El misterioso personaje de Maynard James Keenan


Foto: Maynard James Keenan durante un concierto. Foto: deelovely_67 (Flickr).

Foto: Maynard James Keenan durante un concierto. Foto: deelovely_67 (Flickr).

Tool saltó a la palestra en 1996 con un gran disco: Ænima, un trabajo complejo de metal progresivo con piezas de larga duración, atmósferas oscuras, letras crípticas y un equipo de músicos sobresaliente: el bajista Justin Chancellor, el guitarrista Adam Jones, el batería Danny Carey y el cantante y líder, Maynard James Keenan.

Gran parte del enigma, los lados oscuros y la múltiples interpretaciones que rodea su figura se encuentran en sus creaciones. El chico es un poco especial, vamos. Esta locura queda plasmada en la iconografía del grupo a través aspectos como su puesta en escena, los videoclips (y 2) o el artwork de sus discos, que le llevó a ganar el Grammy al mejor diseño en 2007 por el disco 10,000 Days, que incluía unas gafas para ver en tres dimensiones las imágenes del libreto.

Keenan decidió buscar un poco luz entre tantas sombras. Por eso, se refugió en otro proyecto a finales de los noventa muy mediático: A Perfect Circle, que, en una primera fase, estuvo integrado por Billy Howerdel, Paz Lenchantin y Troy Van Leeuwen. Sin olvidar las raíces metálicas de sus componentes, A Perfect Circle destilan canciones con mayor carga melódica, estribillos fácilmente digeribles y, sobre todo, estructuras aptas para radiofórmulas. Por esa razón, su primer disco, Mer de Noms, constituye uno de los mayores éxitos comerciales en la carrera musical de Keenan, con éxitos como 3 Libras y Judith.

En esta ocasión, la extravagancia de Keenan le llevó a crear su propio alfabeto de símbolos, muy popular entre sus seguidores y que, curiosamente, constituye en la actualidad una familia tipográfica.

La otra superbanda que nunca llegó a despegar fue Tapeworm, el esperadísimo proyecto junto con el cantante de Nine Inch Nails, Trent Reznor. Su nombre ha aparecido en incontables entrevistas y los rumores sobre su formación siempre fue un tema recurrente en los foros de la Red: Phil Anselmo, Page Hamilton o Josh Freese fueron algunos de los nombres que se barajaron. Sin embargo, en los casi diez años que duró este culebrón, nunca llegaron a editar un disco.

La última de este curioso personaje es Puscifer, un proyecto a medio camino entre la música y el espectáculo cabaretero que hace unos meses presentó en Las Vegas sin un rumbo fijo, al igual que el resto de bandas en las que participa.