Estados Unidos comienza su particular revolución verde


La lucha contra el cambio climático vive un año decisivo con la cumbre de Copehague en diciembre | Flickr

La lucha contra el cambio climático vive un año decisivo con la cumbre de Copehague en diciembre | Flickr

Los defensores del medio ambiente en Estados Unidos saborean una semana de buenas noticias. El martes se aprobó una normativa que pretende reducir el consumo de gasolina en los automóviles en un 30 por ciento antes de 2016. De la misma manera, el congresista demócrata Henry Waxman logró el jueves por la noche que su propuesta de ley para el control de las emisiones obtuviera la aprobación del Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes. Esto significa -si el Senado aprueba la propuesta- que Estados Unidos impondrá sus primeras limitaciones nacionales a los gases de efecto invernadero, el punto central del protocolo de Kioto. Estas medidas llegan como antesala de la decisiva cumbre internacional de diciembre en Copenhague, donde debería surgir un compromiso reforzado en la lucha contra el cambio climático.

En la actualidad Estados Unidos es responsable de cerca de una quinta parte de la contaminación mundial, aunque su población representa menos de un cinco por ciento de la Tierra. La propuesta de Waxman pretende replicar el modelo europeo en el que las industria más contaminadoras cuentan con unos niveles permitidos de emisiones. Si una compañía sobrepasa su cifra, debe comprar en subasta más derechos para ensuciar el aire o compensar el déficit con proyectos de desarrollo sostenible en el extranjero, los llamados mecanismos de desarrollo limpio. Entusiasmo en el entorno presidencial

Estas noticias han sido recibidas con entusiasmo por los sectores más cercanos al presidente Obama, firme impulsor de las dos medidas. Juan Verde fue asesor de Barack Obama en su campaña por la Casa Blanca y representa en España a The Climate Project, la organización que difunde en nuestro país el mensaje del activista y antiguo vicepresidente Al Gore. Verde considera que "se ha pasado de tener un presidente negacionista del cambio climático -en referencia a Bush- a un mandatario que quiere liderar la comunidad internacional".

El consultor dice que "es el inicio de una nueva era ecológica, comparable a la lucha por los derechos civiles en los años 60 y es un movimiento que se extenderá por los países en desarrollo". Para que se produzca este auge de las políticas ecológicas se tendrá que vencer la resistencia republicana en el Senado, donde muchos senadores provienen de la industria energética.

Los conservadores consideran que las nuevas limitaciones colocan a la industria norteamericana en un lugar de desventaja frente a India y China. Por esta razón, han amenazado con imponer nuevos aranceles a las dos potencias emergentes. Lo que ningún político se ha atrevido a decir es que gran parte de los productos que los estadounidenses consumen en su vida diaria en cadenas como Wal Mart han sido fabricados en Asia. Más impuestos significaría dañar a las empresas estadounidenses que han deslocalizado su producción. De cualquier manera, el diario británico The Guardian publicaba recientente que China aceptará algunas limitaciones de su barra libre actual de cara a la cumbre de Copenhague.

Dudas de Greenpeace

Sin embargo, no todos los expertos aprueban la nueva legislación. Michael Crocker, portavoz de Greenpeace en Estados Unidos, considera que las nuevas medidas "son mejor que nada, pero no son suficientes para detener el cambio climático". Crocker precisa que las emisiones se deberían reducir en al menos un 25 por ciento en 2020 con respecto a los niveles de 1990.

La propuesta de ley contempla sólo un descenso del 4 por ciento para dentro de 11 años. Otra de las críticas de los grupos verdes es que se van a conceder demasiados créditos de emisión a las compañías y que muy pocos van a salir a subasta. De hecho, Obama contaba para sus presupuestos de 2010 con el hecho de que la venta de derechos genere 15.000 millones de dólares, que se destinarían a la investigación y al impulso de las energías renovables. Sin embargo, un informe del grupo de análisis progresista Breakthrough Institute considera que únicamente se logrará recaudar un 5 por ciento de esa cantidad. Hay que recordar que en la actualidad la energía eólica sólo supone un 2 por ciento de la producción energética del país y que 16 estados no cuentan con instalación alguna.

El trabajo del congresista Waxman no es la primera iniciativa para el control de la contaminación. El movimiento ciudadano conocido como Cool Cites ha logrado que 900 ciudades de Estados Unidos -entre ellas Nueva York, Chicago o Los Ángeles- se hayan comprometido al cumplimiento del Protocolo de Kioto. Según comenta Glen Brand, director de la campaña nacional de Cool Cities que promueve la asociación Sierra Club, el objetivo "es llevar a los ciudadanos la eficiencia energética en cuestiones como los edificios o el transporte". "Los indiviudos por sí mismos han mantenido vivo el movimiento por el consumo racional de recursos en Estados Unidos". De momento, su ejemplo ha cundido y ya cuentan con asociaciones paralelas en países como Dinamarca y Canadá.