Oasis, la chulería de jugar en casa

  • Benicássim (Castellón), 17 jul (EFE).- La tercera visita de Oasis al Festival Internacional de Benicássim se recordará por la chulería que ha impregnado la hora y tres cuartos de su concierto, tanto por haberlo basado en grandes éxitos de su primera etapa como por las poses de su líder, capaz de largarse dejando a medias su tema estrella.

Oasis, la chulería de jugar en casa

Oasis, la chulería de jugar en casa

Benicássim (Castellón), 17 jul (EFE).- La tercera visita de Oasis al Festival Internacional de Benicássim se recordará por la chulería que ha impregnado la hora y tres cuartos de su concierto, tanto por haberlo basado en grandes éxitos de su primera etapa como por las poses de su líder, capaz de largarse dejando a medias su tema estrella.

Tenían el partido ganado. Los hermanos Gallagher, Liam (voz) y Noel (guitarras), se enfrentaban confiados a una multitud de entregados compatriotas que hoy han convertido el FIB Heineken en una auténtica colonia británica en medio de la Costa del Azahar.

La proporción de "fibers" extranjeros respecto a españoles es, a primera vista, apabullante. Y es que este año han venido como nunca antes, de todas las edades y estilos, con todas las ganas del mundo de convertir durante cuatro días a Benicássim en la capital anglosajona de la fiesta sin fin.

El recinto de conciertos, ampliado hasta límites insospechados -tiene ya 105.000 metros cuadrados- y renovado en su estética -hay hasta "pubs" de diseño para cócteles y puestos de carnes argentinas a la brasa-, se ha quedado ya pequeño en su primera jornada, aquella que hace años solo abría parcialmente para celebrar unos cuantos conciertos de bienvenida a un público mayoritariamente español que escuchaba a grupos desconocidos y muy "indies".

Todo aquello ha quedado atrás y esta noche, Oasis ha pedido no recordar con rencor ("Don't look back in anger") sino afrontar el presente con realismo: el FIB Heineken es un acontecimiento sociocultural cuya proyección internacional y repercusión mediática y económica solo es ya comparable con los grandes y consolidados festivales de Inglaterra o los Estados Unidos.

Y los "fibers" británicos se lo toman como un triunfo futbolístico. Benicássim es su nueva capital veraniega, en ella disfrutan con sus grupos favoritos, prueban la sangría, se bañan en sus playas y duermen al aire libre con una sonrisa permanente.

Oasis les ha agradecido su entrega con diecinueve canciones; o veinte, si se cuenta el amago de "Whatever" con que Noel ha intentado capear el abucheo generalizado por la espantada de su hermano en medio de "Wonderwall", su tema más famoso, el que en 1995 les abrió la puerta de la inmortalidad dentro de aquel "(What's the story) Morning glory?" del que hoy han rescatado cinco piezas.

"Roll with it" o "Champagne Supernova" han acompañado así a otros grandes éxitos de la banda de Manchester, como "Live forever", "Rock 'n' roll star", "Slide away", "Leyla", "Supersonic" o el "I am the Walrus" de los Beatles que llevan haciendo suyo desde la década pasada, cuando eran los reyes -siempre polémicos y rentables- del llamado "britpop".

El sonido no les ha acompañado, la voz de Liam no se escuchaba con toda su intensidad y los primeros dos minutos de "Champagne Supernova" han sido cantados íntegramente por el público ante el vacío sonoro que se había producido.

Además, Noel ha exigido, por seguridad, que se bajara a la veintena de "fibers" que se había encaramado a lo alto de una torre de iluminación. Al fondo, en la colina frente al Escenario Verde, cientos de personas seguían tranquilamente el concierto.

El cantante de Oasis, pese a las dificultades técnicas, se ha erigido como el líder chulesco que se espera de él, vestido con una gabardina que ha mantenido abrochada todo el concierto -pese al bochorno que reina en la zona-, con su peculiar forma de cantar con las manos a la espalda, su pose desafiante ante el público, su estatismo.

Y esa forma de hablar, insultante, que ha hecho a varios "fibers" españoles devolverle los improperios; en castellano, por supuesto. Y es que los artistas extranjeros ya no se esfuerzan en Benicássim por chapurrear los típicos "gracias" o "sois un público estupendo". Juegan en casa y ganan por goleada.