Otro drama del recorte: la Ciencia española se hace vieja


  • La media de edad de los investigadores españoles supera ampliamente los 50 años. El recorte en becas para doctorados y post-doctorados y la falta de inversión conducen a un problema que tendrá difícil arreglo a corto plazo: la ciencia española envejece a ojos vista y pierde la capacidad de innovar y encontrar nuevos caminos.

Sin ciencia no hay futuro

El recorte de 2.000 millones de euros en el presupuesto de I+D viene acompañado de un drama adicional. El año que viene se convocarán la mitad de plazas de los programas Ramón y Cajal y Juan de la Cierva, según anunció hace unos días la secretaria de Estado de I+D+i, Carmen Vela. De los 600 contratos que se realizaron en 2011, el número total de plazas se reducirá a 340, una descenso del 43% respecto al año anterior. Estos contratos, de cinco y tres años respectivamente, servían para incorporar al sistema a los mejores investigadores jóvenes, que ahora tendrán mucho más difícil encontrar un hueco para quedarse en España.

"Es una catástrofe", asegura Joan Lerma, director del Instituto de Neurociencias de Alicante y presidente de la Sociedad Española de Neurología (SENC). "En España hacen falta más investigadores y a los jóvenes que están saliendo de las universidades como doctores o post doctorados se los van a rifar en Alemania o EEUU". "El relevo generacional es lo más grave", asegura el prestigioso investigador Ernesto Carmona, de la Universidad de Sevilla. "La incorporación al CSIC de los nuevos licenciados, personas brillantísimas que no van a tener oportunidad de hacerlo. Se van a ir o se van a quedar en el extranjero porque no pueden volver a su país, salvo que sea en la precariedad más absoluta".

La media de edad de los investigadores con plaza fija en el CSIC, según reconoce la propia Carmen Vela, es de 58 años (aunque desde el CSIC reducen esa cifra a 54). En el resto de organismos públicos de investigación la situación es muy similar: la media de edad en el Instituto Astrofísico de Canarias es de 51, en el Instituto de Salud Carlos III de 46 y en el Instituto Español de Oceanografía de 51 años, donde un 23,77% del personal tiene más de 60 años.

El parón en las contrataciones

"El riesgo es que toda esta gente se va a jubilar y llevamos muchos años en que no se ha contratado a nadie", apunta la astrofísica Amaya Moro-Martín desde la Plataforma Investigación Digna. Las cifras y la gráfica hablan por sí mismas: de los 681 investigadores contratados en 2007 hemos pasado a los 55 de 2011 en los organismos públicos de investigación. "Los centros se están descapitalizando", asegura Moro- Martín, "cada vez se va a jubilar más gente. Desde el Gobierno nos dicen que pidamos financiación a Europa pero, ¿quién va a hacer estos proyectos de investigación, si no se incorporan nuevos investigadores?"

"Esta es la consecuencia más inmediata de los recortes", analiza Óscar Marín, investigador del Instituto de Neurociencias de Alicante y premio Rey Jaime I 2001 de investigación básica. "Primero porque habrá menos dinero para contratar gente y segundo porque llevamos dos o tres años que no se consolidan plazas". "La savia nueva es la que renueva el sistema", insiste el catedrático Ernesto Carmona, de 64 años. "Ahora somos un sistema bastante mayor y son los jóvenes los que realmente cambian las cosas, los que tienen formas de pensar distintas de alguien como yo".

El drama de la falta de inversión en Ciencia tiene nombres y apellidos. En el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia, el recorte de la mitad de la plantilla dejó a varios becarios pre-doctorales por el camino, una situación que hasta ahora no se había dado en España. Al cumplir el segundo año de beca, algunos no pasaron automáticamente a contrato, como era habitual, por lo que se quedaban sin poder terminar su tesis y sin posibilidad de continuar su carrera científica.

La situación de estos becarios se ha ido solucionando gracias a la ayuda de otros centros, como universidades, o porque algunos investigadores pusieron dinero de su propio bolsillo para mantener a su plantilla. La jefa del laboratorio de patología celular, Consuelo Guerri, se hizo muy popular tras emplear los 25.000 euros de un prestigioso premio para pagar a su equipo. "Yo tengo más de 60 años", explica Guerri a lainformacion.com. "Los jóvenes no tienen sitio y se van fuera. Muchos investigadores que dependían de las beca Ramón y Cajal se tendrán que volver a EEUU, porque aquí no hay salida".

El último becario de investigación del Príncipe Felipe se llama Javier y su futuro depende de si le contratan o no el 1 de julio. "Yo soy el último de los becarios que queda y no sé que voy a hacer con mi vida", confiesa. "Me encuentro con 27 años con una tesis que no he podido acabar, es decir, que soy otra vez como un licenciado recién salido de la carrera". Fuentes del centro indican que este tipo de situaciones se reconducirán y se retomará el programa post-doctoral que los recortes dejaron en nada.

Centro a centro, la pelea es ahora encontrar un lugar donde quedarse o irse de España. Las plazas fijas son de los investigadores mayores, que se quedan sin ayudantes que continúen su línea de investigación antes de que ellos se jubilen. "Nadie en su sano juicio pensará en volver a España ahora mismo", insiste Óscar Marín. "Que no vengan investigadores se notará dentro de diez años cuando se vayan jubilando personas y no se hayan sustituido", explica. Para entonces, puede que la Ciencia española haya perdido todo lo que se había conseguido hasta ahora y haya que empezar el trabajo de cero.

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