Acordes y susurros proféticos

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Tal vez fue un acorde mal tocado por culpa de una cuerda peor tensada. Tal vez fueron los fantasmas de una casa que visitaba en sus escapadas a Londres. Tal vez fue la empanada mental producida por el cannabis. Tal vez fue la presión de un sello discográfico por sacar un nuevo disco, y otro, y otro más. Tal vez fue la relación no correspondida con una mujer, o con un hombre. Tal vez fue el momento que le tocó vivir, o la añoranza de un tiempo pasado, o el miedo a un futuro sin metas. Tal vez fue una equivocación. Tal vez no fuera nada de esto, y todo a la vez. Tal vez, tal vez.

Las incógnitas sobre la historia de un artista se multiplican en la misma proporción que lo hace el desconocimiento sobre la misma. La ausencia de preguntas o la falta de respuestas en vida desembocan en la creación de una leyenda con un aroma ambiguo en la que los rumores y las imprecisiones acaban ocultando la verdadera realidad. Lo original. Si una carrera transcurre con más pena que gloria al final queda enterrada en el olvido. Pero cuando el reconocimiento aparece con el paso de los años (muchos años) la figura del artista resucita con más sombras que luces.

Nick Drake, cantante y compositor inglés, educó su haber musical en los prolíficos años sesenta. Fue un músico enamorado del universo folk de Donovan, Bob Dylan y Simon and Garfunkel, seducido por las estructuras jazzísticas de Coltrane y Miles Davis, intrigado por las lecturas de Sartre y Camus. Pero también se contagió de los otros sesenta: los del venenoso “vive rápido, muere joven y deja un cadáver bonito”. De los que como Morrison, Joplin y Hendrix murieron demasiado pronto.

Como ellos, Nick tenía su propio lado oscuro (”Más oscuro que el más profundo mar” canta en Place to be). Y sus tres discos (Five Leaves Left, Bryter Later y Pink Moon) están empapados de esa atmósfera. Fruit Tree era una de esas canciones fatalistas. Como cuenta Joe Boyd, descubridor y productor de Nick, en el libro Blancas Bicicletas, la letra del tema pasó desapercibida en aquel momento. Pero, como se pudo comprobar más tarde (demasiado tarde), describía la situación en la que se estaba sumergiendo.

Fruit Tree es una composición acústica y lúgubre en el que la susurrante voz de Nick cabalga en solitario sobre unos amargos arreglos orquestales. Nick escribe que su talento no será reconocido hasta después de su propia muerte (”Fame is but a fruit tree, So very unsound, It can never flourish, Till its stalk is in the ground”). Cuenta que la vida es un teatro de tristezas en el que la gente no valora lo que tiene a su alrededor (”Forgotten while you’re here, Remembered for a while, A much updated rain, From a much updated style”) para rematar en la penúltima estrofa cantando que “se levantarán y mirarán cuando se haya ido” (”They’ll stand and stare when you’re gone”). Una letra profética de todo lo que vendría después.

Puedes escuchar esta canción en el Blip.fm de lainformacion.com.