Málaga.- La viuda de Miguel Ángel Samperio dona a la Fundación Marcelino Botín los manuscritos del compositor

SANTANDER, 30 (EUROPA PRESS)

Ángela Jiménez, viuda del compositor Miguel Ángel Samperio, ha donado a la Fundación Marcelino Botín el grueso de los manuscritos originales, apuntes, bocetos, etcétera, que dejó el músico a su muerte, algunos de los cuales se encontraban en Málaga.

Este hecho, según destacó la fundación, supone un hito fundamental en la recuperación de este autor, cuando se acerca el año 2010, décimo aniversario del fallecimiento de Miguel Ángel Samperio (1936-2000), uno de los compositores más importantes que ha dado Cantabria a lo largo del siglo XX.

Se trata de una donación importante por lo que significa de salvaguarda de unos materiales de alto valor cultural que se encontraban dispersos y bajo riesgo de perderse para siempre y porque con su ordenación y catalogación se facilitará el conocimiento de este autor, así como el estudio de su evolución creativa.

Los manuscritos musicales, junto con otros documentos valiosos como textos diversos, documentación personal y fotografías, se han ido recogiendo entre septiembre de 2008 y marzo de 2009 por el Centro de Documentación e Investigación Musical de Cantabria (CDIMC), perteneciente a la Fundación Marcelino Botín.

Estos 407 documentos se encontraban dispersos entre Madrid, Málaga y Santander, y representan el grueso de la obra de Samperio. No se descarta, sin embargo, que exista todavía más documentación en poder de otras personas por lo que se sigue trabajando para localizarla y poder sumarla a la recuperada ahora.

MÁLAGA

La donación, además de la colaboración de la viuda de Samperio, actualmente residente en Málaga, ha contado con la ayuda de la nonagenaria madre del compositor, doña María Flores, quien dio todas las facilidades para el acceso a su casa en Madrid, simplificando las tareas de recogida y recuperación.

Miguel Ángel Samperio Flores nació en Santander el 12 de agosto de 1936. Hijo de Saturnino Samperio Jáuregui, violinista y director de orquestas de baile, se inició en la música de la mano de su padre, dando sus primeros pasos profesionales, todavía adolescente, en las orquestas 'Los Cántabros' y 'Nino Samperio', con las que viajó por Europa, Hispanoamérica y Marruecos.

Estudió piano en el Conservatorio de Santander y también en el Conservatorio Superior de Madrid. En este último fue profesor ayudante del catedrático de contrapunto y fuga Francisco Calés. Pronto se interesó por la composición. Sus primeras obras datan de los años 50.

En 1966, ya casado con Ángela Jiménez, obtuvo una beca para estudiar en París con Nadia Boulanger, quien fuera amiga de figuras como Ravel o Stravinsky y maestra de compositores como Aaron Copland o Darius Milhaud, entre otros muchos. En 1969 logró la cátedra de Música de Escuelas Normales, motivo por el que regresó a Santander, donde permaneció el resto de su vida dedicado a la pedagogía, la composición y la gestión cultural.

Así, fue director del Aula de Música de la Universidad de Cantabria, de la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado, de la Sección Musical del Ateneo de Santander y responsable del Área de Música del Departamento de Educación de la Universidad de Cantabria.

En los años 80 fue responsable, igualmente, del Departamento de Música de la Fundación Marcelino Botín, encargándose de la programación y coordinación de las actividades musicales de la institución y dedicando gran atención a los conciertos pedagógicos. Se interesó por la psicología de la audición y llegó a crear un 'test de percepción sonora'. En 1980 fundó la Asociación Española de Musicoterapia. Es, asimismo, autor de un Tratado de Armonía.

Sus ambiciosas obras sinfónicas, como La Misa polifónica cántabra (1980) y el Concierto de violín (1978), se acompañan de otras de formato más reducido pero igualmente admirables, como la Tocata para piano (1983), el Trío para piano, violín y chelo (1985), el Cuarteto de cuerda (1993), las Danzas cántabras para dos pianos (1980), los Diez comentarios irónicos para dos violines (1989) o diversas obras corales.

CENTRO DE DOCUMENTACIÓN

El Centro de Documentación e Investigación Musical de Cantabria fue creado por la Fundación Marcelino Botín en 1996, consciente de la necesidad de prestar una atención sistemática y científica a un campo tan fundamental y definitorio de la cultura cántabra y sus tradiciones como es la música.

Se trata de una herramienta de recuperación, investigación y potenciación de todo lo relacionado con la música de la Comunidad en sus distintas vertientes. Tras un periodo de redefinición del proyecto y de sus estrategias, el CDIMC inició en 2008 una nueva etapa.

Los cuatro ejes fundamentales que orientan su actuación son: una permanente búsqueda y recopilación de patrimonio y recursos musicales cántabros (conservación); la organización de todos sus contenidos bajo los más modernos criterios informáticos, con vistas a interconectarlos y facilitarlos al máximo (virtualización); la potenciación de estudios sobre el patrimonio musical de Cantabria y la contribución a la ampliación del mismo en todas sus vertientes (creación), y la puesta en valor de todo ello de la manera más firme, amplia y eficaz posible (visibilidad).