¿Debemos temer una pandemia como la de 1918-1919?


María Isabel Porras Gallo Profesora de Historia de la Medicina (Universidad de Castilla-La Mancha) Investigó la epidemia de gripe de 1918-1919 para su tésis doctoral

La reciente aparición de la epidemia de gripe en México y su extensión a otros países ha generado incertidumbre entre la población mundial. Inevitablemente, como ha ocurrido en otras ocasiones, se ha vuelto la mirada hacia la gran pandemia de gripe de 1918-1919 y la gran mortalidad (alrededor de 50 millones de muertes en todo el mundo) que provocó, especialmente entre personas de 20 a 45 años. Aunque son pocos los testigos directos de aquella crisis sanitaria, se ha reavivado el pánico que permanece latente en el inconsciente colectivo tras aquella conmoción social.

Algunas coincidencias en cuanto al tipo de virus y a la edad de predilección favorecen esta asociación entre ambas gripes, asociación que se ve reforzada por el recuerdo de su leve propagación antes de extenderse a nivel mundial y de la benignidad que tuvo el primer brote de la gripe de 1918-1919 frente al segundo. Todos los medios de comunicación social se aprestan a recabar información fiable que permita explicar lo que está pasando, resolver las dudas que van surgiendo y, sobre todo, arrojar alguna luz sobre la evolución de esta nueva incursión epidémica de la gripe, que disminuya la incertidumbre entre la población.

Virus complejo y cambiante

No voy a negar que el virus que está provocando esta gripe es complejo y que su extensión depende tanto de las características del virus como de las condiciones medio-ambientales y del huésped. Tampoco se puede ocultar que el virus de la gripe va cambiando para mejorar su adaptación e infectar y que hay igualmente algunas similitudes entre la coyuntura actual y la que concurrió en 1918-1919. Si entonces hubo gran cantidad de desplazamientos humanos con motivo de la Primera Guerra Mundial y sus principales consecuencias, ahora los hay por razones de trabajo y ocio, aunque en mejores condiciones si no contamos los que son resultado de conflictos bélicos.

Sabemos también que la crisis económica, política y social que vivían algunos países condicionó en buena medida su respuesta frente a la epidemia de 1918-1919. No debemos ser ajenos a los efectos negativos que la crisis económica actual y las carencias y limitaciones acumuladas en los últimos años puedan ocasionar en algunos países para gestionar una nueva epidemia de gripe, como se está poniendo de relieve en México según ha señalado la historiadora mejicana, Claudia Agostini (Universidad Autónoma de México). Claro está que estas desigualdades frente a la enfermedad pueden ser minimizadas mediante apoyo internacional para afrontar el momento agudo -con el envío de los recursos necesarios, recordemos por ejemplo el reciente envío que ha hecho nuestro país a México-, pero también para realizar mejoras estructurales que permitan la práctica desaparición de dichas desigualdades.

Diferencias respecto a aquella pandemia

Ahora bien son también otras muchas las diferencias entre las condiciones actuales y las que concurrieron cuando estalló la pandemia de gripe de 1918-1919 e incluso cuando se desarrollaron las pandemias de 1957-1958 y de 1968. Si ha saltado la alarma tan pronto es porque tras el SRAS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) y la gripe aviar se vigila más, y esa vigilancia ha permitido advertir que se estaban dando muchos casos en un momento en el que no suele haber tantos, y que era la gente joven la que estaba sufriendo la gripe, en vez de las personas mayores y los niños como suele ser habitual.

Por otro lado, es preciso indicar que es la primera vez que se afronta una nueva epidemia de gripe con unas “Medidas Estratégicas Recomendadas” por la OMS, que fueron fruto de la labor desarrollada y del consenso logrado entre los distintos países y profesionales ante la presencia de la gripe aviar y, por supuesto, bajo el influjo del triste recuerdo de la pandemia de 1918-1919. Además, fueron muchos los países que diseñaron su propio plan de emergencia por si una nueva pandemia se producía, que incluyó entre otras cosas la adquisición de importantes cantidades de antivirales, que son los que se están administrando a los casos que se están dando fuera y dentro de nuestro país. Igualmente, se han iniciado los trabajos necesarios para preparar una vacuna que sea efectiva contra el nuevo virus, aunque para realizar esto con las garantías suficientes se requieren entre cuatro y seis meses.

Calma ante el futuro

Estas nuevas condiciones, sumadas a medidas de Salud Pública y a la disponibilidad de antibióticos para combatir las complicaciones pulmonares, responsables en 1918-19 de un número muy importante de muertes, nos colocan en una posición bien distinta para afrontar una nueva pandemia si esta situación llegara a ocurrir. De hecho, la aplicación de medidas internacionales orientadas a retrasar la aparición de un virus pandémico o a impedir su propagación internacional, nos puede permitir ganar tiempo para ir poniendo a punto una vacuna eficaz para luchar contra esta nueva variante del virus de la gripe.

Aunque no es posible prever con total certeza ni la evolución ni la gravedad, lo que sí nos cabe en estos momentos es no ser presa del pánico, mantener una atenta vigilancia y continuar con el protocolo establecido de aislamiento, tratamiento precoz cuando proceda y seguir con la preparación de una nueva vacuna. Sin olvidarnos de prestar atención a las diferencias sociales internas y fuera de nuestras de fronteras, ni dejar que, como ocurrió en Estados Unidos cuando la gripe de 1976 y fue señalado por José Tuels en 2007 , el pánico y la política tomen las decisiones.