Veteranos de EEUU regresan a Vietnam por las novias e hijos que dejaron

  • Decenas de veteranos de guerra estadounidenses han regresado a Vietnam en los últimos años en busca de las novias y posibles hijos que dejaron cuando acabaron de prestar servicio, hace cuatro décadas.

Eric San Juan

Ho Chi Minh (Vietnam), 14 dic.- Decenas de veteranos de guerra estadounidenses han regresado a Vietnam en los últimos años en busca de las novias y posibles hijos que dejaron cuando acabaron de prestar servicio, hace cuatro décadas.

"Hemos ayudado a unir a veteranos con sus hijos perdidos y también con sus antiguas novias a través de la organización Fatherfounded. Es difícil, pero resolvemos unos ocho casos por año", asegura Hung Phan Ngoc, voluntario de la citada sociedad.

Uno de los últimos en acudir a la llamada del pasado ha sido Larry Johnson, un cineasta independiente que después de 40 años decidió enfrentarse a sus fantasmas y realizar un documental sobre su retorno a Vietnam, donde dejó una novia y quizá un hijo.

"Ya he cumplido 60 años y quiero cerrar los asuntos que dejé sin resolver en mi vida. Es posible que tenga un hijo de 40 años al que no conozco", explica.

Johnson, que llegó el pasado 1 de diciembre a Vietnam y planea quedarse hasta el día 20, busca a su antigua novia vietnamita, Trong My Linh, con la que vivió un romance de ocho meses y a la que conocía por el apodo de "Candy".

"Yo estaba dispuesto a casarme con ella. Me dijo que estaba embarazada poco antes de mi marcha y nunca supe si era verdad, fue ella quien decidió terminar nuestra relación", explica el antiguo soldado, con dos matrimonios rotos a sus espaldas.

Johnson se valdrá de sus fotos y dibujos para publicar anuncios en la prensa y también acudirá a un exitoso programa de televisión que busca a personas desaparecidas.

"Quizá hice cosas mal cuando estuve aquí, ahora hago un balance de mi vida y mi manera de afrontar esos fantasmas es volver, expresarme a través del documental y si realmente tuve un hijo o una hija, ayudarle en lo que pueda", subraya el estadounidense.

Johnson observa la vieja fotografía en blanco y negro de "Candy" y reconoce que no sabría muy bien qué le diría si la encontrara. "Le preguntaría si se acuerda, si tuvo una vida feliz".

Mientras Johnson mantiene aún esperanzas de lograr su objetivo, a otros, como a Jim Reichl, veterano enviado a Saigón en 1970, se le agota el optimismo tras varios intentos frustrados de dar con Linh Hoa, su antigua novia vietnamita.

Una mujer respondió a uno de sus anuncios en la prensa el pasado febrero y llamó asegurando ser Lien Hoa la organización Fatherfounded, donde Hung atendió la llamada; pero pronto llegó la desilusión.

"Me dijo que era ella, que estaba contenta de saber que Jim estaba vivo, pero no quería verlo. Había formado una familia con otro hombre. Me dijo que vivía en la provincia de Soc Trang y me dio su nombre completo: Vuong Thi Linh Hoa. Pero después cambió de número de teléfono y no consigo dar con ella", explica Hung.

Una de las dificultades con las que se topan estos veteranos es que muchas de aquellas chicas trabajaban en bares y 40 años después, con marido, hijos y nietos, quieren mantener enterrado aquel pasado.

La negativa de su antigua novia no desanimó a Reichl y decidió proseguir su búsqueda espoleado por la sospecha de que también dejó descendencia.

"Dos meses antes de irme me dijo que estaba embarazada. Yo no sabía qué pensar, no veía signos externos, y mis compañeros me decían que no me fiara. Ella quería que me quedara en Vietnam, pero yo estaba asustado y me fui", relata Reichl.

A su regreso a su Minesota natal tras licenciarse, Reichl escribió a su amada, pero nunca recibió respuesta y terminó por casarse con otra mujer y tirar la dirección de su novia vietnamita.

Años después, divorciado y en plena madurez, le dio por pensar en aquella chica con la que posa sonriente en una de las fotos que conserva de su año en Vietnam y en el hijo que tal vez tenga en Vietnam.

"Me bastan diez minutos con ella, simplemente quiero preguntarle qué pasó, decirle que siento haberme marchado, que tuve miedo. Saber si tuvo un hijo mío y saludarle si es así. Tener la conciencia tranquila", dice Reichl, ahora con 65 años.