El hermano de un fallecido en el Yak-42 dice que "querían enterrarlos de noche como a perros"

  • Madrid, 26 mar (EFE).- Carlos Ripollés, hermano de uno de los militares fallecidos en el accidente del Yak-42 ocurrido el 26 de mayo de 2003 en Trebisonda (Turquía), ha asegurado hoy que "se dieron órdenes para enterrarlos de noche como si fueran perros o terroristas".

Madrid, 26 mar (EFE).- Carlos Ripollés, hermano de uno de los militares fallecidos en el accidente del Yak-42 ocurrido el 26 de mayo de 2003 en Trebisonda (Turquía), ha asegurado hoy que "se dieron órdenes para enterrarlos de noche como si fueran perros o terroristas".

"Fue terrible, terrible, terrible, terrible", ha lamentado Ripollés ante el tribunal de la Audiencia Nacional que desde el pasado martes juzga a tres mandos militares que supuestamente identificaron erróneamente a 30 de los 62 militares muertos en el siniestro, para quienes el fiscal pide penas entre cuatro años y medio y cinco años de cárcel.

Este testigo se ha quejado también de que cuando les entregaron los restos de sus familiares no les dieron ningún tipo de documentación, ni de certificado de defunción, "sólo una caja con una chapa y nada más".

Ripollés ha recordado que tras la celebración del funeral de estado en la base aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid) condujeron los féretros a un tanatorio de la capital, pese a que las familias habían solicitado que los fallecidos pasaran su última noche en un recinto militar.

"Lo rogué, lo supliqué a coroneles, a generales, incluso llamé a (Alberto Ruiz) Gallardón. No me hicieron ni puñetero caso ninguno", ha aseverado el testigo, que ha añadido: "Fue una vergüenza absoluta y un desprecio para ellos y para las familias".

Ha explicado que fueron los propios compañeros de su hermano los que le llamaron para decirle que "se dieron órdenes para enterrarlos de noche, como si fueran perros o terroristas", y ha precisado que los cementerios donde los iban a inhumar permanecieron abiertos la noche del 28 al 29 de mayo.

Además, ha puesto de manifiesto que "la gran tragedia" comenzó en febrero de 2005, cuando tuvieron conocimiento del acta de entrega que hicieron los forenses turcos, en la que constaba que entregaban 32 cuerpos identificados y treinta sin identificar.

"Un militar muerto en acto de servicio es un honor para las familias, pero a los nuestros les trataron como a perros", ha asegurado el testigo, cuyo hermano, el comandante José Manuel Ripollés, fue uno de los militares correctamente identificados.

Cuando empezaron a ver las imágenes de la tragedia en televisión, ha agregado, se generó una "incertidumbre tremenda" en todos los familiares, porque se apreciaban los cuerpos carbonizados e imaginaban que iban a resultar difíciles las tareas de identificación.

La última testigo en comparecer hoy ha sido Rosario Benítez, viuda del comandante veterinario José Antonio Fernández Martín, que ha recordado que habló con el general Vicente Navarro un mes después del accidente y éste le dijo que pudo identificar "perfectamente" a los militares porque, "por suerte", los calcinados lo estaban "por la parte inferior".

"Cómo se atreven a maltratar psicológicamente a una viuda, ¿en qué país estamos?. Dios", ha concluido Benítez.