Simón: del recuerdo a los fracasos


Nacho Vegas, el pasado mes de enero en L'Auditori. Foto: quiquelopez (flickr).

Nacho Vegas, el pasado mes de enero en L'Auditori. Foto: quiquelopez (flickr).

Matar al padre. Así puede considerarse una de las grandes historias con las que Nacho García Vegas (Gijón, 1974) coronó su debut en solitario. Su marcha de Manta Ray, hoy grupo de culto y entonces uno de los patrones del indie español, heredero del sonido noise de Sonic Youth o Dinosaur Jr, fue el comienzo como miembro único de un proyecto alargado en el tiempo y que ha engrandecido su figura como la versión española de Leonard Cohen o Nick Drake. Nacho Vegas se convirtió en Nacho Vegas. Actos inexplicables (Limbo Starr, 2001) supuso la ruptura del asturiano con todo su pasado y fue considerado como mejor álbum nacional del año por la revista especializada Rockdelux.

Su nuevo giro hacia un folk más intimista al más puro estilo de Townes Van Zandt fue aplaudido por crítica y público, probablemente por lo inesperado del resultado. Actos inexplicables marcó la tendencia de su posterior figura, a veces teatral (no digamos después de su colaboración con Bunbury) y repleta de un aura maldita. El disco fue coronado con una estrofa del Hazey Jane II de Drake: “If songs were line in a conversation, the situation would be fine”. Y vaya si lo consiguió.

El miedo, los recuerdos y los fracasos han sido constantes en la carrera de Vegas. Tanto es así que no ha dudado en reconocer que, tras esas letras, esconde gran parte de un humor negro y ácido que el público quizá no ha acertado a descubrir. Sus problemas con la cocaína y la heroína, los fracasos continuados o la utilización de los espacios físicos como sujetos personales se hacen presentes en sus canciones, dotándolas de una tremenda personalidad que no ha abandonado a lo largo del tiempo.

En su libro Política de hechos consumados, narra en forma de relato lo que no ha dudado en confirmar en público: El ángel Simón es, en realidad, su padre, un conocido miembro del Partido Socialista de Gijón y que influyó notablemente en su hasta entonces breve vida. El año 1994, el cuerpo sin vida de Simón Vegas era descubierto tras tres días muerto, con una carta de despedida en el ordenador. Pese a los rumores, y como afirma Nacho, no se suicidó; “le estalló el corazón mientras dormía”. Solo y arruinado, el momento en el que tuvieron que entrar a reconocer el cuerpo, el hedor de la habitación, las manchas de sangre en el colchón… se enumeran de manera sutil como los miedos propios que le han perseguido posteriormente, puede que para toda la vida.

Como en la Carta al padre de Kafka, los más de 8 minutos que dura la canción se transforman en un manifiesto de superación de la figura paterna, quizá reprochándole que se dejara morir tan pronto. Su padre siempre bromeaba con sus hijos cuando, al pasar por delante de una funeraria del centro de Gijón, les decía que se agachasen… para que no les tomaran las medidas. A él, al “ángel” Simón, se le olvidó agacharse.

Si quieres ver el videoclip de la canción entra en Youtube.