias".

"Hablo de la imaginación: en el cine, en general, y de la 'faena', de mi trabajo", agregó el escritor, que aseguró no pensar en los premios cuando trabaja, aunque dijo sentirse orgulloso de recibir un galardón que lleva el nombre de Miguel de Cervantes.

FALTA DE TALENTO EN EL CINE

La obra de Marsé, traducida a distintos idiomas, ha sido llevada también al cine y al teatro como fiel reflejo de la pobreza y marginación de la Barcelona de la posguerra.

En este sentido, y al ser preguntado por unas declaraciones suyas previas que apuntaban a que el principal problema del cine español no eran los internautas, sino la falta de creatividad, Marsé afirmó que su postura sigue siendo la misma, aunque con algún matiz.

"El talento siempre es necesario, yo siempre lo echo de menos. El cine español tiene bastantes problemas, pero uno de ellos es la creación, el guión. Me ha parecido siempre el trabajo menos valorado y peor pagado", sostuvo.

Para la recién estrenada ministra de Cultura, cineasta de profesión, que ha atribuido a las descargas en Internet gran parte de la culpa por los malos datos de la industria del cine español, la de guionista es "el principio de la carrera y por eso se intenta escatimar".

"Comparto esta visión de que el momento de creación del guionista es el más vulnerable y es el que hay que propiciar", afirmó González-Sinde.

"He tenido experiencias malas con las adaptaciones de mis novelas, al final salía lo que salía, generalmente una película frustrada", señaló por su parte Marsé.

El escritor, que dijo arrepentirse solamente de las cosas que no ha hecho, reincidió en su rechazo de lo que denominó como "prosa sonajero", en sus palabras, la literatura de ficción que abusa de artificios verbales y "florituras".

Con la concesión al autor catalán, se cumple una ley no escrita por la que el Cervantes se concede alternativamente a un escritor español y a uno hispanoamericano. El año pasado el premio recayó en el argentino Juan Gelman.

Juan Faneca Roca nació en Barcelona y al morir su madre en el parto fue adoptado por el matrimonio Marsé. Mal estudiante, su niñez y juventud la pasó jugando en la calle, donde descubriría los escenarios que posteriormente aparecerían en su universo literario.

Tras publicar relatos en diversas revistas literarias, su primera novela, "Encerrados con un solo juguete", que se gestó mientras cumplía el servicio militar en Ceuta con 22 años, no se publicó hasta 1960.

En ese año se marchó a París, donde trabajó como traductor y guionista, y regresó a España para publicar su segunda novela, "Esta cara de la luna", a la que siguieron "Últimas tardes con Teresa", que en 1966 recibió el Premio Biblioteca Breve y que sería llevada en 1984 a la gran pantalla.

En 1970 publicó "La oscura historia de la prima Montse", a la que siguió en 1973 "Si te dicen que caí", que, prohibida por la censura franquista, fue publicada en México, donde recibió el Premio Internacional de Novela.

"La muchacha de las bragas de oro" le valió en 1978 el Premio Planeta, y a ese reconocimiento siguieron otros como el Ateneo de Sevilla en 1990 por "El amante bilingüe" o el Nacional de la Crítica por "El embrujo de Shanghái".

"Rabos de lagartija" obtuvo tanto el Premio Nacional de la Crítica como el de Literatura en 2000 y de cinco años después es la que es hasta hoy su última novela, "Lolita's Club".