Somalía, piratas en aguas muy revueltas

El barco estadounidense Liberty Sun ha conseguido escapar de los ataques de los piratas en las costas de Somalia. La ayuda del destructor Uss Bainbridge resultó fundamental para que el barco pudiera escapar tras recibir un ataque con granadas y armas automáticas. El buque transportaba alimentos con el fin de servir de ayuda humanitaria.

Ante el creciente acoso que sufren sus barcos -hay que recordar que las fuerzas especiales estadounidenses mataron a tres piratas para liberar a un capitán secuestrado- , la Casa Blanca se plantea atacar las bases en tierra de estos modernos filibusteros. Sin embargo, la invasión terrestre parece lejana porque todavía pesa demasiado el recuerdo de la fallida operación aeroterrestre en Somalía en 1993 ordenada por el presidente Clinton y retratada por el director Ridley Scott retrató en Blackhawk derribado.

Las cuestiones que implica esta piratería del Siglo XXI son varias, como planteaba Moisés Naím el domingo en El País. En cierto modo, el fenómeno de los piratas es una prolongación de los conflictos modernos en los que pequeñas guerrillas o bandas, gracias a su agilidad, son capaces de plantear serios problemas a ejércitos superiores en el plano convencional (recordemos Afganistán con los soviéticos y la OTAN, la guerra de Vietnam o la guerrilla sandinista, por citar algunos ejemplos).

Cerca de 100 buques secuestrados en 2008

Lo que está en juego es algo más que el tráfico de mercancías por una de las vías más transitadas del mundo (en 2008, 93 barcos de los 23.000 que pasan por el golfo de Adén fueron capturados, según la Organización Marítima Internacional). Los ataques van en aumento y los secuestradores tiene en su poder una cifra récord de 21 navíos y 300 tripulantes, mientras las compañías propietarias se plantean armar a los marineros.

Uno de los puntos clave que plantea un estado fallido como Somalia es la extensión de Al Qaeda a este estratégico país situado en el cuerno de África. No sería la primera alianza de este tipo, como demuestra el hecho de que Bin Laden vivió en los años 90 en Sudán o la influencia que la red tiene en organizaciones terroristas del continente como el argelino Grupo Salafista para la Predicación y el Combate.

La situación en el interior de Somalia es tan caótica que un avión que despegaba el lunes de la capital Mogadiscio con un congresista estadounidense sufrió ataques de mortero. Queda por ver como potencias con intereses particulares como la Unión Europea, Rusia, India o Estados Unidos coordinan sus vigilancia marina de manera multilateral, en caso de que este término llegue alguna vez a tomar cuerpo.

También aparecen otras preguntas, similares a las que plantea la violencia en otras regiones del mundo. ¿Quién se está haciendo de oro con la venta de las armas y equipamiento tecnológico sofisticado a los piratas, como en otros puntos del globo? ¿No es demasiada tentación para uno de los países más pobres ver pasar frente a sus costas todo tipo de bienes destinados al consumo del primer mundo?