Las mujeres rompen el monopolio masculino de los superhéroes en el cómic

  • Madrid, 7 mar (EFE).- El monopolio masculino de los superhéroes en el cómic está tocando a su fin con la llegada de nuevas autoras, que reivindican la presencia de mujeres en sus argumentos, y con más personajes femeninos, algunos creados por grandes de la historieta, como Alan Moore.

Las mujeres rompen el monopolio masculino de los superhéroes en el cómic

Las mujeres rompen el monopolio masculino de los superhéroes en el cómic

Madrid, 7 mar (EFE).- El monopolio masculino de los superhéroes en el cómic está tocando a su fin con la llegada de nuevas autoras, que reivindican la presencia de mujeres en sus argumentos, y con más personajes femeninos, algunos creados por grandes de la historieta, como Alan Moore.

Las viñetas perfilan a nuevas mujeres, lejos de las superheroínas que vivían a la sombra de sus antecesores como "Superwoman" o "Spiderwoman", que son protagonistas de sus propias aventuras y que aportan un enfoque "más realista", ha explicado a Efe María Teresa Valderrama, de la editorial Sins Entido.

"En el cómic ocurre como en todos los ámbitos en los que la mujer ha ido tomando su papel poco a poco, incluso más que el hombre", ha declarado a Efe Valderrama, quien asegura que estas obras han tenido una "excelente aceptación" porque "hacen que el lector tenga más puntos de referencia".

Un ejemplo de esta tendencia es "Persépolis", la obra de la iraní Marjane Satrapi sobre la situación política en tiempos de la revolución, que fue llevada al cine y llegó a ser candidata a la mejor película de animación en los Oscar de 2008.

"Persépolis" es la obra estrella de la colección "Nómadas" de Norma Editorial, que ejemplifica su contenido: "novelas gráficas que explican historias sociales" y "una colección de mujeres", según Álex Fernández, su editor.

La iraní Parsua Bashi, de la que los críticos han dicho que sigue los pasos de Marjane Satrapi, ha publicado recientemente "Nylon Road", una obra autobiográfica que plantea la resistencia de una mujer divorciada en Irán.

Autobiografía, mujer y cómic van de la mano, no sólo en Irán, sino también en el Líbano, como demostró "El juego de las golondrinas" (Sins Entido), de Zeina Abirached, que recoge en sus páginas una noche de bombardeos en el Beirut de los años ochenta.

"Nómadas" también ha viajado a África con la saga "Aya de Yopougon", en la que Marguerite Abouet -junto al dibujo de Clément Oubrerie- muestra otra cara del día a día en África a través de tres amigas del barrio de Yopougon, en Costa de Marfil. Tres jóvenes que habitan un espacio donde no todo es guerra y que quieren vivir sus vidas.

Pero también hay espacio para historias de mujeres contadas por hombres. "Olimpita", de Hernán Migoya y Joan Marín, se adentra en la vida de una pescadera de origen andaluz que sufre malos tratos; y "Lucille", de Ludovic Debeurne -una de las grandes promesas de la "nouvelle B.D" francesa-, está protagonizada por una joven que padece anorexia.

Más lejos de la novela gráfica, hay historietas protagonizadas por mujeres y escritas por grandes guionistas norteamericanos. En "Lostgirls", uno de los cómics más destacados de 2008, Alan Moore transgredió el estereotipo de las protagonistas de los cuentos infantiles -Alicia, Wendy y Dorothy- junto a su mujer, Melinda Gebbie.

Alan Moore también es el autor de la serie de cinco volúmenes "Promethea", donde las mujeres son protagonistas hasta el punto de "dominar a los hombres", según Álex Fernández.

Totalmente distinto al caso anterior es el de Terry Moore, representante del cómic independiente, que trata en "Strangers in paradise" el lesbianismo con una historia de amor y amistad protagonizada por dos mujeres y un hombre.

El cambio de tendencia se nota también en los salones dedicados al cómic, donde "últimamente hay más chicas que chicos", cuando "al principio sólo había azafatas", explica Álex Fernández, quien conoce de cerca al público que acude habitualmente a estas citas.

"Eso es lo que ha dado un giro en el cómic, porque la lectora femenina es mucho más exigente y busca una profundidad que va más allá de la imagen", concluye Fernández.

Mònica Faro.