La ceguera de los ríos nubla la vista de África


La ceguera del río incapacita a miles de africanos para su vida diaria. Es el caso del granjero tanzano Leo Khalfam | GlobalPost

La ceguera del río incapacita a miles de africanos para su vida diaria. Es el caso del granjero tanzano Leo Khalfam | GlobalPost

MNGAZI (Tanzania) — Un hombre con los ojos nublados se sienta cerca de una chabola de barro y cañas en el poblado ribereño de Mngazi. Sus cinco hijos corretean alrededor, mientras su mujer cocina atiende una olla al fuego. Solía cultivar maíz, pero hace tres años le empezaron a picar los ojos. Ahora está totalmente ciego y no puede trabajar. No sabe qué ha ocurrido, y no es el único vecino que ha perdido la visión. Dice que fue a visitar a un curandero, pero no le pudo ayudar.

La ceguera de este hombre no es producto de la magia, sino de una pequeña lombriz que ha invadido su cuerpo. Es uno de los 37 millones de personas en todo el mundo, la mayoría de ellas en el África subsahariana, que sufren oncocercosis, una enfermedad conocida también como la ceguera de los ríos.

Para muchos africanos resulta casi imposible evitar esta enfermedad, que se transmite a través de moscas que se reproducen en las aguas limpias y en movimiento utilizadas para beber, bañarse o lavar la ropa. Las moscas transmiten el parásito a los humanos mediante picaduras. Posteriormente, las lombrices anidan y se reproducen copiosamente en el interior del cuerpo, pegadas a los huesos protuberantes.

Estas pequeñas lombrices son las que desencadenan la enfermedad, que en sus primeras etapas se caracteriza por un incesante picor que impide cualquier tarea, incluso dormir. La gente llega a no poder conciliar el sueño durante años por culpa de los picores. Además, en las etapas más avanzadas, la enfermedad puede dejar a la víctima totalmente ciega.

La ceguera de los ríos se puede curar (y la medicación se puede conseguir de forma gratuita), pero todavía no se ha conseguido erradicar.“La oncocercosis es una enfermedad olvidada”, afirma el doctor Sungwa Ndagabewene, quien trabaja en la región tanzana de Southern Highlands, en una oficina rodeada de flores y gallinas. “Es una enfermedad que necesita más atención, porque se puede eliminar si ponemos más esfuerzo en ello”, dice.

Irritación incesante

Ya existe una medicina efectiva para este parásito (Ivermectin, de Merck), pero a veces resulta difícil convencer a la gente para que se la tome. La medicación no mata a las lombrices adultas, sino que reduce su ritmo de reproducción y termina con sus crías más agresivas. Cuando los enfermos comienzan a tomar la medicina, la primera reacción puede ser de picores fuertes e hinchazón, porque los parásitos más pequeños que están dentro del cuerpo empiezan a morir.

Este tratamiento se debe de tomar cada año durante todo el ciclo vital de una lombriz adulta, que es de unos 15 años. Además, todos los habitantes del poblado deben de tomar la medicina (excepto los niños pequeños, las personas muy enfermas y las mujeres embarazadas o lactantes), o de lo contrario el parásito continuará reproduciéndose e infectando a la población

Sin embargo, la gente a menudo deja de tomar el tratamiento al cabo de unos cuantos años, en cuanto nota que remiten los síntomas, según explica el ministro de Salud y Bienestar Social de Tanzania, David Mwakyusa. En las comunidades que han estado recibiendo el tratamiento durante mucho tiempo, los más jóvenes a veces tampoco son conscientes de la enfermedad, indica la doctora Uche V. Amazigo, encargada de un programa panafricano contra la oncocercosis de la Organización Mundial de la Salud (OMS).”Ni siquiera recuerdan lo que es la oncocercosis, y eso es parte del problema”, dice.

Tratamiento de 54 millones de personas

Durante la última década Amazigo y su equipo han desarrollado un método para distribuir la medicación en cada poblado a través de una red de miles de voluntarios locales. El programa de la OMS trata a unos 54 millones de personas cada año en 15 países, y ha logrado reducir la incidencia de la enfermedad en un 30 por ciento. Los picores han disminuido en un 55 por ciento y los problemas de visión y ceguera se han recortado en un 35 por ciento.

La OMS intenta que los gobiernos nacionales asuman la financiación de los programas contra esta enfermedad una vez que ya están en marcha, pero resulta complicado. “La oncocercosis no está en los primeros lugares de sus presupuestos, en comparación con el sida o la tuberculosis”, admite el doctor Wade Asyukile Kabuka, un oftalmólogo que coordina el proyecto en la región de Ruvuma, Tanzania.

Muchos habitantes de los poblados tampoco se creen que la medicina se distribuya de manera gratuita, por lo que el personal sanitario tiene que desmentir además la idea generalizada de que se trata de una conspiración para esterilizarles. En Tanzania, intentan convencer a la gente para que tome la medicación diciéndoles que en realidad servirá para mejorar su vida sexual.

Después de tomar la medicina, “la gente ha notado un aumento de la libido, así que empiezan a pensar de otro modo”, dice el doctor Meshack Massi, de Ulanga. “Al desaparecer los picores, uno vuelve a recordar que tiene una pareja al lado en la cama”, bromea.