Surfeando las entrañas del sonido


Hay animales de escenario y animales patológicos. Devendra Banhartes uno de los últimos, esos pocos pero necesarios animales que se atreven con todo, le pongan delante una guitarra, una hoja de papel o un lienzo. Incluso comparte múltiples patrias que desentrañan por completo lo complejo de su personalidad. Venezuela, Estados Unidos, París… los lugares donde creció y desarrolló sus primeros momentos Devendra han influido en las melodías que compone en una idea de la música popular llevada al límite.

Si hubiera que definir su música en pocas palabras, habría que encauzarlas en el tan manido Do it yourself (hágalo usted mismo) propio de los Ikea y el punk. La historia del descubrimiento de Devendra ha sido contada en numerosas ocasiones: de cómo grababa con el contestador de su habitación de París y un cuatro pistas y comenzó se trasladó a tocar en garitos californianos. De esa primera época precursora de siete discos a su sonado noviazgo con la actriz Natalie Portman, el enfant terrible del nuevo folk americano ha tenido tiempo para experimentar y reunirse de una banda, Las Putas Solas, que le comprende y logra el sonido que quiere transmitir.

Su éxito ha sido comparado con el de CocoRosie, a las que conoce desde pequeño y cuya música también roza el lo-fi y el folk experimental. Tanto es así que a ambos los han metido en el saco del llamado New Weird America; un concepto acuñado por la revista Wire a todos los revisionistas de las bases del folk. Aparte de los anteriores, los nombres deJoanna Newsom, Vetiver y Antony And The Johnsons quizá sean los más conocidos de esta nueva ola de tipos excéntricos empeñados en sonidos tradicionales.

Desde que editara su primer disco, The Charles C. Leary, la producción devendriana no ha hecho sino tomar impulso y coger carrera. Casi a trabajo por año, la mayoría de ellos extensos y repletos de temas ocultos (su último álbum, Smokey Rolls Down Thunder Canyon, contiene canciones hasta de ocho minutos), mezclando el inglés con chapurreos de acento venezolano, melodías que recuerdan el tropicalismo y ritmos caribeños.

Y aunque el proyecto de Devendra Banhart tenga bastante de personalista y autorreferencial, parece que al venezolano no le sirve, y se ha montado otra aventura como ya hiciera en anteriores ocasiones (la más sonada, The Golden Apples of the Sun con Vashti Bunyan en 2004). Con el percusionista de Priestbird, Greg Rogove, uno de esos extraños elementos que tocan cuanto se le ponga por delante, y el baterista de los Strokes Fab Moretti, montaron Megapuss. Tras una portada en la que salían desnudos apuñalándose se esconde energía positiva y sin complejos. Sonidos que van del surf a la psicodelia y la constante fiesta.

Han acusado a Devendra de todo. De aprovecharse de la oleada de artistas revisitadores del folk, de ser un hippie con suerte, de utilizar su romance con Portman a su favor, de hacer prácticamente lo que le da la gana… Da igual si todo lo que toca lo convierte en oro, mientras siga siendo igual de divertido. Porque quién somos nosotros para juzgar si lo que hace es “auténtico” o no, mientras que suene bien, igual que el primer día.