Intentan desahuciar a una mujer que pasó catorce años con su agresor

MADRID, 19 (EUROPA PRESS) Ana lleva escuchando palabras como "puta, borracha, drogadicta, eres una mierda, no vales nada" desde hace más de una década, pero desde hace tres años, está separada de su agresor y pide justicia y poder vivir en su casa, de la que quieren desahuciarla. Su calvario comenzó tras un año y medio de relación "al principio todo era estupendo", pero cuando recuerda la vida que ha pasado, no sabe porque aguantó tanto, incluso llegó a "trabajar en una casa de citas". Hasta ese momento estaba estudiando ofimática "para trabajar de secretaria" que es de lo que había ejercido hasta que le conoció, pero su ex pareja le dijo que le iba a llevar a casa de una amiga donde "se ganaba mucho dinero". Él no trabajaba y "todos los ingresos" que ella conseguía, los utilizaba para vivir una vida llena de lujos, e incluso llegó a increparla por los gastos que tenían ella y su hija. SIN AMIGOS NI FAMILIA. Ana, no podía hacer nada sola porque él no la dejaba. Le fue separando de "la familia, las amistades" se quedó sola, "al final ni siquiera salía de casa". Cuando la situación fue insostenible y no pudo más, puso la primera denuncia. Consiguió una orden de alejamiento que el agresor no cumplió. El problema es que ese tiempo ya ha pasado y desde este verano ha vuelto "el acoso, los insultos y las amenazas". En febrero, la mujer terminó metiéndose en la casa en la que vive actualmente a la espera de que la echen. La vivienda es de su propiedad, pero su ex pareja consiguió mediante amenazas que ella firmara un papel que le otorgaba a él la mitad del piso. "O CON ÉL O MUERTA". Ana tiene mucho miedo ya que su agresor le ha asegurado que va a mandarle "unos colombianos" para que le propinen una paliza y le dio un ultimátum, "o con él o muerta". Le quieren desahuciar, y los trámites se alargan por diferentes motivos que sólo favorecen al agresor. A pesar del miedo que siente, Ana llamó a un cerrajero y se metió en la que aún es su casa, porque la otra opción es "vivir en la calle" con su hija menor, de 10 años, que ahora está viviendo con otra de las hijas de la mujer, hasta que consiga crear un hogar decente para ella. Sabe que aunque las cosas no le van bien, cuenta con el apoyo incondicional de sus amigos pero sobre todo de sus hijas, de las que recibe todo el cariño y la fuerza para seguir luchando. No considera que exista justicia, pero reconoció que el mayor apoyo lo ha recibido de Cruz Roja, que además de apoyarla psicológicamente, también le ha facilitado un teléfono conectado con la central las 24 horas del día mediante un localizador. Pasa la vida a alerta. Nunca sale sola a la calle. Nunca está sola en casa. Pero a pesar del pánico espera conseguir "una vida digna y vivir tranquila", algo que aseguró, no sabe lo que es.