"Imitación a la vida", cincuenta años del súmmum melodramático

  • Redacción Internacional, 16 abr (EFE).- Sublimación de un género frecuentemente desprestigiado, mañana cumple cincuenta años "Imitación a la vida", una de las cumbres del melodrama realizada por un experto, Douglas Sirk, y uno de los papeles más deslumbrantes de la siempre perfectamente peinada Lana Turner.

"Imitación a la vida", cincuenta años del súmmum melodramático

"Imitación a la vida", cincuenta años del súmmum melodramático

Redacción Internacional, 16 abr (EFE).- Sublimación de un género frecuentemente desprestigiado, mañana cumple cincuenta años "Imitación a la vida", una de las cumbres del melodrama realizada por un experto, Douglas Sirk, y uno de los papeles más deslumbrantes de la siempre perfectamente peinada Lana Turner.

"Imitación a la vida", en cuyo título se esconde el primer mandamiento del melodrama, se situó entre las cintas más taquilleras de su año y convirtió a Turner en la actriz mejor pagada gracias al porcentaje de beneficios, pero tuvo que esperar en cambio muchos años para ser reconocida por su calidad.

Sirk, al igual que Hitchcock, fue en su época víctima de su adhesión a un sólo género, y medio siglo después del estreno de una de sus películas más significativas, su obra es más reivindicada que nunca, pues esconde en los pliegues de lo convencional una gran riqueza de matices y una profundidad social dignas de análisis.

"Imitación a la vida", su última obra antes de volver a Europa -nació en Alemania y se crió en Dinamarca-, era una síntesis de sus claves enroscadas alrededor del indudable folletín: una actriz viuda y su hija contratan a una mujer negra como asistenta, cuya hija mulata reniega de su raza.

Así, pese a que la película era un "remake" de una cinta de John M. Stahl de 1934 -que a su vez se basaba en una novela de Fannie Hurst-, Sirk, de gran formación humanista y artística, supo enriquecer la historia con su elegancia, siempre marcada por una puesta en escena exquisita y un esplendoroso uso del Technicolor.

Pero sobre todo, compatibilizó los excesos de esa imitación, casi falseamiento de la existencia, con la agudeza terrenal de la reflexión realista sobre el concepto de éxito, la aceptación de uno mismo, la emancipación de la mujer y las asperezas del rol maternal.

Extracinematográficamente, "Imitación a la vida" era además la suma de dos dramas personales.

Por un lado, el del propio Sirk, que tras una carrera en Alemania con la que se ganó la admiración explícita de Goebbels, tuvo que huir del país cuando su segunda esposa, de origen judío, fue denunciada a las autoridades nazis por su primera mujer y madre de su única hija -a la cual el cineasta nunca volvería a ver..

Por otro, el de Lana Turner, cuya vida plagada de excesos había vivido un año antes una de las historias truculentas del mundo del espectáculo de la época.

La que pronunciara aquello de "siempre quise tener un marido y siete hijos pero sucedió al revés", luchó a lo largo de su carrera por demostrar que sus dotes como actriz estaban a la altura de su estatus de estrella.

Sin embargo, según la leyenda negra de Hollywood, ofreció su mejor interpretación al comparecer ante el juez como testigo del asesinato de su amante, el gángster John Stompanato.

La acusada no era otra que su hija, Cheryl Crane, y tras los testimonios de Turner, en los que relataba entre lágrimas el maltrato sufrido a manos del mafioso, la joven fue absuelta, no sin levantar las suspicacias acerca de su posible relación sentimental con el amante de su madre.

Siendo "Imitación a la vida", en parte, una historia de sacrificio materno e ingratitud filial, el morbo fue inevitable, y, por si fuera poco, el personaje principal fue convertido en actriz para poder realizar el despliegue de vestuario más caro de su época para mayor gloria de Turner en su vuelta a las pantallas.

El oportunismo, entonces, fue otro de los obstáculos con los que topó Sirk para que su cinta fuera tomada en serio y que la convirtió originalmente en una de esas películas llamadas despectivamente "para mujeres".

Como en el caso del maestro del suspense, fue también la revista francesa "Cahiers du Cinéma" la primera en reivindicar a Sirk y descubrir las joyas que se escondían tras el culebrón en cintas como "Sólo el cielo lo sabe" (1955) o "Escrito sobre el viento" (1956).

Años más tarde, ha sido reconocido como influencia en cineastas iconoclastas como John Waters, Reiner Fassbinder, Quentin Tarantino, o Pedro Almodóvar y homenajeado por la película de Todd Haynes "Lejos del cielo" (2002).