El Museo del Prado se rinde ante Sorolla


La mayor exposición antológica de la obra del pintor valenciano Joaquín Sorolla (1863-1923) desembarca en el Museo del Prado, que termina así por reconocer la grandeza de un artista que gozó de popularidad y éxito pero no siempre, y tal vez justamente por lo anterior y por su tendencia al folclore, de todo el favor de  la crítica de élite. Con más de un centenar de obras, procedentes de diversos museos y colecciones de todo el mundo, la muestra que abrirá sus puertas al público la semana próxima permite recorrer en orden cronológico la evolución de Sorolla y observar de cerca las obras que le dieron fama internacional, entre ellas los 14 panales de la serie “Visiones de España”, pintados para la Hispanic Society of America y que por primera vez están en España.

Los propios responsables del Prado admiten el carácter de resarcimiento que tiene esta amplia exposición. La antológica, afirma uno de sus comisarios, José Luis Díez, jefe de Conservación de Pintura del Siglo XIX de la institución, “cumple una deuda que el propio museo tenía con esta figura. Sorolla es el último gran maestro de las colecciones modernas del Prado”.

La muestra, que inaugura el lunes la Reina Sofía y se abre el martes al público en general (hasta el 6 de septiembre), incluye las luminosas pinturas  que más reconocimiento le valieron al artista valenciano, con su particular culto al paisaje y al mar mediterráneos, pero también lienzos de sus etapas anteriores, con estilos diferentes y en los que es posible disfrutar de retratos, un desnudo y numerosas escenas de corte social de sus épocas en Roma y París.

Una veintena de las 102 obras reunidas, procedentes de los principales museos del mundo pero también de importantes colecciones privadas, han debido ser restauradas en los talleres del Prado. Allí también se les devolvió a muchas de ellas el marco que su propio autor había decidido que tuvieran cuando las creó, algunos de los cuales debieron ser recreados a partir de antiguas fotografías.

Esta exposición en el Edificio Jerónimos del Prado tiene el valor añadido de ofrecer una visión global de Sorolla, que ha sido objeto de numerosas exposiciones pero ninguna tan completa y abarcativa como esta del museo madrileño, con el único antecedente cercano por su objetivo y características de la monografía organizada en 1963 en el Casón del Buen Retiro por el Ministerio de Educación.

La perla de esta propuesta la constituyen los 14 paneles de grandes dimensiones que pintó hacia el final de su vida el artista valenciano para la sede neoyorkina de la Hispanic Society of America. El conjunto, que retrata la vida en las diferentes zonas de España, constituye uno de los proyectos decorativos más ambiciosos del pintor  y un magnífico epílogo a un recorrido artístico que se valió del costumbrismo como homenaje a la belleza más cercana, la de su tierra y su gente.