Así estamos plastificando el Mediterráneo


Ilustración: Raúl Arias

Ilustración: Raúl Arias

Ilustración: Raúl Arias

Ilustración: Raúl Arias

Imaginemos el viaje de una bolsa de plástico por nuestras costas. En el año 1993, un vecino de Barcelona arroja la bolsa a la basura. Una vez en los cubos, una fuerte tormenta la hace caer por los desagües hasta un colector de tormentas, que se desborda y acaba vertiendo residuos al mar. Diez días después, la bolsa se hunde en el océano y pasa a formar parte de la alfombra de plástico que tapiza el Mediterráneo.

Durante los próximos 150 años, los restos de la bolsa estarán dando tumbos por el fondo del mar, se descompondrán en pedazos más pequeños y serán ingeridos por peces que los incorporarán a la cadena alimentaria. En esta zona de la costa, frente a las playas de Cataluña, cada kilómetro cuadrado de fondo marino alberga una media de 1.943 trozos de plástico, muchos de ellos bastante más gruesos que una bolsa y que tardarán centenares de años en desaparecer.

Camas a la deriva

Los que navegan por la zona saben que el problema también aflora en la superficie. "En la soledad del mar siempre te acompañan los plásticos", aseguraba el director de Greenpeace España en su blog tras uno de sus viajes. Stefano Aliani, del Instituto de Oceanografía italiano, lleva años estudiando las corrientes marinas del Mediterráneo y asegura haber encontrado "puertas, contenedores y hasta camas" flotando a la deriva. Pero lo peor, asegura Aliani, no es la basura que podemos ver.

"Es como si escondiéramos la suciedad debajo de la alfombra", explica. "No está a la vista, pero seguro que nadie la querría en el salón de su casa".

Los efectos que estas sustancias producen en la naturaleza, según la portavoz de Greenpeace Sara del Río, "son bioacumulables y pueden provocar graves problemas de salud". Aunque la Unión Europea regula de forma estricta los vertidos al mar, hay muchos sistemas de canalización que están obsoletos, depuradoras que se desbordan en cuanto llueve un poco y tuberías que entran directamente al mar y vierten sus residuos sin que nadie lo vea.

Envases innecesarios

Los españoles consumimos alrededor de 16.000 millones de bolsas de plástico cada año. Nos las entregan en el supermercado, en el quiosco, en la panadería. Hasta 100.000 toneladas de bolsas pasan por nuestras manos cada año antes de acabar en los vertederos o en el mar. Las que acaban en el océano tardarán cientos de años en desaparecer y dejar de sembrar la destrucción.

Para los ecologistas, la raíz del problema está el "sobre-envasado". Los centros comerciales y los fabricantes están abusando del plástico hasta límites que rozan el absurdo. "Ahora mismo", explica Del Río, "nos podemos encontrar cosas tan ridículas como una manzana metida en un envase de corcho blanco y envuelta a su vez en un plástico". Por no hablar de productos como los bombones, que incluyen "montones de envoltorios innecesarios para añadirle valor".

Lo que piden lo ecologistas es que la revisión de ley de envases, que llevan reclamando desde hace años, se penalice mediante tasas a aquellos productos que abusan innecesariamente del plástico. Desde el ministerio de Medio Ambiente, aseguran que está prevista una revisión en esta legislatura, aunque no concretan si combatirán el exceso de envasado.

La moratoria del plástico

La lista de países que prohíben el uso de bolsas de plástico se amplía cada día. Brasil, Francia o India son algunos ejemplos. Pero, ¿cómo está la situación en España? Los ecologistas se quejan porque la ministra Narbona se había comprometido a una prohibición a partir de 2010 y la llegada de Elena Espinosa ha alargado los plazos.

El pasado mes de diciembre, el Gobierno aprobó elPlan Nacional Integrado de Residuos (PDF) que prevé una disminución del 50% a partir de 2009 y el establecimiento de un calendario de sustitución progresivo para retirar las bolsas de plástico. Pero las medidas no pasan de campañas de sensibilización y la búsqueda de acuerdos con el sector.

"Es evidente", asegura Sara del Río, "que España es el primer productor de bolsas de plástico de la Unión Europea y el tercero en consumo, y que hay unos intereses claros por parte de la industria española".

El Ejecutivo asegura que graduar las acciones les parece "más realista", porque permite"informar a los ciudadanos y posibilitar a los sectores fabricantes y de la distribución organizar mejor sus respuestas al mercado".

En los próximos meses, pues, habrá más reuniones y se decidirá cuándo empezar a actuar. Mientras tanto, la alfombra de bolsas de plástico seguirá ondeando en el fondo del mar.