Seis años de prisión para el árbitro que abandonó a dos compañeros que fallecieron tras sufrir un accidente

SANTANDER, 11 (EUROPA PRESS)

El Juzgado de lo Penal número Dos de Santander ha condenado a un total de seis años de prisión y a una indemnización de casi 160.000 euros al árbitro de fútbol que dejó abandonados a dos compañeros que fallecieron tras sufrir un accidente de tráfico con el coche que conducía en diciembre de 2006.

La sentencia, que se ha conocido hoy, condena a Adrián G.B. a cuatro años de cárcel por dos delitos de homicidio imprudente en concurso con otros dos de conducción temeraria y lesiones imprudentes, y a la retirada del carnet de conducir durante seis años.

Además le impone otros dos años de prisión por un delito de omisión del deber de socorro. En concepto de responsabilidad civil, el condenado y la aseguradora del coche que conducía, propiedad de su madre, deberá abonar cuatro indemnizaciones de 36.532 euros y otra de 13.284 a los familiares de las víctimas.

La sentencia considera probado que el acusado conducía el vehículo por la autovía S-10, en dirección a San Salvador, tras haber ingerido alcohol, y al llegar al kilómetro 2,500, cuando circulaba a 150 kilómetros por hora en lugar de a los 80 a los que estaba limitada la velocidad, se vio sorprendió por la presencia de otros vehículos que intentó sortear, perdiendo el control del coche, que colisionó contra una vionda de separación y salió despedido, elevándose en el aire hasta detenerse en un riachuelo.

Los dos ocupantes de la la parte trasera del vehículo, Fernando A. y Jaime M., de 26 y 19 años, respectivamente, que no llevaban el cinturón de seguridad, salieron despedidos del coche y fallecieron, el primero en el acto, y el segundo a una hora no determinada. Por su parte el copiloto, Jorge G., sufrió diferentes lesiones.

Tras el accidente, el acusado, que dio positivo en alcoholemia, ocultó la presencia de los ocupantes del vehículo fallecidos, lo que "impidió que fueran asistidos y auxiliados" por los sanitarios y asistencias que acudieron al lugar. Sus cadáveres aparecieron un día después en las marismas de Alday.