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"Minuta de un testamento", memorias críticas de Eduardo Arroyo

  • Madrid, 25 mar (EFE).- La familia, la universidad, la religión, el matrimonio, la muerte, el exilio, la política, son temas que aborda Eduardo Arroyo en "Minutas de un testamento", obra que no pretende ser las memorias de un pintor.

"Minuta de un testamento", memorias críticas de Eduardo Arroyo

"Minuta de un testamento", memorias críticas de Eduardo Arroyo

Madrid, 25 mar (EFE).- La familia, la universidad, la religión, el matrimonio, la muerte, el exilio, la política, son temas que aborda Eduardo Arroyo en "Minutas de un testamento", obra que no pretende ser las memorias de un pintor.

Aunque se considera artista por encima de todo, el libro publicado por Taurus narra las historias y recuerdos "de un individuo que quiere explicarse muchas cosas, aunque otras muchas hayan quedado en el tintero", ha declarado el artista durante una entrevista con Efe.

Los recuerdos de Eduardo Arroyo transcurren intercalados e interrelacionados con las memorias de Gumersindo de Azcárate, "personaje muy interesante que está completamente borrado de la historia de España" y que fue uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza.

En este juego de espejos, de diálogo entre líneas, el autor reivindica el enfado como manera de enfrentarse a "la cultura de la queja y el victimismo" en unas reflexiones en las que ha trabajado durante cuatro años.

"Ha sido un encargo que me he hecho a mí mismo" y como no podía ser de otra forma el libro está lleno de nostalgia, humor y un cierto enfado crítico lo que, reconoce, es algo innato en él. "Mi actitud con respecto al medio y la sociedad en la que vivo es completamente crítica y es muy difícil que no aparezca esta postura en el rigor, en la desnudez de unas memorias".

Pero Eduardo Arroyo reivindica también la nostalgia, las pasiones y los elogios, presentes en las páginas del libro. "No es un rosario de improperios, hay muchísimos, pero también hay esa capacidad que espero no perder nunca de admiración y de sorpresa por ciertas personas y por ciertas cosas".

Espera que la lectura de estas memorias suscite la sonrisa del lector ante algunas situaciones. "Es un poco auto-irónico y lo mas cercano a lo que vivo y lo que soy. A algunos no les gustará pero qué le vamos a hacer, si se hubieran comportado mejor no les hubiera ocurrido esto".

Ejemplo son las mezquindades nacionalistas; la "ninja" y "barbarella pizpireta y fandanguera" ministra de Cultura nombrada por Zapatero; el comportamiento de la izquierda actual que le causa "indignación estupor y cierta vergüenza ajena"; la movida madrileña "sin talento, sin literatura, sin cine, sin arte, sin música, sin teatro", o la "insoportable intromisión del Estado en lo que debieran ser mis derechos y obligaciones".

Persona a la que no le preocupa crearse enemigos, respeta a los que saben contener la rabia, "quizá sean los mas sabios pero yo no puedo, me gustaría tener esa templanza, esa crítica que no se formula, ese pensamiento secreto. No me ha preocupado en mi vida crearme enemigos, aunque también tengo muy buenos enemigos, ya que hay que dar calidad a los enemigos, y tengo muy buenos amigos, mucha gente que me quiere mucho".

Sus palabras se suavizan cuando habla de la pintura "lo es todo, es mi propia vida. Es un oficio de vida y muerte: si te equivocas mueres", y se irritan al tratar la labor de los medios de comunicación.

"Cuando yo estudiaba periodismo éramos inexistentes y hoy lo son todo. Los políticos hacen su política a través de los medios de comunicación, lo que es el colmo de la aberración. El poder es tan enorme que se ha llegado al punto de susurrar a los legisladores y a los políticos sobre cómo nos tenemos que comportar. No he visto una sociedad tan encorsetada como esta. Aparentemente somos los más libres de Europa, pero no he visto tanta auto censura, conformismo y pensamiento único".

Recuerda Arroyo las críticas que recibió por asistir a la boda de la hija de José María Aznar, entonces presidente del Gobierno. "Yo voy porque me da la gana y porque me han invitado o es que tengo que dar cuentas al periodista o al Estado. ¿Dónde estamos?, esto no ocurre en ningún país del mundo".

En un panorama en el que "no hay esperanza", defiende "a Bacon en el Museo del Prado y a Goya en el Reina Sofía" ya que hay que ser libres para mezclar, "todo lo aparentemente bastardo, es positivo".

Su deseo es morir con los pinceles en la mano y que en su epitafio diga "Eduardo Arroyo. Pintor" que es "lo que realmente soy. Un pintor que hace muchas cosas pero que gira en torno a esa confrontación durísima y violenta que es con la pintura".

Mila Trenas