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El Festival de Viña, un adolescente de 50 años

  • Santiago de Chile, 20 feb (EFE).- Como el protagonista del film "La increíble historia de Benjamín Button", el Festival de Viña del Mar nació con los achaques de un anciano y ahora retoza como un adolescente, aunque el lunes cumplirá 50 años.

El Festival de Viña, un adolescente de 50 años

El Festival de Viña, un adolescente de 50 años

Santiago de Chile, 20 feb (EFE).- Como el protagonista del film "La increíble historia de Benjamín Button", el Festival de Viña del Mar nació con los achaques de un anciano y ahora retoza como un adolescente, aunque el lunes cumplirá 50 años.

Corría el año 1960. Tres carabineros, cuatro tablas y cinco filas de sillas caseras. Así nació el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, el más famoso de América Latina y que hoy tiene un presupuesto de ocho millones de dólares.

Al año siguiente, el certamen se trasladó a su actual ubicación, la Quinta Vergara, y para su tercera edición ya convocaba diariamente a 5.000 espectadores.

Pero el gran salto lo dio cuando en 1963 comenzó a ser televisado. El público que se agolpaba en la entrada, derribó las barreras y se coló. Ese año el festival salió gratis.

Poco a poco la cita musical de Viña se iba conociendo fuera de Chile, el triunfador concursaba después en el Festival de Benidorm (España) y se vendían discos con las canciones ganadoras.

"Os quiero, os amo, os adoro" les dijo en 1969 a los espectadores un joven español que acababa de renunciar a la carrera futbolística. Años después, ya convertido en ídolo, les confesó emocionado que cuando tuviera un hijo le llamaría "Chile", pero, que se sepa, Julio Iglesias no ha cumplido su promesa aún.

En 1972 Televisión Nacional de Chile se hizo con los derechos de transmisión del festival, que en el año 2000 obtuvo su competidor, el Canal 13, de la Universidad Católica. En 2007 los dos canales hicieron las paces y desde entonces lo organizan juntas.

Al año siguiente el certamen musical fue reflejo de la tensión política que vivía el país y que siete meses después acabó en un cruento golpe militar encabezado por el general Augusto Pinochet.

En las ediciones posteriores hubo un desfile de interpretes de música romántica, como el español Camilo Sesto (1974) y el dúo Albano y Romina Power (1977).

La música melódica dio paso a lo que se conoció como la "canción ligera", con el venezolano José Luis Rodríguez "El Puma" (1980), el español Miguel Bosé (1981), enfundado en una malla de ballet que hoy todavía recuerdan sus admiradores, o la italiana Rafaella Carrá (1982).

Mientras en Londres y Nueva York arreciaban el punk y la "new wave", en Viña hacía su aparición la primera banda internacional de rock, The Police.

En los años siguientes, los artistas mexicanos descubrieron que a 7.000 kilómetros al sur había un filón por explotar y empezaron a desfilar por el escenario de la Quinta Vergara. El primero en enamorar a las chilenas fue Emmanuel (1983), después llegó la coqueta Yuri (1984) y más tarde un adolescente Luis Miguel (1985).

Para las bodas de plata, el festival ya se había ganado fama internacional y a los organizadores no les costaba mucho convencer a las luminarias del momento, como la escocesa Sheena Easton (1984) y la estadounidense Laura Branigan (1986) y el dúo Air Supply (1987).

Con el restablecimiento de la democracia, el Festival de Viña volteó la mirada hacia la comunidad iberoamericana.

En tres años desfilaron por su escenario el puertorriqueño Chayanne; el venezolano José Luis "El Puma"; el dominicano Juan Luis Guerra; los mexicanos Lucero, Garibaldi, Emmanuel y Ana Gabriel; los españoles Luz Casal, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina; los chilenos Illapu y La Ley, y la argentina Mercedes Sosa.

Deleitar el oído era para los organizadores tan importante como recrear la vista, así que en 1995 Antonio Vodanovic presentó el festival acompañado de dos miss Universo, la venezolana Barbara Palacios y la chilena Cecilia Bolocco, dos modelos, la mexicana Montserrat Oliver y la colombiana Sofía Vergara, y una actriz, la argentina Teresa Calandra.

Y Viña del Mar también ha sido refugio de grupos y artistas legendarios cuando la fama les empezaba a ser infiel, como sucedió con Durán Durán en 2000, Kool and the Gang en 2003, Tom Jones en 2007, y Earth, Wind and Fire, Peter Frampton y Journey en 2008.

Tal vea sea porque en plena madurez recuperan la vitalidad, como Benjamín Button.