Carlos Santana arrasa sin discusión en el Festival de Viña del Mar

  • Viña del Mar (Chile), 25 feb (EFE).- El guitarrista mexicano Carlos Santana ofreció este miércoles todo su talento a un público totalmente entregado en el que probablemente ha sido el espectáculo más brillante y completo hasta la fecha de la quincuagésima edición del Festival de Viña del Mar.

Carlos Santana arrasa sin discusión en el Festival de Viña del Mar

Carlos Santana arrasa sin discusión en el Festival de Viña del Mar

Viña del Mar (Chile), 25 feb (EFE).- El guitarrista mexicano Carlos Santana ofreció este miércoles todo su talento a un público totalmente entregado en el que probablemente ha sido el espectáculo más brillante y completo hasta la fecha de la quincuagésima edición del Festival de Viña del Mar.

Con casi dos horas de actuación, consiguió poner nerviosos a los presentadores del certamen, que tras entregarle las antorchas de plata y oro vieron como el guitarrista seguía rascando frenéticamente las cuerdas de su guitarra, transformadas ya en un apéndice de sus brazos, sin ninguna intención de detenerse.

El público quería más y el músico le correspondió, elevando las almas de las 15.000 personas que poblaron las gradas del recinto de la Quinta Vergara, sede del Festival, gracias a sus solos avasalladores.

Santana apareció silencioso y discreto, luciendo unos pantalones rojos y unos zapatos blancos a juego con su incondicional sombrero, combinados con una blusa verde de tintes africanos con la cara del cantante jamaicano Bob Marley dibujada a la altura de su corazón.

Un nutrido grupo de músicos, entre los cuales se encontraban tres percusionistas, un trompetista, un teclista y dos vocalistas, se encargó de darle cuerpo completo al virtuosismo del gran Santana, y entre todos dieron una gran lección de lo que significa el trabajo en equipo arriba de un escenario.

Tras casi media hora de concierto en el que regaló temas como "No one to depend on" o "Jingo La Ba", el guitarrista saludó al público con un "buenas noches Santiago de Chile", que fue silbado por algunos viñamarinos molestos por la inocente equivocación del artista.

El mexicano se mantuvo en una segunda línea buena parte del espectáculo, pero poco a poco fue cobrando protagonismo hasta acabar dirigiendo su propia banda como si de un director de orquesta se tratara.

El compositor del clásico "María" quiso rendir un tributo a la mujer, y dedicó esta canción a "todas las hermanas, madres, esposas e hijas" presentes en el recinto porque, según el artista, "si ustedes no están contentas, la vida no vale nada".

Armado con ocho guitarras, Santana las cuidaba como si de sus hijas se tratara, y reclinado en uno de los altavoces que le rodeaban, parecía que el virtuoso pudiera extraer más notas de las que este instrumento es capaz de emitir, alcanzando texturas sonoras casi desconocidas.

Sonó también "Corazón espinado", que no perdió su esencia a pesar de no contar con la voces originales de sus compatriotas de Maná, y también "África Bamba", que el mexicano interpretó abrigado con dos guitarras a la vez, una encima de la otra, alternándolas a su antojo.

Sin embargo, no todo fueron acordes ni punteados, ya que el artista también aprovechó para convencer a los oyentes de la necesidad de "coexistir con integridad, dignidad, alegría y compasión" en una Latinoamérica unida.

"Tú y yo somos arquitectos de un nuevo mundo, con más justicia y amor y menos crueldad", susurró el mexicano dirigiéndose al horizonte con un tono pausado y repleto de espiritualidad.

En el tramo final del apoteósico concierto se pudieron escuchar la popular "Smooth", que originalmente fue escrita para ser cantada junto al vocalista de Matcbox Twenty, Rob Thomas, y la famosa "Oye como va", que levantó al insaciable público viñamarino.

La banda recibió la gaviota de plata, el máximo reconocimiento por parte del certamen, y aunque todo el mundo se contagió de la magia rockera y mestiza que invadió la Quinta Vergara, no se sabe si disfrutó más el público o los músicos encima de la tarima.

Carlos Santana hizo valer su larga y reconocida trayectoria en su primera experiencia en el Festival de Viña del Mar, y quedó demostrado que, a pesar de sus 67 años, las arrugas no se posan sobre las cuerdas de su histórica guitarra.