La FAD pide sustituir el Plan Nacional sobre Drogas porque está fuera de la realidad


La FAD pide un nuevo enfoque del plan sobre drogas

La FAD pide un nuevo enfoque del plan sobre drogas

La Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) ha apostado por “sustituir” la actual Estrategia Nacional sobre Drogas, aprobada este año para su desarrollo hasta 2016, ya que sus planteamientos de prevención y tratamiento de los problemas con los estupefacientes están “en desintonía con la realidad” y por ello son “poco eficaces”.

Así lo han asegurado el director general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), Ignacio Calderón, y el director de comunicación de esta organización, Eusebio Megías, quienes han presentado un decálogo de propuestas para un plan mejorado.

Según Calderón, los planteamientos de la actual estrategia nacional sobre Drogas “son los mismos” que se emplearon por primera vez en los años 80 para atajar en España el consumo de heroína, una droga que generó un gran miedo social porque atacaba “a la esencia de la sociedad”, generando marginación y delincuencia en sus usuarios.

Acabar con la droga es una utopía

Por su parte, Eusebio Megías considera que siempre va a haber drogas, por lo que “echar un pulso para acabar con ellas es una utopía”. “No podemos hacer frente al problema de las drogas con una apuesta de todo o nada, porque perderemos”, ha subrayado.

Megías ha recordado que el Plan Nacional sobre Drogas, creado en 1995, ha tenido su éxito, pero en estos momentos ha perdido parte de su eficacia y, por ello, ha propuesto actualizarlo.

El director técnico de la FAD ha incidido en que el objetivo de la abstinencia total no debe ser excluyente, por lo que la prevención debe plantearse de forma compatible con algún tipo de consumo. Si no se puede lograr acabar con las drogas, los objetivos deben ser que se consuma menos, que el inicio se produzca más tarde, que se prolongue durante menos tiempo o que se haga con menos riesgos, ha explicado.

"Algo está fallando"

El presidente de la FAD, Ignacio Calderón, ha apuntado que “algo está fallando” si las leyes prohíben a los menores beber alcohol antes de cumplir los 18 años y las encuestas indican que, a los 13 años, los adolescentes ya han tomado su primera copa, por lo que parece evidente la necesidad de “revisar” estas directrices, ya que ve “perverso tener leyes que no se cumplen”.

Ante esta situación, la FAD propone un cambio de mentalidad que haga más eficaces las iniciativas contra la droga y fomenten el autocontrol entre los adultos, pero sobre todo entre los jóvenes, para que tomen “decisiones libres con la menor vulnerabilidad”. La “herramienta básica”, según Calderón, es “educar desde la infancia”.

En su decálogo de sugerencias, apuntan sustituir la “mirada sanitarista” que ahora se realiza del problema de las drogas por una “visión global” que enfrente el consumo “no sólo como un problema sanitario, sino como un fenómeno cultural” a través del que los ciudadanos buscan integrarse en su círculo, ya que, según Megías, ahora el marginado no es quien consume, sino el que no lo hace.

“No todo consumidor es adicto”

Además, piden “renovar las estrategias preventivas” en función del cambio de motivación de los consumidores, que antes tomaba estupefacientes “para evadirse de los problemas” y que ahora lo hace “para divertirse”, sobre todo en fin de semana. “No tiene sentido por tanto, emplear las mismas estrategias preventivas, es necesario repensarlas y replantear tácticas y objetivos”, recalcó.

También ven necesario cambiar “las fórmulas de tratamiento” y adaptarlas a los distintos niveles de consumo, ya que, según Megías, “no todo consumidor es adicto” y “no todas las sustancias tienen los mismos riesgos”, ya que “consumo no es igual a problema” en todos los casos porque tomar drogas es “una decisión personal” que nada tiene que ver con condicionantes biológicos, sí vinculados con la adicción.

Consideran también imprescindible dejar de considerar el problema de las drogas como exclusivo de la juventud, ya que lo es “de toda la sociedad”, y “replantearse la coherencia y la operatividad de las leyes” sobre estas sustancias, que son necesarias, acompañadas de la educación para el autocontrol, pero que en muchos casos, como el del consumo de alcohol entre menores, no se cumplen.