Homenaje a una vida


Solemos ser injustos con nuestros mayores. Cuando las arrugas aparecen y los cinco sentidos ya no funcionan como siempre lo habían hecho aparece la maldita convención social que nos autoriza a apartarlos de nuestro camino. Los esquivamos y, a veces, los tiramos en ese injusto arcén del olvido. En el plano musical, son pocas las trayectorias que envejecen con la misma paciencia que lo hace un buen caldo riojano. El tiempo corre, no da tregua. Nuevos talentos llaman a la puerta con mucha fuerza y el ahora, siempre caduco, se acaba imponiendo al fue.

Johnny Cash, memoria histórica del folk-rock americano, cumplió con la evolución natural de un artista contemporáneo. Formó parte de la primera generación de cantautores liderada por el mítico sello de Memphis Sun Records, pionera del rock and roll y fábrica de fenómenos como Elvis Presley, Jerry Lee Lewis o Carl Perkins. Pronto, él se convirtió en otra estrella. Fue el cantautor reivindicativo, el contador de historias, el hombre que sedujo a la también compositora June Carter hasta el final de los días, el revoltoso y alcohólico, el Hombre de Negro que ha firmado una de las carreras musicales más largas del siglo pasado.

Eso debió pensar Columbia Records, su casa discográfica durante casi treinta años. Inmersos en la década de los personalísimos Michael Jackson, Madonna o Whitney Houston y los dinosaurios eléctricos AC/DC o Metallica, el viejo Cash ya sonaba antiguo y pasado de rosca. Su corta estancia en otro sello tampoco sirvió de nada. Hasta que apareció el productor que-todo-convierte-en-oro Rick Rubin, descubridor de bandas tan dispares como los Beastie Boys, Slayer o los Red Hot Chili Peppers.

El dúo Cash-Rubin se saldó con cinco discos, los conocidos como American Recordings. Y una canción: Hurt. Una versión de un éxito de la banda de rock industrial Nine Inch Nails que el barbudo productor pidió prestada y entregó a un Cash ya debilitado por la enfermedad. No fue un impedimento. Éste se encargó de domesticarla, de hacerla suya y de envolverla en un sonido acústico y una voz propios.

El videoclip del tema, rodado por Mark Romanek, fue un homenaje a toda una vida. Destila la negrura de su guitarra, de su vestimenta, de él mismo; y un halo amarillo crepuscular premonitorio. Cuando canta “but i remember everything” comienza un montaje en paralelo con imágenes que recuerdan los grandes momentos de su vida: los viajes en tren a la siguiente ciudad de la gira de turno, la foto de su mujer recién fallecida, las fotos y carteles de promoción, su hija, los premios, un disco enmarcado de Columbia con el cristal resquebrajado. Hasta llegar al clímax sonoro que enlaza con la última estrofa (”If I could start again, a million miles away, I would keep myself, I would find a way”). Y la calma.

Hurt recabó varios premios y el álbum que contiene la pieza, The man comes around, fue el más vendido por el artista en treinta años. Cash volvió a la primera línea de batalla y se hizo un hueco entre el público joven, que supo valorar su creación y volver la mirada al pasado. A los orígenes, a lo que fue antes de volver a ser. Pero el Hombre de Negro no regresó para quedarse. Murió al poco de rodar el videoclip, cuatro meses después de hacerlo su mujer. En paz y con el reconocimiento que merecía.

Escucha ‘Hurt’ de Johnny Cash en el Blip.fm de lainformacion.com.