Fernando García reconoce que a veces se ha odiado pero dice que su única mala fe fue la de buscar a su hija

El fiscal mantiene que García "utilizó" la muerte de su hija para insultar a la gente y "embolsarse cantidades de dinero"

VALENCIA, 8 (EUROPA PRESS)

Fernando García, padre de una de las tres niñas asesinadas en Alcàsser (Valencia), reconoció hoy que "a veces" ha odiado "al señor García" y ha pensado que "vaya elemento", pero destacó que su "única mala fe" fue la de buscar a su hija. Así, pidió perdón por si, por sus declaraciones, había ofendido a alguien, y opinó que no había cometido delitos por los que tenga que ir durante 10 años a la cárcel.

García se expresó de esta manera, visiblemente emocionado, en su última declaración ante el titular del juzgado de lo Penal número 2 de Valencia, durante la vista que se celebró hoy para elevar a definitivos los informes de las partes. En ellos, el ministerio fiscal mantuvo la pena de petición de cárcel de 10 años para García por calumnias e injurias en el 'Juí d'Alcàsser', de cuatro años para el criminólogo Juan Ignacio Blanco, y una multa de 43.920 euros para la presentadora del programa Amalia Garrigós, y para el director, Ferran García. Por su parte, las defensas pidieron la absolución para sus representados.

En su declaración, García aprovechó su derecho de "última palabra" para recordar la fecha "fatídica" en la que desapareció su hija, a principios de noviembre de 1992, cuando, después de recogerla del colegio, se acostó y no la volvió a ver. Explicó que al percatarse de que su hija no aparecía, "seguía creando noticias" para que la gente siguiera buscándola y no la olvidaran, porque "no había nada más importante que encontrarla".

A ello, dijo, le ayudaron los medios de comunicación. Por este motivo, explicó que siempre que le requerían la asistencia a algún medio, lo hacía "por deber moral", aunque admitió que no le gustaba "nada" ponerse delante de la cámara. Afirmó que no quería dinero a cambio y que, de hecho, se lo ofrecieron para acudir a un programa y no lo aceptó.

Tras encontrar el cadáver de su hija, a los 75 días de su desaparición, y después de leer la autopsia, afirmó que "uno se enfada" y "aunque trata de ser tranquilo y de no proferir insultos", a veces "no se consigue". Por ello, reconoció que "a veces" se ha odiado, y ha pensado "vaya elemento es el señor García", así que pidió perdón por si había ofendido a alguien. También indicó que no pensaba que hubiera cometido delitos como para ir a la cárcel, y mostró su deseo de poder criar a su hija de cinco años en la calle. Tras él, Blanco alegó que había sufrido indefensión porque estuvo un tiempo sin defensa y porque el fiscal no asistió a 17 de los 23 visionados. "Parece que García y yo pensábamos en ir a un programa a injuriar y a calumniar, y no fue así".

Por su parte, la fiscal expuso que García "utilizó" la muerte de su hija para "insultar a la gente" y para "embolsarse cantidades dinero", y destacó que, aunque en un primer momento podía creer que estaba en una situación desesperada por la muerte de su hija, "hoy no" --en alusión a que este año, al comienzo del juicio, siguió asistiendo a televisiones a criticar el trabajo de los profesionales--.

En este punto, puso el ejemplo de los padres de Mari Luz, "que no han hecho lo que García", a pesar de haber perdido también a su hija. Ellos, a diferencia, "sólo pedían justicia y el cumplimiento íntegro de las penas, sin criticar el trabajo de las Fuerzas de Seguridad y de los jueces", por eso, ante ellos, "me lamento y les aplauso", aseveró. Sin embargo, insistió la fiscal, García "utilizó la muerte de su hija para insultar a la gente".

Aseveró que García, a pesar de ser un padre "compungido", "tenía tiempo, después de la celebración del juicio, y durante más de tres meses, para ir a la televisión pública, pagada por los valencianos, a criticar, criticar y criticar", dijo, y mantenía que "había un complot, y que las pruebas fueron manipuladas". Así, aparecía en el programa "no como padre, sino como crítico de todo", y Blanco "le seguía".

Esta labor, señaló, "no la hacían solos", sino que estaban ayudados por la periodista Amalia Garrigós, y el director, Ferran García, es decir, por una presentadora inexperta en temas jurídicos, por un director que llevaba un programa "por primera vez". En él, a pesar de que se ha intentado decir que era un programa de debate, "no era así". "No se debería haber consentido que personas sin conocimiento jurídico se dedicasen a decir todo lo que dijeron", destacó.

De hecho, lamentó que este programa se ponga como ejemplo, en las Universidades de Periodismo, de "algo que no se debe hacer", y recordó que un programa de estas características "no se ha vuelto a repetir porque salió nefasto y no había por donde cogerlo". Matizó, por último, que a ella le asignaron el caso por ser, en ese momento, la fiscal del juzgado de Paterna; puntualizó que las partes denunciaron "porque quisieron", y que la transcripción de las cintas se hizo con las garantías establecidas.

"MÍNIMO GRADO DE ARREPENTIMIENTO"

El abogado de la acusación particular coincidió con las tesis mantenidas por el ministerio público, y señaló que "no se pueden justificar las expresiones vertidas en tres meses de manera continua", y tampoco entender que García se encontraba en un estado pasional determinado, puesto que, todavía este año, "sigue ratificándose en sus declaraciones". "Lo que sucedió sigue sucediendo, y no hay un mínimo grado de arrepentimiento", afirmó. "Lo de la tarde era un circo para sacar dinero, no un informativo", lamentó.

Frente a ello, la defensa de García negó que su cliente haya cometido algún delito, "en todo caso una falta", y afirmó que su crítica "estaba legitimada". Recordó que tenía vivo el recuerdo de su hija, y que la investigación "fue insuficiente, no tuvo éxito". Indicó que García habló "dentro de los límites de la crítica porque no trataba la vida privada ni hechos relacionados con otras acciones jurídicas".

Con todo, admitió que su cliente hizo una crítica a la labor profesional y "aunque pudo haber exceso en las frases, y algunas lesiones al honor, esto no quiere decir que sea penalmente relevante". También dijo que tanto el fiscal denunciante, como sus compañeros, podrían haber pedido, desde el primer día, que parasen el programa, y no lo hicieron, con lo que "las víctimas han consentido que el supuesto delito se vaya perpetrando".

Tanto este letrado, como el resto de la defensa, argumentaron que las frases vertidas en el programa eran "impersonales", "sin imputaciones directas" y que no existió "en ningún caso"ánimo de injuriar o de calumniar. Así, indicaron que pueden haber existido "valoraciones exageradas, malas interpretaciones y exceso de subjetividad".

En este punto, el abogado de Blanco defendió que no había quedado acreditado que su cliente se refiriera a ninguno de los profesionales de la Guardia Civil, que en sus declaraciones no hubo insulto, calumnia o injuria, y que "tampoco" había quedado acreditado que los denunciantes sufrieran bajas médicas, problemas personales o rebajas en el escalafón de su profesión.

Por último, los letrados de los periodistas afirmaron que la responsabilidad de los programas "no puede recaer nunca sobre los empleados del medio", sino sobre el director. También recalcaron que la inducción aludida por la acusación "no está probada", y que el programa era "bastante modélico, ya que hubo un conocimiento muy ecuánime". También consideraron "excesivas" las responsabilidades civiles.