El pintor Mamani Mamani pone color al erotismo andino en su nueva exposición

  • La Paz, 26 mar (EFE).- El pintor de origen aimara Mamani Mamani, uno de los artistas bolivianos más internacionales, ha puesto color al erotismo andino en una nueva colección que le permitirá, por primera vez en su carrera, exponer en el Museo Nacional de Arte de su país.

El pintor Mamani Mamani pone color al erotismo andino en su nueva exposición

El pintor Mamani Mamani pone color al erotismo andino en su nueva exposición

La Paz, 26 mar (EFE).- El pintor de origen aimara Mamani Mamani, uno de los artistas bolivianos más internacionales, ha puesto color al erotismo andino en una nueva colección que le permitirá, por primera vez en su carrera, exponer en el Museo Nacional de Arte de su país.

"Sapos, whakabolas y algunas k'alanachas más" es el título de la última colección que Roberto Mamani (Cala Cala-Cochabamaba, 1962) expondrá desde mañana, 27 de marzo y hasta el 25 de abril en la principal pinacoteca de Bolivia.

En una entrevista con Efe, Mamani explicó que se trata de una serie donde el erotismo está muy presente pero no de forma explícita, sino sugerida y respetuosa, porque en la cultura andina las manifestaciones sexuales "no se muestran, se ocultan" y están relacionadas con la simbología de la fecundidad y la procreación.

Su propuesta se compone de tres series: "sapos" y "whakabolas", ejemplos del peculiar colorismo cubista que le ha hecho famoso, y las "k'alanchas", rotundos desnudos femeninos a carbón y lápiz, muchos de ellos trazados sobre páginas de anuncios clasificados de periódicos.

Con sus "sapos", Mamani Mamani recupera un símbolo de la cultura aimara relacionado con la lluvia y la fecundidad, al que el artista confiere un matiz erótico sugiriendo las formas de los órganos genitales femeninos.

En las "whakabolas", término que los aimaras emplean para designar los genitales del toro, el artista presenta el lado masculino del erotismo y el impulso sexual del hombre.

Se trata de animales sagrados en la cultura andina con los que Mamani Mamani invita a otras lecturas, porque los "sapos" también representan la viveza e ingenio de las personas frente al carácter "distraído" que simbolizan las "whakabolas".

"Pretendo recoger una realidad social que vivimos los bolivianos: en nuestra sociedad hay sapos y whakabolas", explicó a Efe este artista boliviano, quien definió su nueva exposición como "sugerente y llena de encantamientos".

Con los más de cien cuadros que componen su última colección, Mamani Mamani quiere además batir un récord de afluencia al Museo Nacional de Arte de Bolivia y superar los 24.000 visitantes que ha alcanzado la muestra más exitosa en esta pinacoteca.

Su objetivo no es superar una marca sino rasgar "la cortina del temor" que impide a muchas personas entrar en un museo, explica este pintor que cree que su obra ha roto con la visión elitista del arte en Bolivia.

"El arte debe masificarse, salir de las galerías y apropiarse de lo cotidiano. Debe alimentar a la gente. Esto forma parte de la cultura aimara: somos parte de una comunidad que te da cosas y tienes que corresponder", sostiene Roberto Mamani.

A pesar de haber expuesto en más de 20 países y ser autor de una iconografía boliviana presente hasta en las tiendas de "souvenirs", es la primera vez que los cuadros de Mamani Mamani "entran" en el Museo Nacional de Arte, lo que el artista atribuye a los prejuicios sobre su obra y su formación autodidacta.

Rechaza las etiquetas de "naif" y "primitivista" que le han colgado y defiende que su estilo "cubista andino tihuanacota" constituye un lenguaje propio inspirado en la cultura andina que no se puede encasillar en los movimientos clásicos occidentales.

Tras la exposición en el Museo Nacional de Arte, Mamani Mamani llevará sus sapos, "whakabolas" y "k'alanchas" a Noruega, donde tiene previsto inaugurar tres muestras.

También intentará hacer realidad, a través de la Fundación de Amigos que lleva su nombre, dos ambiciosos proyectos que tiene en mente desde hace una década: un gran museo-escuela a orillas del Lago Titicaca y una colección de monumentales "pachamamas" (la madre tierra aimara) para instalar en el altiplano boliviano.

Con la esperanza de sacar adelante estas iniciativas, Mamani Mamani reflexiona que un artista "debería tener dos o tres vidas para realizar todos sus proyectos".