Eduardo Arroyo, el "último mohicano" de la pintura, publica sus memorias en 'Minuta de un testamento'

MADRID, 25 (EUROPA PRESS) El pintor Eduardo Arroyo (Madrid 1937), quien se define como "el último de los mohicanos" de la pintura, se "desnuda" en letra impresa y publica sus memorias, bajo el título de 'Minuta de un testamento' (Taurus). Con grandes dosis de humor, socarronería y descaro, Arroyo se "libera" de su pasado y consigue "exorcizar" sus particulares demonios que encontró, bien en el Liceo francés, en su exilio parisino; bien durante la dictadura franquista o en el paraninfo de artistas y políticos actuales "incapaces de estar a la altura de las circunstancias". "Yo soy verdaderamente un hombre de izquierdas", reconoció en una entrevista con Europa Press este artista, quien en las páginas de sus memorias, es muy crítico con el partido al que ha votado y con los políticos de cualquier "bando" entre quienes predomina la "incuria, desidia e incompetencia" con tal de "conservar a toda costa" su escaño. "¿Qué quiere decir ser un hombre de izquierdas? Rodearse la garganta con un pañuelo palestino o enfundarse en camisetas de diferentes colores con la esfinge del Che Guevara o parapetarse detrás de una pancarta reclamando lo que no está escrito, sobre todo derechos y subvenciones", se pregunta el artista en las páginas de este libro, que no duda en calificar como "incorrecto políticamente". La derecha española tampoco se libra de su pluma mordaz y Arroyo asegura que en sus filas se encuentran los "gestos y caras" que siempre ha "detestado". "A veces, he llegado a pensar que rara vez hemos estado peor gobernados", confiesa Arroyo, para quien los ciudadanos viven "confundidos" frente a "los de arriba, los que se han adueñado de la cumbre, y que no respetan ni "los derechos individuales". Con la referencia directa al testamento de Gumersindo de Azcárate, político y pensador español que vivió a finales del siglo XIX, Eduardo Arroyo va desgranando sus propias ideas políticas, confiesa su anticlericalismo y ateísmo y su posición contraria al "folclore e intelectuales orgánicos" que " tiene detrás el PSOE e Izquierda Unida". CLINTELISMOS AUTONÓMICOS EN EL ARTE Asimismo, Eduardo Arrollo también es pesimista con el mundo de la cultura que está 'manga por hombro' y lleno de "clientelismos particularizados" favorecidos por las Comunidades Autónomas en donde es imposible vender un cuadro, "si no se tiene el carné" de la Autonomía correspondiente. "En Andalucía, Cataluña, Valencia, da lo mismo, sólo les interesa el carné del artistas que ha nacido en su comunidad, a excepción del País Vasco, que es muchísimo más libre", precisó el autor. En esta misma línea, Arroyo alegó que un país es "rico" si apuesta por las instituciones culturales y aseguró que nuestros museos están "casi todos mal", a excepción del Museo Reina Sofía, el Museo de Bellas Artes de Bilbao y el IVAM de Valencia. "Para mí el mundo del arte es extraño, todo se ha modificado, hay mucho intrusismo y está muy inmerso en la situación política y lleno de burocracia", denunció Eduardo Arroyo , hastiado de las sucesivas políticas culturales y de los "ministros de cultura de uno y de otro bando", que han pasado por las filas del Gobierno "con los que te morías de risa". En este sentido, Arroyo comenta en su libro la anécdota de cómo se acercó a Zapatero para quejarse de la anterior ministra de Cultura, Carmen Calvo con su "piquito de oro vacío y ruidoso" y el presidente del Gobierno le miró y le dijo que estaba al corriente y que la ministra no pasaría de las Navidades. "El caso es que dos años después de aquella conversación la mandó a freír anglicanismos a otra parte", cuenta Eduardo Arroyo. Tampoco sale muy bien parada en su 'Minuta de un testamento' la escritora y ex directora de la Biblioteca Nacional , Rosa Régas a quien Arroyo describe como "Miss Inquisición". VUELVE A PINTAR Orgulloso de su individualismo y de no necesitar y repetir consignas, y ya casi curado de la rotura de cadera que sufrió en noviembre y que le ha mantenido en cama, Arroyo anuncia que vuelve a pintar y que prepara una exposición que probablemente exhibirá en su galería Álvaro Alcázar de Madrid. "Si yo digo que voy a escribir mis memorias tengo que contarle al lector ciertas cosas íntimas, aunque no me divierta, porque yo tengo, aunque no lo parezca, sentido del pudor", reconoció hoy este arista que concluye su testamento literario de la siguiente forma: "Más vale un castigo de cinco a ocho los domingos por la tarde mientras los compañeros se solazan, que el confuso silencio de la prudencia".