Las "Cartas de París" de Ródchenko revelan la mirada serena del artista ruso

  • Madrid, 9 mar (EFE).- El artista Alexander Ródchenko viajó desde su Rusia natal a París en 1925 para erigir el Club Obrero de la URSS en la Exposición Internacional y con su "serena mirada" filtró en cartas y fotografías un mundo exquisitamente ajeno a él y a la Revolución que había triunfado en su país sólo 8 años antes.

Las "Cartas de París" de Ródchenko revelan la mirada serena del artista ruso

Las "Cartas de París" de Ródchenko revelan la mirada serena del artista ruso

Madrid, 9 mar (EFE).- El artista Alexander Ródchenko viajó desde su Rusia natal a París en 1925 para erigir el Club Obrero de la URSS en la Exposición Internacional y con su "serena mirada" filtró en cartas y fotografías un mundo exquisitamente ajeno a él y a la Revolución que había triunfado en su país sólo 8 años antes.

La Fábrica Editorial acaba de publicar "Cartas de París", 52 misivas, inéditas en España, dirigidas a su madre, su compañera, Várvara Stepànova, y a la hija de ambos, además de fotografías y dibujos de su trabajo y de su vida en París durante aquella intensa primavera.

"Este libro no rinde tributo únicamente a la memoria del pasado siglo XX o al trabajo de Ródchenko: nos hace destinatarios de Ródchenko. Se dirige a nosotros con su mirada sincera y serena de la vida", escribe en el texto Alexander Lavrentiev, nieto del artista y profesor de la Universidad Estatal de Diseño de Moscú.

De la importancia de este testimonio de Ródchenko, uno de los artistas de la Vanguardia Rusa, líder del Constructivismo, pintor, fotógrafo y diseñador, da idea que en 1927 el poeta Vladímir Maiakovski publicó sus cartas en 1927, en la revista de literatura y pintura "Novy LEF".

"Gracias a estas cartas -subraya Lavrentiev- vemos la cultura de Francia, de Rusia y de la Europa de aquellos años. Muchas de nuestras valoraciones e interpretaciones actuales coinciden con las suyas de entonces. Nos fiamos del parecer de Ròdchenko como nos fiamos de sus fotografías documentales".

El artista se encontró una Europa, un país y una ciudad en la que no chocaban atracciones en la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industrias Modernas de 1925 -que llegaba a tener cada día 200.000 visitantes- como "El Baño de los negros" o "No dejen dormir a las chicas".

En la primera, por un franco, si se atinaba en la diana el premio consistía en que "uno de los dos negros que estaban sentados en una plataforma caía al agua".

En la segunda, por dos francos y medio, el tirador podía arrojar cinco pelotas contra los círculos que aparecían sobre las camas en las que una joven morena y otra rubia permanecían tumbadas y tapadas con mantas. Si acertaba, "las chicas caían desnudas chillando".

A Ròdchenko todo esto le desagrada profundamente, y hace una crítica feroz de ese voluntario desapego por el respeto al ser humano. También le irrita "un París afeminado" que le parece simplemente ramplón desde el punto de vista artístico.

Pero Occidente también le permite algo que le hace muy feliz: comprar su primer equipo fotográfico, y con la "Leica" que adquiere logra "aquellos míticos y novedosos encuadres" de la ciudad, gran parte de ellos incluidos en el libro y hasta ahora desconocidos, así como de su trabajo para la Exposición.