Se cumplen 10 años de la muerte del pintor Guayasamín, símbolo de Ecuador

  • Quito, 9 mar (EFE).- El Árbol de la Vida, en cuyas raíces reposan las cenizas del pintor Oswaldo Guayasamín, un símbolo de Ecuador, recibirá mañana una emotiva visita de la familia del artista que conmemorará así el décimo aniversario de la muerte del maestro.

Se cumplen 10 años de la muerte del pintor Guayasamín, símbolo de Ecuador

Se cumplen 10 años de la muerte del pintor Guayasamín, símbolo de Ecuador

Quito, 9 mar (EFE).- El Árbol de la Vida, en cuyas raíces reposan las cenizas del pintor Oswaldo Guayasamín, un símbolo de Ecuador, recibirá mañana una emotiva visita de la familia del artista que conmemorará así el décimo aniversario de la muerte del maestro.

En el jardín del complejo cultural de la Capilla del Hombre, la obra arquitectónica del artista, homenaje a la América precolombina, se levanta el árbol a cuyos pies descansan las cenizas del pintor ecuatoriano de los rostros y las manos, que murió el 10 de marzo de 1999.

Diez años después, su creación "está cada vez más vigente, porque estamos en esta búsqueda permanente de reflexión y de una nueva cultura de paz, y sus cuadros son un llamado desesperado para que los hombres dejen de agredirse entre sí", explicó a Efe su hijo Pablo Guayasamín.

Director ejecutivo de la Fundación Guayasamín y uno de los 10 hijos que tuvo el pintor, Pablo Guayasamín pone como ejemplo de la actualidad de la obra del pintor el cuadro "Mestizaje", que representa a una mujer joven "con mucha fuerza y mucho espíritu, mezcla de la raza española con la india".

Según el hijo del artista, de esa mujer "sale una nueva sociedad" que representa "el resurgir de una nueva raza que es mucho más humanista y que entiende mejor sus tiempos, que tiene unos valores diferentes a los que teníamos y que tiene muchas menos ganas de confrontar y sí más de entender y respetar lo que el otro piensa".

El maestro ecuatoriano, que afirmaba tener 3.000 años contados al sumar las vivencias, tristezas y alegrías de su pueblo indígena, tuvo como hilo conductor de su creación la denuncia de las injusticias, la pobreza y la desigualdad.

Por ello y porque supo trascender el momento histórico que le tocó vivir al tratar los temas eternos de la naturaleza humana, sus cuadros, de trazos enérgicos y a veces con una abstracción con reminiscencias de Picasso, aún hoy conquistan percepciones y nuevos amantes.

"Hay mucho nuevo público y crece en la medida en que la obra se vuelve universal" porque "ya no está en el momento histórico en el que él la pintó y que se asociaba a una visión política", sino que "ahora se amplía a todas las personas que defienden los derechos humanos, que los respetan", señaló Pablo Guayasamín.

Para el creador, pintar no era un trabajo, "pintar es otra cosa, es como hacer el amor, es una cosa que deseo cada día", declaró en vida, y esa misma pasión que le dedicaba al arte fue la que le guió en su búsqueda de una identidad común latinoamericana y en su preocupación por la injusticia social.

Guayasamín, que en quichua significa "ave blanca volando", afirmaba que el siglo XX "oscuro y violento", le obligó a llenar sus cuadros de una "enorme tristeza", de ahí los rostros agónicos de muchas de sus pinturas, denuncia de la tortura y el dolor humano.

El pintor sufrió un paro cardíaco en 1999 en un hotel de Baltimore (Estados Unidos) a los 79 años.

En alguna ocasión el artista afirmó que no creía en la muerte, que "los hombres se diluyen pero siguen viviendo a través de sus descendientes", y eso es lo que mañana conmemorarán sus hijos: que Guayasamín sigue vivo en ellos y en su obra.