Nelson Freire, un prodigio del piano que rehuye al "sistema", llega a España

  • Madrid, 22 mar (EFE).- En el mundo del piano clásico hay estrellas, divos y el brasileño Nelson Freire, un virtuoso que vive al margen del circuito comercial porque, dice en una entrevista con Efe, le "aburre" el "sistema". Ahora no sólo edita disco, dedicado a Debussy, sino que comienza gira por España.

Madrid, 22 mar (EFE).- En el mundo del piano clásico hay estrellas, divos y el brasileño Nelson Freire, un virtuoso que vive al margen del circuito comercial porque, dice en una entrevista con Efe, le "aburre" el "sistema". Ahora no sólo edita disco, dedicado a Debussy, sino que comienza gira por España.

"Es el 'sistema' el que planea por mí, con mucha antelación y exigencias, y todo es muy complicado", argumenta Freire (Boa Esperanza, 1944) para explicar sus reticencias y por qué es "tan frecuente" que cambie el programa de sus conciertos.

A pesar de ello, asegura que en la gira que le llevará desde el martes a Castellón (Auditorio), Zaragoza (24-Auditorio), Pamplona (25-Baluarte), Madrid (26-Auditorio) y Oviedo (28-Príncipe Felipe) interpretará el concierto para piano y orquesta de Beethoven conocido como "Emperador" y la sinfonía 5 en do sostenido de Mahler.

"No soy yo el que planea. Cómo voy a saber yo lo que ocurrirá el 11 de febrero de 2011. Ahora mismo estoy queriendo tocar una obra y pienso que voy a aprenderla de aquí a dos años, pero luego pasan otras cosas y ya no vale de nada ese plan. Es muy difícil cerrar los programas con tanta antelación", resume para justificar los cambios.

Freire actuó por primera vez en España de la mano del empresario Ernesto de Quesada -fundador de Conciertos Daniel- en 1965 y tardó 40 años en volver.

El viaje de 2005 le dejó buen sabor de boca, regresó en 2008 y a la gira de la próxima semana le seguirá otra visita, en el periplo que le mantendrá en Europa hasta julio, al Auditorio de Madrid, el 30 de junio.

"España -dice- es un país muy importante para mí porque aquí empecé a hacer giras y dar conciertos. Tenía ganas de volver, sentía 'saudade' porque son muy buenos recuerdos, de las ciudades, de la gente. Estoy muy a gusto, como en casa".

Acaba de editar, con Decca, su repertorio favorito para piano de Debussy y parece que ha vencido su gran resistencia a las discográficas, de la que da idea que no llegan a diez los discos que ha grabado un músico que comenzó a tocar el piano a los 3 años y debutó a los 5.

"Pasé 20 años sin grabar. Luego vinieron los discos de Shumann y Chopin -sus músicos talismán-, el de ahora de Debussy y estoy planeando otro de nocturnos de Chopin, y los conciertos con Chailly. En la música es todo difícil porque nunca se sabe qué puede pasar", asegura el pianista.

Ésta modestísima "rara avis" -"no soy una estrella, las estrellas están en el cielo"- ha cuadrado su introspectiva sensibilidad en la sensualidad de Debussy, en la "clave física" del compositor, y recubre de calidez doce pasajes del Libro I de sus "Preludes", "D'un cahier d'esquisses", seis de "Children's corner" y "Clair de Lune".

"Ahí reside el secreto. Escuchar la música y permitir que se exprese sola. No es tocar, es la sensación que me provoca. Es algo físico, que tiene que ver con su color, su sonido, pero no sé explicarlo. Me resulta muy difícil poner en palabras la música", afirma tímido.

Como intérprete toca lo que a él "le toca". Siente que es lo mismo que ocurre con las relaciones humanas: "durante la vida vas descubriendo cosas de los demás, de la forma en la que te relacionas con ellos y ese conocimiento hace que profundices en lo que te interesa, en lo que te llega al alma".

La técnica, remacha, es "importantísima", pero si no se conjuga con esa espiritualidad y esa sensación física "no hay nada. Es como no saber qué decir".

Freire, promotor de la importación de la "Jornada Loca" de música clásica a Río de Janeiro, recuerda con nostalgia el tiempo en el que en Brasil el piano era la segunda pasión después del fútbol, cuando Horowitz o Rubinstein eran aclamados por la calle y daban conciertos sin parar.

"Antes la gente era muy musical, había grandes pianistas. Ahora todo ha cambiado a peor. No hay nada de tiempo para disfrutar", agrega y propone hacer propio aquello de "cierra los ojos y abre los oídos".