J.J. Abrams, el niño que cambió nuestras vidas

El mundo del cine está necesitado de revoluciones. La principal, la más importante, está llegando de mano de la (en ocasiones) denostada televisión. Al igual que ocurrió durante la época de los 60 con series míticas como Misión Imposible o Los Ángeles de Charlie; en los últimos años ha habido un ‘boom’ de obras maestras como The Wire, Los Soprano, Two Feet Under (‘A dos metros bajo tierra’) o, más recientemente, Lost y Fringe. Estos dos últimas, sin embargo, tienen un denominador común: están servidas bajo el genio y la firma del nuevo niño prodigio de las pantallas, JJ Abrams.

Quizá por la ausencia de ideas originales en los guiones de Hollywood o por rescatar algunas de esas obras de la antigua televisión, cada vez es más común encontrarnos en las carteleras títulos conocidos por todos como Star Trek. Pero, ¿qué tiene de interesante un film con un alto contenido ‘sólo para fans’? Insistimos: el genio JJ Abrams.

El film, como reconoce el realizador en la presentación de Star Trek 11, está pensado para que pueda verlo cualquiera. Él mismo admite que, al entrar en el proyecto, consideró que “Star Trek no era un texto sagrado” . Y es que, mientras todos sus amigos de la infancia eran frikis reconocidos (perdón, trekkies) de la serie, a él se le atragantaba y ahora se siente “como si hubiera llegado tarde a la fiesta”. El principal defecto de Abrams, o quizá su pasión, estaba justo en el otro extremo de las carteleras: las aventuras de Skywalker y Han Solo a bordo del Halcón Milenario, en Star Wars.

Algunos de sus recuerdos de infancia están marcados por las visitas de los amigos de sus padres (ambos productos de cine), entre los que se encontraba Nicholas Meyer, director de algunas de las cintas originales de Star Trek. Estas contradicciones le han permitido escribir una versión que le gustara a él personalmente, y el proyecto final le entusiasmó tanto que decidió “dirigirla antes de que lo hiciera otro, me entraron celos de que algo tan grande pasara por unas manos que no fueran las mías”.

El regreso de Spock Pero, de todos modos, el guión de Abrams tenía una tara inicial. Para que existiera cierta coherencia a lo descrito en el guión, era indispensable el ‘sí’ de uno de los grandes: el Mr. Spock de la serie original Leonard Nimoy. Incluso, la omnipresencia de Nimoy supuso una ayuda fundamental para el nuevo Spock (Zachary Quinto), ya que estuvo presente y colaborador en todo el rodaje. Todo lo contrario sucedió con Chris Pine, que en su papel del Capitán James T. Kirk ha preferido mantenerse al margen de su predecesor William Shatner. Pine comenta que “nunca sustituiría a un personaje tan mítico”, y ha sido mejor para así “aportar cosas nuevas” a la ya de por sí compleja personalidad del Capitán.

El producto final, que ha sido posible compaginar con los otros proyectos del director como Lost o Fringe, ha sido posible gracias a su gran capacidad de delegar. Permanece fiel al mismo equipo desde los tiempos de Felicity, lo cual le permite implicarse y dedicar más tiempo en obras como la película. Aparte, dejó una perla para los seguidores de Lost, al reconocer que su estado natural es el de lost (‘perdido’).