Washington muestra las miradas de las prisioneras por tráfico de drogas en Perú

  • Washington, 29 abr (EFE).- La mirada de las mujeres condenadas por tráfico de drogas en la prisión peruana de Santa Mónica se acerca a Washington desde el objetivo del fotógrafo Chan T. Chao, en una exposición en la que los estereotipos quedan fuera del encuadre.

Washington muestra las miradas de las prisioneras por tráfico de drogas en Perú

Washington muestra las miradas de las prisioneras por tráfico de drogas en Perú

Washington, 29 abr (EFE).- La mirada de las mujeres condenadas por tráfico de drogas en la prisión peruana de Santa Mónica se acerca a Washington desde el objetivo del fotógrafo Chan T. Chao, en una exposición en la que los estereotipos quedan fuera del encuadre.

Los seis años y ocho meses de condena estándar por tráfico de drogas en Perú dan título a la muestra, que se expone hasta el 23 de mayo en la pequeña galería G Fine Art DC.

En la pared central la ecuatoriana Sofía abraza con expresión tranquila a su medio hermana, la peruana Mayra. Ambas viven en la prisión limeña de Santa Mónica desde que las capturaron en el aeropuerto de la capital, hace ya cuatro años.

Chao conoció a Sofía y a Mayra en 2006, cuando se encontraba de turista en Lima, y un amigo le comentó que una prisión cercana iba a celebrar un concurso de belleza.

La primera sensación que tuvo al pisar la cárcel, construida para 250 presas y que acoge a más de mil, fue la claustrofobia. Pero, lejos de captar la espectacularidad de la multitud, la cámara de Chao buscó los primeros planos, los gestos, las expresiones de cada mujer.

"Mi intención era que todo el mundo pudiera conectar con ellas de algún modo, que olvidaran que están en la cárcel", dijo Chao en una entrevista a Efe. "Aunque, para el mundo exterior, eso sea lo que las define. Es un equilibrio delicado", añadió.

Una de las presas, recuerda, se empeñó en evitar a toda costa que su fotografía transmitiera autocompasión. "Su mensaje era: 'estoy bien, puedo aguantar esto'. Lo que fuera menos dar pena", señaló Chao.

Esa disposición de las reclusas a ser retratadas es lo que más sorprendió al fotógrafo, de origen birmano y afincado en Washington.

La barrera del lenguaje -apenas habla español- y la vigilancia de los guardias le impidieron profundizar en las historias de las prisioneras autóctonas, señaló.

Consciente de que, sobre el papel fotográfico, la mezcla de nacionalidades se traduce en un contraste de colores, Chao aprovecha el azul intenso de los ojos de una holandesa maquillada en exceso para romper con la calidez de las miradas latinas.

En la pared opuesta una peruana vestida con un jersey de rayas abraza con cariño a su bebé. Según Chao, las presas pueden quedarse con sus hijos hasta que cumplen tres años, cuando tienen que entregarlos a su familia o al Gobierno.

En las fotografías de Santa Mónica, "una prisión atípica, alejada del aire institucional de las cárceles de Norteamérica", no hay uniformes, ni alambres, ni pueden verse guardias.

La cámara de Chan prefiere detenerse en las cortinas de una habitación, en el grifo de la cocina, en un gato o en un árbol de papaya.

Estos detalles le sirven para "crear atmósfera" y ofrecen pinceladas del escenario que rodea a las presas en Perú, muchas de las cuales ya presumen de dormir con un retrato profesional al lado de la cama.