El debate sobre la eutanasia aumenta en Europa


BRUSELAS — Acabar con la propia vida resulta una opción sencilla para los británicos, que desde este mes son los primeros en poder adquirir un estuche de medicamentos diseñado por el doctor Philip Nitschke para acabar con su vida. No es extraño que a este australiano se le califique como Doctor Muerte. Nitschke, fundador de la organización Exit International, dice que el cóctel de fármacos ayudará a la gente a tomar sus propias decisiones y espera que su nuevo producto reduzca la ansiedad entre quienes se plantean el fin de su vida.

El debate sobre la despenalización de la eutanasia y el suicidio asistido está creciendo en Europa, al igual que la presión sobre algunos gobiernos para que se cambien las leyes y se permitan algunas prácticas. Nada lo ilustra con más claridad que lo que ha ocurrido recientemente en Luxemburgo. El Gran Duque Enrique anunció en diciembre que no apoyaría la ley para la despenalización del suicidio asistido que había aprobado el parlamento. Alegó motivos de conciencia por su fe católica. La constitución luxemburguesa otorga poderes ejecutivos al monarca y las leyes requieren su firma para entrar en vigor.

En consecuencia, el parlamento decidió cambiar la constitución y el Gran Duque de Luxemburgo perdió su poder para rechazar las leyes. La votación siguió adelante, y la legislación sobre suicidio asistido entró en vigor en marzo. La nueva ley permite a los enfermos terminales cometer suicidio si lo piden de manera reiterada y logran el consentimiento de dos médicos y de un panel de expertos. Legal en Luxemburgo, Holanda y Bélgica

Por lo tanto, Luxemburgo se ha convertido en el tercer país de la Unión Europea que permite la eutanasia. Los Países Bajos fueron el primero, en 2002, bajo condiciones estrictas parecidas a las de Luxemburgo. Le siguió Bélgica. Fuera de la UE, Suiza permite ayudar al suicidio, pero no permite administrar drogas mortales. La eutanasia también es legal en Albania, en los estados norteamericanos de Oregon y Washington y, en distinto grado, en unos cuantos países más del planeta.

El debate público se disparó en 2008, tanto en países que permiten la eutanasia como en los que la rechazan. Cuando el escritor belga Hugo Claus, enfermo de Alzheimer, optó por terminar con su vida el 19 de marzo, la polémica volvió a reabrirse en su país, donde la eutanasia es legal desde 2002. Casualmente, ese mismo día Chantal Sebire fue hallada muerta en su casa de Dijon, Francia, después de haber rogado sin éxito al presidente Nicolas Sarkozy que permitiera a sus médicos terminar con la enfermedad rara (estesioneuroblastoma) que había desfigurado su cara con dolorosos tumores. La ley francesa sólo permite rechazar sistemas de prolongación artificial de la vida para los enfermos terminales, pero no permite la eutanasia activa, y un tribunal denegó la petición de Sebire. Cuarenta y ocho horas más tarde, fue encontrada muerta en su casa. La autopsia reveló que la causa de muerte fue un cóctel letal de drogas. El ministro de Asuntos Exteriores francés Bernard Kouchner, que también es médico, está entre quienes se muestran a favor de permitir la eutanasia en determinados casos.

Y en julio la atención se desvió hacia Italia, en donde la eutanasia es ilegal pero los pacientes tienen el derecho a rechazar métodos para prolongar la vida. La familia de la enferma en coma Eluana Englaro, de 38 años, había pedido que se pusiera fin a los métodos que la llevaban manteniendo con vida desde hacía 16 años, tras un accidente en coche.

Los médicos demostraron que Englaro no se iba a despertar nunca de su estado vegetativo, y su padre testificó que ella no hubiese querido seguir con vida artificialmente. Un tribunal determinó que los tubos que la mantenían con vida podían ser retirados, y pese a los intentos del primer ministro Silvio Berlusconi para volver a conectarla a las máquinas, Englaro murió al cabo de tres días. El gobierno italiano retiró las amenazas de perseguir a los médicos que ayudaron a la familia, pero prometió que se revisarían las leyes al respecto. Los legisladores y la opinión pública continúan divididos al respecto.

Retransmisión de un fallecimiento

Pese a la intensa cobertura de algunos de estos casos, quizás ninguno de ellos ha sido más gráfico o provocó más reacciones que la muerte en 2006 del estadounidense Craig Ewert, que fue grabada y emitida en un programa de televisión en la cadena Sky Television en diciembre. Aunque ya se había podido ver en Canadá y Suiza, fue su emisión en Gran Bretaña la que disparó la controversia.

Ewert había sido diagnosticado con una enfermedad degenerativa nerviosa mientras vivía en Gran Bretaña, y poco a poco fue perdiendo la capacidad para cuidar de si mismo. En el Reino Unido hay una distinción legal entre eutanasia pasiva (la retirada de mecanismos que prolongan la vida, que está permitido) y la eutanasia activa, que significa que cualquier persona que ayude a otra a cometer un suicidio puede ser perseguida por asesinato. Para evitar problemas legales a su mujer, Ewert viajó a Suiza, donde tomó un cóctel de barbitúricos letal en las instalaciones de Dignitas, uno de los grupos de defensa de la eutanasia más conocidos internacionalmente.

*Teri Schultz realiza la cobertura de la Unión Europea para GlobalPost. Anteriormente ha trabajado para medios como CNN, Reuters, Fox News y ABC.