¿Conciliación familiar? Una utopía posible, pero con adversarios cerca de tu escritorio


  • El 77% por ciento de los jóvenes tienen por familia ideal aquella en que ambos miembros de la pareja trabajan.

  • El ambiente laboral somete a las parejas con hijos pequeños a una batalla que suele tener el mismo perdedor: la mujer.

En el día de la mujer trabajadora, se reivindican los espacios de conciliación para padres y madres

En el día de la mujer trabajadora, se reivindican los espacios de conciliación para padres y madres

El 77% por ciento de los jóvenes tienen por familia ideal aquella en que ambos miembros de la pareja trabajan. Los hombres, además, no quieren ser padres ausentes: desean estar en casa y participar en el cuidado de sus hijos. Son las nuevas familias españolas, las que ahora se las ven y se las desean para encontrar trabajo, pagar la hipoteca y… elevar la escuálida tasa de natalidad española. Tienen dos sueldos (con suerte) y sueñan con una palabra: conciliación, poder trabajar y cuidar de los niños (¿niños, dije?, mejor en singular: niño) sin sentir que para cumplir con uno tengo que perjudicar al otro.

María José González López, doctora en sociología y coautora del estudio "Padres y madres corresponsables" quiere convencer a los lectores de lainformacion.com que la conciliación es "una utopía posible". Cada vez más políticos y empresas se van convenciendo de sus beneficios, entre ellos, que previene la discriminación laboral de las mujeres. Pero aún quedan adversarios... y muchos son como cualquiera de nosotros. A veces están incluso al lado de tu escritorio.

¿Dónde está el gran enemigo de la conciliación?

En los ambientes de trabajo, y no me refiero sólo a los jefes sino también a los propios compañeros. En el ámbito laboral aún prevalecen los valores tradicionales. No se valora la productividad, sino el que se queda más tiempo, aunque sea calentando la silla.

¿Esta presión laboral afecta tanto a hombres como mujeres?

Más a ellas, pero también a ellos. Las mujeres que trabajan en estos ambientes hostiles a la conciliación perciben que cuando se quedan embarazadas no les miran igual. Los hombres se lo piensan dos veces antes de tomar su baja parental de 15 días. Muchas veces se oye aquello de "la empresa no puede prescindir de ti durante dos semanas". Se olvidan de que la llegada de un hijo es un momento clave en la trayectoria vital de las personas.

Mercedes González López, socióloga y experta en conciliación

¿Cómo cambiar esta dinámica?

Rompiendo esquemas. Debemos convertir en algo normal que no sólo las mujeres, sino también los hombres desaparezcan del centro de trabajo unos días cuando son padres. Hoy en día se percibe que no eres un trabajador comprometido si das prioridad a la familia, como si no fueras parte del equipo y como si estuvieras cargando de trabajo a los demás. En ciertos entornos laborales no está bien visto ser buen padre, tal y como suele entender la mujer este "ser buen padre".

¿Quiénes son más responsables en la falta de conciliación, los poderes públicos o las organizaciones privadas?

Ambos se retroalimentan. Sería muy positivo que las licencias parentales fueran obligatorias. La gente tiene asumido que son las mujeres quienes se deben tomar las bajas. Pero tanto ella como el niño también necesitan del padre. A los padres les rompe el corazón tener que dejar a bebés de pocos meses en escuelas infantiles. Muchos recurren a excedencias no retribuidas o a los abuelos, pero no todos pueden hacerlo.

Si usted pudiera tomar medidas para impulsar la conciliación, ¿cuáles serían las primeras?

Le cito tres:

  1. Terminar con la discriminación por género: a las mujeres les dan 16 semanas por maternidad, a los hombres, 15 días por paternidad. Los padres tienen derecho a serlo de manera efectiva. Disponer de tan poco tiempo no lo favorece.
  2. Escuelas públicas de educación infantil a partir de los 0 años. Ahora sólo está garantizada a partir de los 3 años.
  3. Permitir las jornadas laborales continuas. Es decir, que quien así lo desea, pueda comer en media hora, de manera que se pueda salir de la oficina a una hora para estar con la pareja y los hijos. Hay que medir la productividad de los trabajadores según los objetivos, no por lo que calientan la silla. Tenemos muchos ejemplos de esto en Europa.

¿Cuál es la mejor jornada laboral para una familia tipo?

Aquella que permite recoger al niño en el colegio por la tarde, a las 5 ó 6 de la tarde. Eso significa que hay que comenzar a trabajar antes y hacerlo en una jornada continua.

¿Está comprobado que la jornada compacta es mejor que la partida?

Para las familias y para la corresponsabilidad doméstica es mucho peor la jornada partida. Al final, uno de los dos tiene que claudicar y renunciar a su trabajo o pedirse una jornada reducida. ¿Quién cede? Quien cobra menos. ¿Quiénes suelen cobrar menos? Las mujeres. Al final, las jornadas partidas terminan fomentando desigualdades de género.

¿Qué medida destacaría de los países más avanzados en materia de conciliación?

Yo destacaría los modelos de licencias parentales de los países nórdicos. Por ejemplo, Noruega introdujo en 1993 un período de licencia parental de cuatro semanas para el padre. Si el padre no hacía uso de estas cuatro semanas, las perdía, y no podía transferírselas a la madre. Esto es lo que se conoce como la "cuota del padre" y ha funcionado muy bien para incentivar la implicación paterna en el cuidado. Aunque el modelo más avanzado es el islandés, que en 2000 reformuló su sistema de licencias parentales y adoptó un modelo 3 + 3 + 3: tres meses para la madre, tres para el padre y tres meses que se pueden utilizar como deseen las familias. Estos modelos de licencias parentales fomentan la igualdad de género tanto en el trabajo como en los hogares. Es un mensaje que sirve para romper esquemas.

Su estudio se centra en familias de Pamplona, Sevilla, Madrid y Barcelona: ¿Qué diferencias hay entre estas ciudades?

Los desplazamientos y las distancias influyen en la conciliación, que resulta más difícil cuanto más grande es la ciudad. Y no sólo la conciliación: la crisis ha disminuido las tasas de fecundidad y elevado la edad con que las mujeres tienen su primer hijo. Por eso, la jornada compacta resulta fundamental en las grandes ciudades. Si ya tenemos una natalidad muy baja, no debemos añadir más dificultades a las familias que desean tener hijos.

Sigue @martinalgarra