La guerra de las hormigas: matan, saquean y hasta toman esclavos


  • El entomólogo Mark Moffett lleva años estudiando las hormigas y observando la forma en que se enfrentan a sus rivales. Muchas de las tácticas de batalla entre colonias se parecen sorprendentemente a las empleadas en las guerras por los humanos.

Hormigas tejedoras en Gabón (Axel Rouvin, Wikimedia Commons)

Hormigas tejedoras en Gabón (Axel Rouvin, Wikimedia Commons) lainformacion.com

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Falanges que arrasan cuanto encuentran a su paso, guerreros que arrancan la cabeza de su adversario, clanes que secuestran a las crías de sus rivales. Las batallas entre colonias de hormigas contienen capítulos de crueldad y estrategias que recuerdan mucho a las guerras entre humanos. Así lo sostiene el investigador y aventurero Mark Moffett en un artículo en Scientific American, después de pasar parte de su vida viajando por el mundo y estudiando los comportamientos de estos insectos.

Humanos y hormigas tienen en común el hecho de vivir en grandes colonias, escribe Moffet, donde hay que que regular el tráfico y la recolección de alimentos entre otros asuntos, pero también la defensa colectiva de la colonia contra el enemigo. "Solo recientemente los científicos han empezado a darse cuenta de lo parecidas que son las estrategias de guerra de las hormigas a las nuestras", explica Moffet. "Resulta que para las hormigas, como para los humanos, la guerra implica una sorprendente variedad de elecciones tácticas sobre métodos de ataque y decisiones estratégicas sobre cuándo o dónde iniciar las hostilidades". Y entre sus motivos puede haber razones económicas, como conseguir más territorio, comida o incluso mano de obra, pues muchas especies secuestran a otras y las emplean como esclavas.

Entre las que optan por la táctica agresiva están algunas como la hormiga merodeadora, del género Pheidologeton, cuyos individuos se reúnen en grupos de miles e incluso millones y avanzan atacando a todo lo que se encuentran por delante. En Ghana, Moffet asegura haber visto a miles de obreras de la especie Dorylus nigricans avanzar en masa y despedazar a insectos mucho más grandes que ellas con sus mandíbulas. Y en Gabón una vez fue testigo de cómo una colonia de hormigas se comía vivo a un antílope atapado en una trampa.

Estas formaciones que avanzan arrasando cuanto encuentran a su paso recuerdan la forma de avanzar de los ejércitos humanos desde los tiempos de Sumeria, según Moffet. Pero marchar de este modo, sin un objetivo específico, puede no ser la forma más eficiente de mantener la seguridad. Otras especies prefieren enviar exploradoras que detectan los peligros y avisan al hormiguero si hace falta enviar efectivos a la zona. Si una hormiga tejedora regresa de un enfrentamiento, por ejemplo, emite una señal que alerta a las demás de que hay una pelea y deja un rastro de feromonas que las orienta hasta el campo de batalla. Si llegan a una zona no ocupada, dejan también un rastro como el ejército que planta una bandera.

En cuanto a los efectivos, las hormigas parecen emplear las mismas técnicas que los humanos han empleado durante años: poner por delante la carne de cañón. Una buena parte de los hormigueros envían al frente en primer lugar a las primeras obreras y reservan a las hormigas soldado, de mayor tamaño, en las posiciones traseras o intermedias. El objetivo en cualquier caso es proteger el nido, las crías y la comida, y en ese lugar se agrupan las defensas más poderosas.

Las hormigas más pequeñas pueden combatir durante horas, pero no siempre el combate es cuerpo a cuerpo. Algunas especies como Formica rufa han desarrollado una técnica para acabar con sus enemigos de lejos, rociándolos con ácido fórmico a bastante distancia, y otras como la Dorymyrmex bicolor, que vive en Arizona, arrojan piedras sobre la cabeza de las rivales.

Hormigas secuestradoras

Otras especies tienen una táctica aún más sofisticada: penetran en las líneas enemigas y se llevan los huevos de sus rivales hasta su hormiguero donde crecerán como "esclavos". Las hormigas secuestradoras suelen ser de mayor tamaño y con mandíbulas más poderosas, pero esto no es suficiente para entrar en territorio rival sin ser masacradas. Para evitarlo, las invasoras sueltan una serie de señales químicas que desconciertan a sus víctimas y aprovechan la confusión, como ninjas que lanzaran bombas de humo.

Si uno mira el suelo en cualquier lugar del planeta no tardará en encontrarse con algún guerpo de hormigas que parece pasear de forma apacible. Pero las apariencias engañan y muchas de ellas viven en una especie de pie de guerra permanente. El caso más extremo es de la hormiga argentina (Linepithema humile) cuyo éxito reproductivo la ha llevado a extenderse por todo el mundo. Estas supercolonias viven en permanente batalla entre sí y algunas mantienen una pelea que dura desde hace siglos. Las hormigas que caen en el frente de batalla son reemplazadas por otras y el enfrentamiento continúa década tras década sin importar los recursos, una eterna batalla por el territorio tan sangrienta e inútil como tristemente familiar.

* Leer: Entrevista con Mark Moffett: "Las hormigas se comportan como los ejércitos de Mordor"

Referencia: Ants & the Art of War, Mark W. Moffett (Scientific American)