Científicos detectan en el aire de Madrid y Barcelona hasta cinco clases de drogas

((Vincular a la noticia anterior sobre el mismo tema))

BARCELONA, 13 (EUROPA PRESS)

Científicos de Madrid y Barcelona han comprobado la validez de un método pionero en España para detectar el consumo de drogas, mediante el análisis de las partículas aéreas en suspensión, y han certificado la presencia en el ambiente de hasta cinco clases de drogas en las dos zonas analizadas.

A pesar de ello, los investigadores indicaron en una nota remitida hoy que los datos recogidos no son representativos del aire presente en las dos ciudades, puesto que el estudio se limitó a dos zonas muy concretas y se centró en "poner a punto la metodología".

El equipo, formado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), del centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat) y del Instituto Catalán para la Investigación del Agua (Icra), indicaron que el método aplicado permitirá "disponer de herramientas que permitan evaluar" el consumo de drogas entre la población "de forma rápida y anónima".

Los científicos certificaron la presencia de hasta 17 componentes pertenecientes a cinco drogas diferentes, entre las que destacó la presencia de partículas atribuibles a la cocaína, por encima de anfetaminas, opiáceos, cannabinoides y ácido lisérgico.

En todas las muestras, recogidas en dos zonas concretas de Madrid y Barcelona, se hallaron niveles detectables de cocaína y de su metabolito, la benzoylecgonina, así como un cannabinoide, el tetrahidrocanabinol (THC).

Las concentraciones variaron entre entre los 29 y los 850 picogramos por metro cúbico (un picogramo es la billonésima parte de un gramo), si bien fue durante los fines de semana cuando se registraron las concentraciones más altas.

El estudio, que se publica esta semana en la revista 'Analytical Chemistry', se hizo a partir de la instalación de unos filtros de microfibras de cuarzo que recogieron las partículas suspendidas en el aire.

Los investigadores destacaron que, en ningún caso, los niveles medidos suponen un peligro para la salud humana y precisaron que ni siquiera respirando durante 1.000 años el aire estudiado se llegaría a consumir el equivalente a una dosis de cocaína.